Arte

Julia, la “cabezona” de la plaza de Colón, se queda un año más

La obra de Jaume Plena permanecerá en los Jardines del Descubrimiento hasta diciembre de 2022

La escultura, de 12 metros, en la plaza de Colón
La escultura, de 12 metros, en la plaza de ColónAyuntamiento de Madrid

Llegó por tiempo limitado y, finalmente, cumplirá cuatro años en la plaza de Colón. Y puede que alguno más. “Julia”, la enorme cabeza de 12 metros de altura, obra de Jaume Plensa, presidirá un año más los Jardines del Descubrimiento. Concretamente, hasta diciembre de 2022. Así lo han acordado el Ayuntamiento de Madrid, a través del Área de Cultura, Turismo y Deporte, y la Fundación María Cristina Masaveu Petersen, mecenas del proyecto. Hace precisamente un año, ambas instituciones ya habían acordado su presencia por otros doce meses. De hecho, ahora vencía el plazo.

El éxito de “Julia”, realizada con resina de poliéster y polvo de mármol blanco, demuestra que, si bien los madrileños son al principio reacios a los cambios del paisaje urbano, no tardan en familiarizarse, e incluso coger cariño, a aquellos elementos más rompedores con el mismo. Su instalación respondía a un novedoso programa artístico organizado por el Ayuntamiento de Madrid, que consistía en mostrar, durante un año, una obra artística seleccionada por concurso público en dicho pedestal de la plaza de Colón. Ahora, “Julia” parece haberse adueñado de la plaza tras ganarse el favor de los vecinos.

Entre los atributos de la escultura, siempre ha destacado su ingravidez pese a su monumentalidad, así como la delicadeza de líneas y la sensación de tranquilidad y calma que transmite. Esas eran algunas de las inquietudes que quería comunicar Jaume Plensa, Premio Velázquez de las Artes en 2013. Sus esculturas de cabezas con ojos cerrados ubicadas en el espacio público, pretenden representar esta parte del cuerpo como gran contenedor del conocimiento y las emociones humanas. Según ha manifestado el propio artista, “siempre tienen los ojos cerrados porque lo que me interesa es lo que hay dentro de esta cabeza. Como si el espectador, delante de mi obra, pudiera pensar que es un espejo y él reflejarse, cerrar también los ojos, intentar entender toda la belleza que guardamos oculta dentro nuestro”. De este modo, Julia pretende provocar “un instante de reflexión personal e íntimo dentro del agitado dinamismo que genera el espacio público”. Y es que, quizá ese ha sido el secreto del éxito de “Julia”: incluso en el ajetreo continuo al que está sometida la plaza de Colón, basta con ver unos ojos cerrados para invitarnos a tomarnos la vida con calma.