Madrid impulsa su Museo de Escultura al Aire Libre de La Castellana, uno de los primeros de Europa

El Ayuntamiento de la capital dedicará casi 600.000 euros a un espacio que aglutina grandes nombres del arte como Chillida, Miró, Julio González, Torner o Pablo Serrano, entre otros

Museo de Escultura al aire libre en la Castellana.
Museo de Escultura al aire libre en la Castellana. FOTO: Gonzalo Pérez Mata La Razón

Un “mobiliario urbano” que es puro arte. Son algo más que bancos o farolas. Acompañan a los ciudadanos, en su ir y venir, y quizá, alguno se pare a mirarlas. Pero no siempre estuvieron ahí. Y requieren atención. Que se las mire y que se las cuide. De lo primero nos podemos ocupar cada uno de nosotros cuando pasemos a su lado, por casualidad o por gusto. De lo segundo, se va a encargar el Ayuntamiento de Madrid, que en sus Presupuestos, ha destinado una partida de casi 600.000 euros a labores de limpieza y puesta al día de este tesoro artístico que nos topamos -si queremos-, cada día, en plena calle.

Museo de Escultura al aire libre en la Castellana.
Museo de Escultura al aire libre en la Castellana. FOTO: Gonzalo Pérez Mata La Razón

Un espacio, consagrado a la escultura, en medio de la ciudad. El Museo de Escultura al Aire Libre de La Castellana ocupa en la actualidad una superficie de 4.200 m2 en una zona principal de Madrid. Está situado bajo el paso elevado que une las calles de Juan Bravo y Eduardo Dato, y contiene una excelente colección de escultura abstracta española.

Los ingenieros José Antonio Fernández Ordóñez y Julio Martínez Calzón, autores del puente y el artista Eusebio Sempere idearon un espacio para aproximar a la ciudadanía a las más modernas corrientes artísticas. Un intento en una España que vivía los últimos años del franquismo y que se abría a nuevas formas de expresión artística. Las obras están cubiertas en su mayor parte por el tablero del paso elevado, y bordeada por dos franjas ajardinadas. Para salvar el desnivel del terreno, el Museo está estructurado en tres niveles que descienden suavemente desde la calle Serrano hasta el Paseo de la Castellana.

Todo un ejemplo de modernidad en aquel Madrid, que seguía la estela de otros recintos similares, como el Parque Vigeland en Oslo o el Middelheim de Amberes. En este sentido, el Museo de la Castellana fue el primero de estas características que se creó en nuestro país y ha sido un ejemplo a seguir en otras ciudades españolas. Así, en 1973 se fundó el Museo de Escultura al Aire Libre en Santa Cruz de Tenerife, en las plazas de Barcelona se erigieron numerosas esculturas monumentales con motivo de las Olimpiadas del 92, y, en el mismo Madrid, se desarrollaron otros proyectos semejantes, como El parque Juan Carlos I en el Campo de las naciones (1992) o la Exposición de Escultura al Aire Libre del Centro Cultural Conde Duque (1993)

Aunque el Museo se abrió al público en 1972, la inauguración oficial no se pudo llevar a efecto debido a la polémica que desencadenó el montaje de “La sirena varada” de Chillida, especialmente creada para quedar suspendida de los pilares del puente.

En el primer sector, el gran muro de contención de la calle Serrano se encuentra cubierto por una cascada de láminas de agua, diseñada por Eusebio Sempere a base de módulos de hormigón blanco, con formas onduladas, que originan curiosos efectos de luz y movimiento. El agua se recoge en un estanque rectangular, enlosado en granito como todo el pavimento del Museo, con la escultura de Martín Chirino en el centro. Una pasarela con la misma barandilla que en el resto del recinto, facilita el paso de los peatones. En este tramo se encuentran las obras de Francisco Sobrino, José María Subirachs, Rafael Leoz, el mural de Eusebio Sempere -a modo de reja colgada en los pilares-, la pequeña espiral de Andreu Alfaro y la escultura de Marcel Martí. Tenemos también una escultura de Gustavo Torner o una estela obra de Amadeo Gabino.

Museo de Escultura al aire libre en la Castellana.
Museo de Escultura al aire libre en la Castellana. FOTO: Gonzalo Pérez Mata La Razón

El segundo nivel está presidido por el mural de Gerardo Rueda, flanqueado por las esculturas de Palazuelo y Miró. Estas dos obras fueron las últimas en incorporarse al Museo, a finales de 1978 y principios de 1979, y su colocación originó el cambio de emplazamiento de las obras de Gabino y Subirachs. Bajando, se accede a la gran explanada donde se encuentran tres de las piezas más significativas de la colección: la famosa Sirena varada de Chillida, que colgada de cuatro enormes pilares del puente ocupa el centro indiscutible del recinto, los Toros de Alberto Sánchez y la figura de Julio González, constituyendo la primera visión que se obtiene de todo el conjunto del Museo. En este lugar estaba prevista en un principio una gran fuente circular diseñada por François Baschet, con pájaros en acero inoxidable y una serie de mecanismos para que el movimiento del agua originara sonidos musicales. En la zona del Museo que quedó separada del resto de la exposición por el Paseo de la Castellana, en el acceso a la calle de Eduardo Dato, se encuentra situada la escultura de Pablo Serrano.