El centro social en el que los abrazos valen más que un lorazepam

Dos usuarios de la Fundación Manantial relatan a LA RAZÓN la transformación que ha supuesto en sus vidas

Paco, usuario de la Residencia de dia de Parla de la Fundación Manantial para personas con enfermedad mental en la radio desde la que emite un programa semanal
Paco, usuario de la Residencia de dia de Parla de la Fundación Manantial para personas con enfermedad mental en la radio desde la que emite un programa semanal FOTO: David Jar La Razon

Dicen que no es hasta que conoces y tienes contacto directo con algo cuando caen todos tus prejuicios. Esta es la sensación que recorre a muchos cuando cruzan la puerta de alguno de los centros en los que trabaja la Fundación Manantial, donde solo en la Comunidad de Madrid cuenta con 47 centros sociales para personas con enfermedad mental grave y duradera. La localidad de Parla dispone de una residencia y un Centro de Rehabilitación Laboral, en el que bastan con poner un pie dentro para que la empatía, la cercanía y la paz te invadan. Allí se encuentra Paco Alcolea, usuario de este centro desde hace diez años y que a día de hoy define como «mi hogar y punto de referencia». Desde hace 44 años padece trastorno de la personalidad, trastorno ansioso depresivo y depresión mayor del que sufrió su primer brote solo con 16. En sus tres partes de vida, dice seguro que esta tercera es cuando realmente está viviendo. Fue en un momento de desesperación –muy habituales durante la enfermedad- durante una de las sesiones junto a su psiquiatra, cuando tras confesarle ser capaz de dar uno de sus brazos por un abrazo, esta le derivó a una trabajadora social que después le habló de esta Fundación. «Se saltó los protocolos y me dio un abrazo que me supo a gloria», recuerda Alcolea para LA RAZÓN. Dice que cuando llegó estaba destruido y completamente solo, porque la enfermedad es así, te aísla de todo. «Pero me armé de valor y aquí solo encontré calor, compañía y de alguna forma, vida. Dicen que la depresión no te mata pero tampoco te deja vivir y realmente es así», asegura.

Desde hace 26 años la Fundación Manantial trabaja con el objetivo principal de mejorar la atención social de las personas con problemas de salud mental. Es decir, que las personas puedan romper ese aislamiento, estar conectadas con otras personas y puedan pasar por procesos de recuperación, de rehabilitación que les permitan vivir la vida de una manera más plena. Esto es posible gracias a la alianza que tienen con la Comunidad de Madrid que cuenta con la Red de Atención Social a Personas con Enfermedad Mental Grave. Una red de dispositivos que se extiende en residencias, centros de rehabilitación psicosocial, centros de rehabilitación laboral, centros de día, equipos de apoyo social comunitario. Todos ellos trabajan para que aquellos que padecen enfermedad mental puedan vivir con los demás, como ciudadanos de pleno derecho y que estén integrados en su comunidad.

«Cuando llegué empecé a ver todo lo que me ofrecía esto y me lancé sin red. Poco a poco fui mejorando y estar aquí me sirvió para atenuar mi enfermedad y me ha hecho crecer como persona», confiesa Alcolea. Después de muchos años dónde no tener ningún sitio al que ir define esta última etapa de su vida como una revolución personal. Junto a sus compañeros comparte actividades y paseos, tardes de película, lectura mientras toman un café, prestan su ayuda a una protectora de animales, arreglan ropa y juguetes que después donan y realizan un programa de radio, entre otras. Este última es su favorita. «De forma que vas paliando todas esas necesidades que tienes sin darte cuenta, te vas sintiendo cada vez mejor y cambias», relata.

A día de hoy dice sentirse mucho mejor, pese a que la enfermedad está ahí y nunca termina de irse. La medicación es una muleta, pero para él «un abrazo vale más que un lorazepan». No baja la guardia, sabe que esta es traicionera y que cuando crees que estás mejor «de golpe y porrazo te ataca con una fuerza brutal». Como un niño que mira por primera vez al mundo con ojos curiosos, Alcolea confiesa ser el mismo que entró hace diez años por la puerta del centro pero solo ha potenciado cualidades que tenía dentro y que no eran capaces de salir. No se le olvida que «la única vez que he reído con ganas de verdad ha sido aquí y llevaba años sin hacerlo» y pese a que le está pasando eso que decía Gloria Fuertes de que «cuando aprendes a vivir te tienes que morir», tiene claro que exprimirá la vida hasta el último minuto.

Paco, trabajador de la Residencia de Parla de la Fundación Manantial para personas con enfermedad mental
Paco, trabajador de la Residencia de Parla de la Fundación Manantial para personas con enfermedad mental FOTO: David Jar La Razon

Además la Fundación Manantial da su apoyo en otras áreas, como en el ámbito penitenciario para reinserción, ofrece protección jurídica para que la personas en vulnerables tengan apoyo profesional a la hora de toma de decisiones en determinados aspectos de su vida y por último, el empleo, con el que están especialmente volcados. En concreto, facilitan que la gente se incorpore a un puesto de trabajo en cualquier empresa y a su vez, generan empleo a través del programa Manantial Emplea. Es decir, que todos los servicios de limpieza, catering y administrativos de sus centros son personas con discapacidad por problemas de salud mental. Uno de ellos es Paco López, al que encontramos en la residencia de Parla dónde empezó como auxiliar de limpieza de este centro hace cerca de ocho años y donde fue ascendido a adjunto hace cuatro. López nunca encontró problemas a la hora de encontrar trabajo sino para mantenerlo. «Siempre creía que la culpa era de los otros, no fui consciente de que algo no iba bien y de que el problema era yo hasta que la situación con mi familia y vecinos fue insostenible», confiesa a LA RAZÓN. Fue su psicóloga quien le derivó a un Centro de Rehabilitación Laboral en Móstoles dónde durante nueve años hizo diferentes talleres, tuvo el apoyo y la ayuda de una psicóloga, una terapeuta ocupacional y de una preparadora laboral hasta que estuvo preparado para incorporarse al que iba a ser su nuevo empleo. «Al principio es duro porque no te ves allí. No eres consciente de que estás enfermo y de que necesitas ayuda… pero te abren los ojos».

Hasta entonces López salía adelante «pero de mala manera» y no fue hasta que entró en el CLR cuando encontró su camino. «Para mucha gente es difícil de creer que te pueda gustar la limpieza, pero me gusta mi trabajo. Me gusta ver todo limpio y crear entornos agradables para las personas. Los residentes son nuestros clientes y trabajamos para ellos: queremos que estén lo más a gusto posible gracias a nuestro trabajo», confiesa. López ha pasado de no tener estabilidad en ningún nivel a tener casa propia, un trabajo estable e ingresos regulares. Gracias a la política de Plan Integra, después de un tiempo haciendo suplencias fue contratado de forma indefinida y ha podido hacer un plan de vida. Ese es el principal objetivo de la Fundación Manantial; que cada uno pueda tener su plan de vida sea el que sea. El de López, una hipoteca de un pequeño apartamento en Móstoles, una pareja y su perrita. Al año atienden alrededor de unas 2.700 personas y están muy centrados en impulsar y poner en marcha iniciativas de prevención y atención temprana y sensibilización. Para ellos es muy importante promocionar la salud mental, que se hable y que las personas entiendan la importancia que tiene cuidar su salud mental, hablar de qué le ocurre a tu estado emocional y pedir ayuda si es necesario.