Entrevista

Samantha Vallejo-Nágera: «Huyo de los restaurantes que se ponen de moda»

Juez de MasterChef, dirige uno de los catering más importantes de nuestro país, además de Casa Taberna, en Pedraza. A sus 53 años, confirma tener una vida plena «sin necesidad de epatar a nadie»

Es cocinera, empresaria y juez de MasterChef junto a Pepe Rodríguez Rey y Jordi Cruz, además de embajadora de varias marcas de restauración. Hablamos con Samantha Vallejo-Nágera, quien se define como una mujer «de 53 años feliz de haber pasado la barrera de los 50, súper tranquila y encantada sin la necesidad de epatar a nadie. Tengo una vida profesional y personal plena entre Madrid y Pedraza», dice mientras escogemos el rincón idóneo para realizar la fotografía, que ilustra estas líneas. Antes de acostumbrarnos a verla en televisión, fue pionera al cocinar uno de los caterings más importantes de nuestro país: «Cuando yo llegué, empezaron a ser más creativos, modernos y originales. Es decir, las recetas empezaron a ir más allá de la gamba a la gabardina y la merluza». Dicho esto, comenzamos nuestra conversación:

-¿Cómo ve a l@s jóvenes que desean hacerse un hueco en el sector del catering?

-No es nada fácil sacar un catering adelante. Los hay buenos y malos. Los pequeños y caseros siempre existirán y los grandes, compuestos por un equipo de cocina controlado por sanidad, también. Gracias a las redes sociales ves lo que se hace por el mundo y es una gozada, porque puedes seguir a los pioneros en el sector y descubrir ideas.

-¿Dónde radica la exclusividad?

-En la excelencia. En tener un personal cualificado, que esté contento con su trabajo. Esa parte humana para mí es tan importante como la creativa. También, en hacer cada bocado rico y bonito. Que las cantidades estén equilibradas y que sea variado. Un catering es lo más nómada y camaleónico que hay. En el nuestro podemos servir desde una cena para dos o para cuatro mil comensales. Hacemos de todo y eso es lo divertido. La adrenalina es brutal. Piensa que cada día cambiamos el tipo de comida y el servicio. Es difícil, pero no he hecho otra cosa en mi vida.

-¿Lo importante es diferenciarse?

-Cada uno tiene su estilo. Yo hago una cocina tradicional creativa de base española, pero puedo ofrecer de todo. La idea es crear experiencias, sensaciones y platos nuevos. La estética me parece importante, que los camareros siempre derrochen buen humor, que estén constantemente sirviendo bebida, que cada elaboración esté bien hecha. Que haya cantidad y calidad y que la vajilla sea bonita.

-¿Ha cocinado para grandes personalidades?

-Sí, para todas las que te puedan venir a la cabeza. Llevo 30 años en esto, así que imagínate, pero no te los voy a enumerar.

-Entendido pero, ¿qué es lo más raro que le han pedido?

-Un gazpacho caliente, por ponerte un ejemplo. He organizado eventos de todo tipo, bodas, fiestas súper fashion y populares también.

-¿Qué no puede fallar?

-La temperatura de los platos y de las bebidas. La limpieza, el orden y que esté todo controlado. La gente disfruta en un catering, porque es divertido, un disfrute. Es una experiencia que siempre he vivido en casa, porque cuando mi madre organizaba una comida o una cena en casa participábamos todos.

-¿Qué es lo más complicado de ser jueza de MasterChef?

-En realidad, nada. Lo difícil fue al principio al tratar de compaginar la vida familiar, el catering y el programa. Llevo así 11 años y es un tetris, pero es mi vida y me he acostumbrado a salir de casa temprano y a volver muy tarde, a trabajar muchas horas. Hay días que llego de grabar y me voy directamente a un cátering. Hago jornadas largas, pero no me puedo quejar, porque me gusta lo que hago. Me considero una afortunada, porque tengo un equipazo. Y, entre medias, organizo Casa Taberna e ideo los platos preparados, que hacemos llegar a domicilio.

-¿Ha tenido algún episodio desagradable con algún concursante del programa?

-No y soy sincera. Es un «talent show» en el que se valora el talento del concursante, su evolución y la creatividad gastronómica. Por supuesto, hay platos buenos y malos. Hemos popularizado la alta cocina en España y la gente ya conoce a los grandes cocineros, a quienes ahora se trata como a auténticas estrellas. Lo pasamos muy bien, porque hacemos y hablamos de lo que nos gusta. Me encanta la versatilidad del programa.

-Se necesitaría un MasterChef destinado a camareros, es terrible la falta de personal en la hostelería.

-Parece que la gente no quiere trabajar. Encontrar profesionales es más difícil que antes. El equipo de sala en un restaurante es fundamental, pero en MasterChef no nos centramos en él, porque es un programa de cocina. Pero sí es verdad que la sala está ahí y que hay que cuidarla. Me encantan los restaurantes como Horcher en los que se cocina en ella. Me gusta el acabado de algunos platos en la sala y sí, hay grandes profesionales en ella y habría que valorar más su trabajo.

-¿Cómo lleva las críticas?

-Me dan igual. Intento ser buena persona, generosa. Buena amiga y buena madre. Tengo la conciencia muy tranquila.

-Vivimos en un país de envidiosos.

-Y, encima, ahora todo el mundo se puede expresar detrás de un perfil oculto. Pero yo tengo más gente que me quiere que la que no. Las redes sociales son una parte importante de nuestro mundo. Yo, a través de Instagram, cuento la realidad de mi vida y, a quien no le guste, que no me siga. Cocino en mi casa tanto para marcas como para subir recetas a mi perfil. Las redes llevan mucho tiempo, pero tengo personas que me ayudan. Cuento con una directora de comunicación, con una persona que me lleva el cátering y con otra que dirige Casa Taberna. Al final, yo gestiono el día a día.

-¿Considera que ha cumplido sus sueños?

-Sí. He evolucionado con mi cátering a lo bestia. A los 18 años, ya cocinaba para las amigas de mi madre y para los míos. Cogía mis sartenes y me iba allá dónde me reclamaran. Primero, hice paisajismo, pero acabé en Horcher gracias a una apuesta con el dueño del restaurante. En él, descubrí una pasión oculta, que era la cocina. Por eso, me quedé dos años mientras terminaba la carrera. Después, me fui a la escuela de Paul Bocuse, en Lyon. De ahí, a Arzak, a Italia, donde trabajé en varios restaurantes, y a Nueva York, donde me especialicé con Antony Todd en la organización y decoración de eventos.

-Y, montó una empresa de paellas.

-Recorría las calles en patines para cocinarlas en casas particulares.

-Allí, era Samantha de España y, por eso llamó así a su cátering, ¿verdad?

-Regresé en el 95 y lo monté. Trabajo desde los 18 años y desde entonces he ganado dinero cocinando. Siempre me ha ido bien.

-¿Qué le queda por hacer?

-Disfrutar de la vida, de lo que tengo. No quiero hacer nada más. Me gusta viajar, «trufo» mi vida de viajes. Me quiero ir a La India, a ver si lo consigo. Me encanta ir a los mercados y patearme las calles de los países que visito. Y, por supuesto, ver a mis cuatro hijos crecer sanos, seguir con mi catering y con Casa Taberna, en Pedraza.

-En esta vorágine gastronómica, ¿qué le gusta y qué no?

-Huyo de los restaurantes que se ponen de moda y que tienen la misma propuesta. Me encanta ir a El Doble a tomarme una caña, unos berberechos y unos boquerones en vinagre. Mi plan es ir en moto por Madrid y pararme a comer sola o con alguien a probar algún restaurante. Estuve en Kappo hace poco y me encantó.

-¿En Pedraza se encuentra en su salsa?

-Sí, porque consigo descansar. Voy todos los fines de semana y ahí reseteo. Hago yoga, paseo a caballo y estoy con los niños.

-Y, dirige Casa Taberna.

-Era el bar del pueblo y mi marido me convenció para cogerlo. Mi hermana Mafalda Muñoz ha hecho una rehabilitación del edificio maravillosa conservando la esencia antigua. Es un espacio magnífico en el que comer una ensaladilla, unas croquetas, unos rollitos de primavera, que a mí me encantan y los hacemos buenísimos, y la sopa de cebolla, que no falta jamás en la carta, porque mi madre es francesa. Servimos la cocina que me representa. Es decir, recetas sencillas, pero con un toque afrancesado y algo creativo.

-Imagino que para usted estas fiestas habrán sido un no parar, ¿verdad?

-Sí, porque organizamos fiestas para empresas en Pedraza y también en Dehesa de Valbuena, en Guadalajara, donde servimos las bodas. Y, quien lo desee aún está a tiempo de encargar la cena de Reyes. Un menú para ocho personas, que incluye dos litros de consomé al Jerez, una pularda trinchada asada con arroz salvaje con el relleno de Navidad y la tarta crujiente de chocolate Samantha de España (355 euros. info@samanthacatering.com).