No es tan fácil

Ramón Tamames
Ramón Tamames FOTO: Cristina Bejarano La Razón

En paralelo a la rápida difusión del ómicron como variante dentro de la familia de los coronavirus, se hacen previsiones de que tras esta sexta oleada de contagios, la pandemia entra en su fase final. Y se piensa que como consecuencia de ello, pronto estaremos en la normalidad definitiva de la economía. Me parece un diagnóstico errado, entre otras cosas, por la situación política internacional, que no es precisamente tan gloriosa.

En China, Xi Jinping, en sus 68 años juveniles, ya ha conseguido prácticamente su tercer mandato de un lustro más, con poderes que no tuvieron ni Mao Tse-tung –en la época del comunismo primario igualador en la pobreza– ni Deng Xiaoping; con sus cuatro modernizaciones para abrir la senda a China hacia la meta, hoy vislumbrable, de primera potencia mundial económica con gran poderío militar.

Después del fracaso en Afganistán EEUU ha promovido reforzamientos de su política Asia/Pacífico en torno al ascenso República Popular, con pactos como el firmado con el Reino Unido y Australia. A lo que está respondiendo Pekín con cada vez más muestras de poder en sus tres mares colindantes del Amarillo, China Oriental y China Meridional. Y con una moderna Ruta de la Seda que equivale a una onda ingente de conquista económica de Asia meridional, África e Iberoamérica.

Y frente a la anterior hegemonía estadounidense, están los propósitos Putin –zar de todas las Rusias– de controlar su entorno europeo, impidiendo que países periféricos de la antigua URSS ingresen en la OTAN o en la Unión Europea. Manifestando a la vez sus capacidades efectivas en Asia Central, con el capítulo de Kazajistán.

El futuro inmediato está, pues, más tenso de lo que aprecian los observadores convencionales. Además de bancos centrales, tipos de interés, y estímulos, hay que pensar más en un nuevo orden internacional: multipolar, por la paz y por el progreso abandonando las ideas de más hegemonías.