La fortuna
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Si nos atenemos a las declaraciones públicas parecería que el Gobierno de Pedro Sánchez está en manos de la fortuna. El viernes pasado la Ministra Portavoz en la última respuesta de la rueda de prensa, más preocupada por terminar que por cerrar el asunto, dijo eso de «afortunadamente» las grabaciones de Corinna «no afectan» al actual Jefe del Estado, al Rey Felipe VI. Así que queda en manos de la «fortuna» que esto siga siendo así. Este asunto de las grabaciones tiene varios caminos de desarrollo. El más sencillo de abortar era el de la lista de beneficiarios de la Amnistía Fiscal. Lo que era una exigencia en la oposición se ha quedado en impotencia de Gobierno. Esa lista es una «matrioska» rusa de truenos. El martes el Presidente echaba el borrón en el listín de ignominia con un «desafortunadamente» no puede ser.

Con la vertiente fiscal en vía muerta el asunto de las grabaciones va camino del Parlamento. Sánchez necesita para llegar a elecciones tiempo, dinero, que parece que entre impuestos y déficit va a conseguir, y esa mayoría suficiente para ir tirando con lo importante. Su programa social va a dejar a Podemos vacío de propuestas. Por eso la monarquía va a ser el único espacio en el que los morados van a encontrar la grieta para meter palanca. Ya han pedido comisión de investigación. En realidad el Rey Emérito y sus andanzas presuntas o ciertas solo les interesa para debilitar y liquidar la institución. Han construido un relato por el que lo que llaman régimen del 78 emana directamente del Franquismo para situar el valor de la institución bajo sospecha. A partir de ahí todo es leña para la pira en la que quemar la Transición. El objetivo por la «vía emérita» es cargarse la monarquía despojada previamente de simbolismo y legitimidad. De momento el Gobierno se ha «quitado de en medio» y ha colocado como cortafuegos al Director del CNI que, estoy seguro, explicará con toda solvencia lo que sus señorías quieran saber y preguntar. Pero este caso no es de «información» es de espacio y objetivos políticos y va a marcar la «nueva era» estrenada por Pedro Sánchez. A la izquierda republicana se ha sumado el soberanismo catalán que ya no tienen en la Presidencia del Gobierno al enemigo, esa figura la han dejado para el Jefe del Estado por su discurso del 3 de octubre. Sánchez quiere llegar al 2020 y lo puede hacer predicando y dando trigo pero sus socios necesitan argumentos que marquen la diferencia y la cloaca tiene recovecos que pueden convertirse en argumentarios para una serpiente de verano o para la boa del sistema.