Opinión

Oliver Cromwell

Oliver Cromwell, de 1647 hasta su muerte en 1658, fue el personaje privado que ejerció el poder con máxima autoridad personal en Inglaterra; además, el único estadista inglés cuyo ejercicio del poder ha dependido solamente del poder militar. Mediante la conquista reunió los reinos de Escocia e Irlanda junto a Inglaterra; organizó una armada enorme que conquistó la desguarnecida isla de Jamaica en el archipiélago de las Grandes Antillas españolas, donde habían fracasado en dicho propósito varios ataques de la Armada británica en etapas anteriores al «Protectorado» de Cromwell.

Había vivido durante cuarenta años en una diminuta hacienda y estaba convencido de ser un instrumento de la voluntad de Dios y, con frecuencia, decía en grupos una frase muy repetida: «El Señor se ha dirigido a mí con mano firme y me ha dado instrucciones». Defendía a ultranza la libertad de conciencia; se enfadaba con facilidad y lo mantenía sin esfuerzo durante mucho tiempo porque se sentía instrumento del Todopoderoso. A menudo, entraba en conflicto con los obispos escoceses, presbiterianos y puritanos ingleses; también solía argumentar que «la libertad de conciencia es un derecho natural; quien desee tenerlo debe concederlo a los demás»; defensor a ultranza del derecho de propiedad. Declarado republicano moderado, defendió el derecho al voto como propio y exclusivo como socialmente se ha reconocido a Inglaterra siempre: nobles, señores y hombres libres. Para él no era la sociedad la que había que reformar, sino la conducta humana.

Creció y se educó en el ambiente de la «gentry» rural, en el que creció y se educó en el fervor puritano de la nobleza. Fue elegido para el Parlamento y para el Parlamento Largo. Apoyó enérgicamente el «partido» puritano contra la arbitrariedad monárquica y contra el episcopalismo, cuando estalló la primera guerra civil en 1642. Su preparación militar tuvo ocasión de manifestarse. Costeó la formación de los «Ironside» (costillas de hierro) constituido por mil hombres disciplinados y entrenados en las artes de la guerra asentados en el fanatismo religioso. A comienzos de 1642 organizó el ejército de la Asociación de los Condados Orientales, del que fue nombrado Lugarteniente General en 1644, convertido en un ejército que consiguió vencer al ejército real mandado por el príncipe Ruperto, en Marston Moor (julio de 1644), gracias al empleo de su excelente caballería. Las divisiones de opinión táctica en el «nuevo ejército», al mando de la caballería de Naseby, que supuso la derrota definitiva del partido realista y suponía una inmensa popularidad de Cromwell en los parlamentarios en línea revolucionaria y de modo particular en el ejército. El prestigio de Cromwell alcanzó una cota inmensa. El rey Carlos I pensó que podía aprovechar el momento, pero sólo consiguió provocar una nueva guerra civil y la hostilidad de la mayoría parlamentaria.

Cromwell actuó ahora con rapidez: expulsó de los Comunes (1648) a gran número de opositores, suprimió la Cámara de los Lores y condenó a muerte al rey (enero de 1649); tomó el partido de sus tropas al tiempo que aplastó a los igualitarios («levellers»), convirtiéndose en dueño de la situación.

Estuvo asistido por un Consejo de Estado de 41 miembros del que formaba parte el poeta John Milton (1608-74), licenciado en el Christ College de Cambridge. En tal situación, sometió a Irlanda y luego Escocia (1650-51). Había creado una poderosa marina que transformó a Inglaterra como gran potencia naval. Una nueva constitución quedó representada en un documento: «Instrumento de Gobierno», que diseñaba la Commonwealth; una auténtica dictadura encubierta bajo el nombre de Protectorado. El Parlamento quedó constituido con un total de 460 miembros: 400 ingleses, 30 escoceses y 30 irlandeses. Quedó ratificada la potencialidad marítima al ocupar tras una numerosa expedición la ocupación de la isla de Jamaica, en mayo de 1655. Le sucedió como Protector su hijo Richard (1658), incapaz de suceder en la línea republicana y de Protectorado. Solamente pudo dar paso a una nueva revolución que algún grupo de los muchos se movían en la Inglaterra, estudiados por el historiador marxista Christopher Hillo.