Opinión

Novela hispanoamericana

En 1950, Raymond Queneau convocó una reunión de intelectuales franceses. El número fue elevado, pues asistieron cuarenta, para componer una «Biblioteca ideal», en la que no figuraba ninguna obra hispanoamericana. Giovanni Papini, en «El Libro Nero» (1951) dice explícitamente: «No hay nada con validez intelectual universal en Hispanoamérica». En 1970-1975, aceptando como verdad la opinión de Papini en una generación, la imagen de los Premios Nobel de Literatura –Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez– obliga a cambiar la opinión, de modo especial la reciente oleada de interés intelectual hacia la novela, a los que es obligado añadir los Premios Cervantes, otorgados a Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Octavio Paz, Ernesto Sábato...

Pueden considerarse varias etapas que, en simple enumeración, darían grupos de valoración intrínseca:

- 1945-1955: «Al filo del agua», de Agustín Yáñez; «Adán Buenosayres», de Leopoldo Marechal; «Hijo de Ladrón», de Manuel Rojas; «Pedro Páramo», de Juan Rulfo.

- 1955-1965: «Los ríos profundos», de José María Arguedas; «El siglo de las luces», de Alejo Carpentier; «La muerte de Artemio Cruz», de Carlos Fuentes; «Sobre héroes y tumbas», de Ernesto Sábato; «Rayuela», de Julio Cortázar; «La ciudad y los perros», de Mario Vargas Llosa. ¿Es necesario replantear el contenido temático de esta serie novelística y poética para advertir el halo del genio literario específico del América española Occidental? Si nos referimos a la gestación de los temas, advertimos lo cotidiano: estructura fija, reiteración pero con límites, imposibilidad, inconsciencia. Hay un esfuerzo de cambio, pues se aprecia en la gestación, impulso y fuerza íntima, pero también experiencia y necesidad de aventura intelectual. Por todo ello, los impulsos se diversifican: en el Río de la Plata, la región más abierta al cosmopolitismo, y en México, la de mayor promoción política. Es imprescindible precisar con mayor puntualidad: el Río de la Plata, más allá del espejo de la realidad, abrieron horizontes metafísicos Horacio Quiroga, uruguayo, Macedonio Fernández y Roberto Arlt, argentinos, este último promovió en su literatura pasión por temperamento y carácter a través de retratos de lo excéntrico y lo marginal, o bien humor negro a través del cual captó imágenes de un mundo sumergido, o bien descubrió una ciudad y el «lunfardo», el idioma que lo expresaba. Leopoldo Marechal, el dilema del hombre que sufre falta de presión interna, lo cual le expone, desarmado y desvalido, a la invasión de imágenes exteriores. «Adán Buenosayres», un monumento a la misantropía y a las contradicciones de la época, escrita en clave a la vez de odisea porteña y alegoría dantesca, sin que falte un descenso a los infiernos.

Pero este panorama dual que acabamos de ver no alcanza la plenitud que ni Queneau ni Papini pudieron ver. Una plenitud que queda avalada por la misma dialéctica contemporánea de Hispanoamérica, que hace imposible, en la contemporaneidad, aquellos juicios muy poco elaborados por el conocimiento o las investigaciones libres de prejuicios. La novela hispanoamericana se ha proyectado seriamente y ha sido descubierta, estudiada y aplaudida en Europa y Estados Unidos, según tuve ocasión de comprobar en mi libro «Dialéctica contemporánea de Hispanoamérica». El mundo intelectual aprecia un cambio respecto al escepticismo que existía hasta 1950-1970 sobre la literatura hispanoamericana, como ocurrió con casos similares, como fueron la introducción masiva de la novelística rusa en la Francia del siglo XIX, o el auge de la novela norteamericana de los años 1920 en la Europa de la posguerra con el personaje fascinante del héroe solitario.

En el mundo actual, la novela occidental está dominada por los áridos escritores del Nouveau Roman, los tristes y desesperanzados del movimiento «beat», la novela-aprendizaje de Herman Hesse, o bien la literatura contractual de Jean Arthur Rimbaud. La actitud totalizadora y ambiciosa de los nuevos narradores hispanoamericanos, destaca y atrae el interés porque esta novela es el resumen de una nueva y vieja sociedad: la representación de «personas» entre el conflicto y la crisis; la persona humana y su problemática ocupan el centro de atención de los novelistas hispanoamericanos.