Opinión

Mentalidad histórica

Una de las novedades más interesantes aportadas en el terreno de la teoría de la Historia en la contemporaneidad consiste en el concepto según el cual la Historia es, ante todo, una ciencia analítica del conocimiento y comprensión de la realidad humana en el tiempo; y, además, que la preocupación básica del historiador no trata de considerar que lo científico no consiste en dejar constancia de su actividad, sino un modo peculiar y único de comprender aquella realidad. Es precisamente así como la entendió Giambattista Vico («La Scienza Nuova», 1725), aunque ciento cincuenta años después, en 1875, el «Dictionnaire des sciences philosophiques» (publicado bajo la dirección de Adolphe Franck) todavía resultaba impreciso dada la escasa coherencia conceptual que el amplio arco de variables de los temas claves ocupa la filosofía. Se aprecia la falta de bases explicativas sobre la realidad comunitaria del hombre. Es entonces cuando surgen nuevas posibilidades. Por ejemplo, es notoria la influencia obtenida por el gran sistema hegeliano, por ejemplo en la «concepción trascendente» de Benedetto Croce en «Teoria e storia della storiografia» (1ª edición de 1966), que dominó las tres primeras décadas del siglo XX por medio de lo que denominó «humanismo teórico y absoluto», que constituyó la ideología de la burguesía en ascenso.

La importancia de la Historia, en cuanto disciplina autónoma, adquiere «frontericidad» con las ciencias humanas y sociales. Ante todo porque en la frontera de relación científica los historiadores asumieron la conciencia de que la mayor dificultad de la ciencia que cultivaban consistía en utilizar caminos incómodos y difíciles para alcanzar sólo verdades relativas. Pero esa «frontericidad» relacional ha abierto nuevos y decisivos horizontes: interdisciplinariedad, por ejemplo, ha conducido al concepto de que el verdadero realismo consiste en saber que la realidad es múltiple y, añadimos, no organizada necesariamente siempre igual, es decir, de la misma manera. La Historia se ha convertido, aduzcamos las investigaciones llevadas a cabo por Fernand Braudel bajo el nombre de «historia global», en el análisis de la realidad humana.

Por otra parte, las constantes aportaciones de las nuevas generaciones de historiadores universitarios otorgan a las especialidades un papel mucho más destacado en el conocimiento de la realidad y proporcionan ideas decisivas para la comprensión de los impulsos y los destinos colectivos. Si, según ha afirmado Arnold Toynbee («L’histoire», Paris, 1975), interesa tanto en nuestra época es porque, a través suyo, se puede aprehender lo que significa para nuestro presente el pasado y, sobre todo, lo que supone el futuro. Este último supuesto ha sido manifestado por historiadores como Pierre Chaunu.

Ahora bien, ¿cuáles son los campos en los que puede producirse la aproximación a la realidad humana comunitaria? En primer lugar, está el hombre. Este es el gran mérito de la escuela surgida en 1929 en torno a la Revista «Annales» y el más noble de los objetivos de sus dos fundadores, Lucien Febvre y Marc Bloc, que no han dejado de predicar una historia encarnada como centro dinámico de «relaciones»; este eje de relaciones ha obligado al tránsito de la persona que en sus relaciones impone el «tiempo largo» frente al hecho individual. Son tres sectores los que otorgan representación a la personalidad, las seis estructuras de relación: religiosa, política, económica, social, intelectual y cultural. Esto es en la identidad «sectores»; en la relación de la temporalidad: evento, generación, estructura. Y el tercer nivel, de dimensión profunda de la historia o de «pensamiento histórico». Esta última dimensión constituye una atención preferente para los historiadores, aunque no coinciden todos en la caracterización de sus contenidos y objetivos conceptuales. Este tercer nivel supondría un escalón. Hay dos opiniones: Frederick Mauro considera este nivel una nueva dimensión como una teoría del conocimiento, que considero más viable en los supuestos teóricos del historiador español Jaime Vicens Vives, expresado en la dirección de la gran obra histórica de España y América social y económica, que ha ampliado considerablemente el gran tratado de la cultura occidental española y americana, de visión interdisciplinaria verdadera teoría del conocimiento, visión raigal e integral del hombre histórico. De la personalidad surge el conocimiento y la percepción de la mentalidad.