Más rigor y menos ocurrencias

Los gobiernos deben ser rigurosos. Sin embargo, las informaciones que aparecen a diario en los medios de comunicación caminan en la dirección contraria.

No es una buena noticia la ausencia de un comité de expertos para la desescalada. No solo porque la sociedad interpretó que lo había, a partir de lo que decía el gobierno y, por tanto, podría sentirse engañada, sino porque hay una diferencia sustancial entre un comité de expertos formado por especialistas independientes, a el asesoramiento de funcionarios que, si bien son cualificados, tienen una relación de subordinación jerárquica.

Pero, más allá de que Pedro Sánchez no quisiese perder el control político de la desescalada, el problema es que estamos ante una segunda oleada de la pandemia, que algo falló.

Entre medias verdades nos hemos caído en el agujero económico más grande que hayamos visto los españoles de hoy. Las previsiones de una caída del 9% del PIB se han duplicado y ni siquiera sabemos si lo peor está por llegar porque desconocemos qué va a pasar con el virus en los próximos 12 meses.

Aunque el gobierno de España y los autonómicos transmiten tranquilidad, atribuyen los datos de infectados a un mayor número de pruebas diagnósticas y manejan los datos de ingresados en hospitales y UCIs comparándolos con el mes de marzo, hay algunas cuestiones que no terminan de encajar.

En primer lugar, es cierto que si se rastrean los contactos de los positivos, el número de infectados será más alto porque se detectaran asintomáticos. El problema es que el virus ha vuelto a demostrar su alta capacidad de transmisión y el número de rastreadores es muy insuficiente para controlarlo.

Por otro lado, los que miran Aragón y Cataluña como modelos de contención sin confinamiento, olvidan que los colegios, centros de enseñanza media y universidades están cerrados por vacaciones de verano y se sabe que una vía de penetración del virus en los hogares son los adolescentes.

Tampoco sabemos el tiempo que resistirán las residencias de personas mayores a nuevos contagios de la Covid-19. Hay que recordar las dramáticas cifras y la polémica que acompañó a las cifras de fallecidos en los centros de mayores.

Es el momento de crear realmente un grupo de especialistas multidisciplinar, con virólogos, expertos en salud pública, en gestión sanitaria y economistas. Dejar que se deteriore la situación hasta llegar a ser necesario un nuevo confinamiento sería un hundimiento de la economía con consecuencias para la próxima generación.

Las Comunidades Autónomas deberían ceder parte de su autogobierno en favor de un auténtico mando único y convertirse en gestoras colaboradoras de la crisis sanitaria.

De poco sirven los codazos partidistas e ideas como la cartilla sanitaria de Madrid, de dudosa legalidad y que parece que tiene como finalidad discriminar sobre quién sí podrá encontrar un empleo en la crisis que viene y quién no.

La siguiente idea será distinguir entre embarazadas, enfermos de riesgo de baja médica o incluso una tarjeta sanitaria que demuestre estar exento de VIH.