Opinión

El frontón constitucional

Poco éxito van a tener los voluntariosos, documentados y bienintencionados artículos que últimamente tratan de separar moral e históricamente a Juan Carlos de Borbón de su hijo Felipe VI. En todos queda un poso de respeto a la figura del emérito y por eso siempre recuerdan que, de momento, no tiene causas con la justicia española. Nada concuerda con un estrafalario y esperpéntico periplo, más o menos secreto, que para el común de la ciudadanía ha convertido al que fuera Rey en un fugitivo. No está imputado pero se le persigue cámara en ristre y solo falta un Capitán Khan para enlazar con aquel Roldán que, pese a todo, no pudo con la Guardia Civil. El relato y comunicación del destierro, huida o marcha está en línea con lo que fue la gestión de la «cosa», que según el relato de Zarzalejos, entronca con aquel chiste de Gila del «alguien ha matado a alguien». Pese a toda la concatenación de silencios, chapuzas y gestiones diferidas el entramado legal y constitucional está construido a prueba de ocurrencias y no nos despertaremos un día republicanos por mucha bandera que coja Iglesias. Porque la cuestión política que nos deja este culebrón veraniego, gestionado con sudores y poco tino, es el reparto de papeles en el seno del ejecutivo. La ansiada «diferenciación» que tan necesaria será para futuras citas electorales. El PSOE se queda con lo institucional, tiene pista para ampliar la base hacia el centro y para reconducir algunas veleidades de cuando les dio por entrar a disputar espacios periféricos que finalmente se quedaron los de Podemos. Tiene Pedro Sánchez la sartén y el mango pero también la obligación de convivir con un partido que va a hacer del republicanismo su eje motor, como ya lo hizo con la «casta» y después con la «cloaca». Ahora que se le complican las cosas va a intentar desarrollar esa técnica populista de estar en misa y repicando. Los morados son ya un partido de «cuadros», burócratas y élites. Mantienen la ficción de las bases alimentando en las redes sociales bots que un día crucifican a Sacristán y otro glorifican el moño. Han acampado en los despachos y han perdido la calle así que están buscando como animar a la «juventud rebelde» para que aviven el fuego de la revolución que no se hizo en el legislativo y ahora dicen que tampoco se puede hacer en el Ejecutivo … quizá sea que les faltan asideros morales y políticos y sobra petulancia. Cuanto más se compliquen las cosas en la vía judicial más gaitas republicanas sonarán anunciando el apocalipsis pero ahí está la Constitución.