Como en casa, en ningún sitio

Durante estos meses de pandemia, un 40 por ciento de los españoles ha tenido que hacer teletrabajo. Y la experiencia de los usarios no ha podido ser mejor: un 70 por ciento se reconoce encantado con el cambio

Aún es pronto para conocer los efectos de la incidencia del teletrabajo en el conjunto de la productividad laboral, entre otras razones, porque el desbarajuste económico del momento presente, tan anómalo como grave, no permite comparaciones estadísticas válidas. Sin embargo, el hecho de que un 40 por ciento de los trabajadores españoles haya tenido que trabajar desde casa, en muchos casos con un proceso de reconversión de pocos días, y que la inmensa mayoría se declare satisfecho con la experiencia, nos advierte de un futuro mucho más telemático, con una relaciones laborales diferentes que habrá que regular. Nos habla, también, de la gran brecha tecnológica y de mentalidad que existe entre el sector privado y el público, que ante la misma herramienta, unas redes de telecomunicaciones de las mejores del mundo, se muestra incapaz de explotar todo su potencial. Sin duda, la situación cambiará a medida que las nuevas generaciones vayan incorporándose al mercado de trabajo y se renueven muchas plantillas de la función pública. No en vano, los jóvenes españoles entre 16 y 24 años, tienen unas competencias digitales de entre las mejores de Europa –los cuartos, por debajo de Croacia, Noruega y Portugal–, seis puntos por encima de la media de los 27 de la UE. Otro de los factores que contribuyen a hacer de España uno de los futuros paraísos del teletrabajo, además de las buenas redes y del salto hacia adelante que supondrá el 5-G, es la buena calidad de vida de sus principales ciudades. De hecho, según la proyección de la empresa Statista, Madrid es la mejor ciudad de Europa para trabajar, seguida de Estambul, Budapest, Tirana y Roma. Buenos precios, oferta cultural y de ocio amplia, grandes movimientos turísticos, clima y seguridad ciudadana puntúan a nuestro favor. Aunque no figuran en la lista, otras ciudades como Barcelona o Valencia también están entre las más apetecibles para teletrabajar, por ejemplo, durante uno de esos duros inviernos centroeuropeos. Mónaco, por su elevado coste de vida, es la peor ciudad.