Del lujo a la chatarra en un desguace turco

Restaurante a restaurante, discoteca a discoteca, piscina a piscina, se van clasificando algunos materiales para en un futuro ser revendidos

Estamos ante el fin de una era. No sé cuántos ejemplos más necesitamos para asumir que se acabó la vida tal y como la conocíamos. Igual no era el mundo ideal en el que creíamos vivir. Pero para muchos era perfecto.

A lo largo de la pandemia, se ha visto cómo en los grandes buques el coronavirus corría como la pólvora entre camarotes. La gesta del capitán Brett Crozier, al frente del portaaviones «Theodore Roosevelt» bien merece una ovación (y una película). La covid-19 avanzaba entre sus soldados, pero la Administración Trump le impidió desembarcar a los 4.000 militares en la isla de Guam. Crozier envío una sentida carta al presidente; Donald Trump hizo oídos sordos. La misiva se hizo pública y el capitán fue relevado del mando. No obstante, finalmente logró que sus 4.000 subordinados pudieran salir del portaaviones nuclear en el que más de 580 tripulantes dieron positivo.

A los cruceros turísticos también se les impedía atracar. Sus pasajeros, varados, mandaban mensajes de clemencia a los Gobiernos del mundo para que les permitieran desembarcar. En la mayoría de los casos, se les dio un rotundo «no» como respuesta.

Algunos pasajeros (y su tripulación) como los del “MSC Magnifica” estuvieron seis largas semanas sin pisar tierra. Este abril, por ejemplo, con medio planeta confinado, había 6.000 personas atrapadas en los barcos de la compañía Carnival.

Lógicamente, los cruceros son uno de los sectores del planeta que más ha sufrido los estragos del coronavirus. Al ver las impresionantes imágenes del cementerio de transatlánticos de lujo en Turquía tengo sentimientos encontrados. Por un lado, el morbo innato que da ver cómo se desmontan enormes instalaciones y la transformación del lujo a la chatarra. (Sí, no hace falta estar jubilado para disfrutar de una buena construcción o destrucción). En el astillero de Aliaga, en las costas de Esmirna, el «Carnival Imagination», el «Carnival Inspiration», el «Carnival Fantasy», así como los legendarios «Monarch of the Seas» y el «Sovereign of the Seas», están siendo reducidos a chatarra.

Restaurante a restaurante, discoteca a discoteca, piscina a piscina, se van clasificando algunos materiales para en un futuro ser revendidos. La vida de estos gigantescos hoteles marítimos de cinco estrellas no había terminado. Aunque ante la falta de turismo, disfrute, posibilidades de conocer países y desconocidos, les ha llegado su hora antes de tiempo.

Esto es precisamente en lo que nos hace reflexionar el coronavirus. Las siglas SARS-CoV-2 nos delimitan el movimiento, nos restringen la diversión, los abrazos, y nos aíslan socialmente. Y lo que es mucho peor, se lleva por delante a cientos de miles de personas a las que aún no les había llegado su fin. Ya son (oficialmente) más de 1.056.744 en todo el mundo, y 32.562 en España.