No estamos de “humor electoral”

Si los propietarios de negocios de restauración, hoteles y otros negocios similares no son rescatados de la ruina, se producirá una quiebra social que se desbordará en las calles.

Ambiente en Paseo de Gracia en BarcelonaEnric FontcubertaEFE

Los especialistas denominan “humor electoral” al estado de ánimo que tiene en cada momento la sociedad en relación a la situación política. Si tuviésemos que valorar, ahora mismo, ese indicador en la sociedad española, se podría decir que la resiliencia y la generosidad con que se vivió el confinamiento de marzo ha mutado en irritación y desesperanza.

Ocho meses después, el gobierno sigue improvisando, las cifras de infectados y de fallecidos se incrementan de manera exponencial y los ciudadanos se preocupan, en orden de prioridades, por su economía y por su salud, no se fían de los poderes públicos y no están dispuestos a transigir con más errores.

Se ha vuelto a contemplar el confinamiento severo de la población como una opción. Para algunos, estaba previsto, pero no se ha dicho hasta ahora, para otros, el desastre es tal que van improvisando día a día.

En cualquier caso, el tiempo se ha acabado para Sánchez y para los gobiernos autonómicos. La extrema derecha ha encontrado su caldo de cultivo de la misma manera que el 15M descubrió el suyo, quizá los disturbios callejeros de las últimas noches sean el termómetro de lo que está inoculando en algunos sectores.

Cada vez importa menos si el que no quiere colaborar es un presidente autonómico o es Moncloa, todos entran en un mismo paquete. La gente necesita culpables sobre los que verter la frustración de sus fracasos y Sánchez lo está poniendo fácil.

Algunos se quieren salvar, como Díaz Ayuso, pero un presidente nunca es visto como un outsider sino como parte del problema. Otros se han intentado esconder, pero eso tampoco sirve. Nadie entiende porqué Sánchez delegó en las comunidades autónomas su propia responsabilidad.

Si el gobierno hace retroceder a los españoles a marzo, le reclamaran un año perdido de gestión y de vidas. Esto será un test para el líder socialista. La otra prueba que debe pasar Sánchez es si otorgará ayudas a algunos sectores productivos.

Si los propietarios de negocios de restauración, hoteles y otros negocios similares no son rescatados de la ruina, se producirá una quiebra social que se desbordará en las calles. Si, por el contrario, se produce el gasto, el déficit se va a disparar y terminaremos pagándolo con impuestos y probablemente subidas de los tipos de interés.

En medio de este maremagnum los presidentes autonómicos necesitan salvarse de la hoguera, cuestión que dificulta una posición política sin fisuras de los partidos políticos.

Las causas del 15M no pudieron neutralizarse, pero tuvieron como consecuencia que Podemos emergiese y que, hoy, Iglesias sea el vicepresidente del gobierno. Las causas del desconsuelo y la rebeldía social provocadas por la Covid-19 sí podrían haberse mitigado, porque lo que enerva no es tanto el virus como la ineptitud de la autoridad sanitaria.

Los españoles no echan la culpa de su desgracia a la pandemia, sino al gobierno, esta es la novedad. Lo malo es que una vez perdida la confianza ya no se vuelve a recuperar.