La “colonia” del Campo de Gibraltar

A estas alturas ya podemos abandonar cualquier idea de revertir la injusticia de Utrecht o la expansión territorial que los británicos han ido haciendo vulnerando el derecho internacional

JON NAZCAREUTERS

La “república de abogados” que conocemos con el nombre de Gibraltar, que optimistamente definíamos como la última colonia del continente europeo, no solo ha conseguido una nueva victoria sobre España, gracias a la humillante sumisión del gobierno socialista-comunista, sino que ha consagrado la constitución de su propia “colonia” en el territorio que le rodea. Al menos no le hemos cedido la soberanía sobre el Campo de Gibraltar, pero prefiero no dar ideas a Picardo y su jefe, Jaime Levy, el abogado más poderoso del Peñón. Ahora tenemos claro que la mejor política exterior para la titular de la cartera ministerial es la rendición preventiva y me temo que Marruecos pueda tomar buena nota en lo que hace referencia a Ceuta y Melilla. Los ricos y poderosos gibraltareños necesitan la mano de obra de las localidades que rodean al Peñón, que es una zona deprimida, así como mantener sus lujosas mansiones, ya que no tienen territorio para construirlas, y aprovechar los servicios en la zona. El gobierno no quiere problemas, está preocupado por los empleados que atienden esos prósperos magnates y se ha despreocupado, como ha sido una constante en los inquilinos de la Moncloa, en el desarrollo económico de la zona.

La rendición de González Laya, siguiendo lógicamente las instrucciones monclovitas, hace que Gibraltar se integre como territorio Schengen y el control no será de las autoridades españolas, sino, en otro gesto de humillación, de la agencia europea Frontex. Los controles se limitarán al puerto y aeropuertos gibraltareños y al margen, por supuesto, de las autoridades españolas. Picardo sabía que la ministra acudía a la negociación con el desánimo propio de un ejército derrotado y que ni siquiera era necesario darle alguna chuchería sin importancia para que se rindiera con armas y bagajes. Es lo que ha sucedido. Lo más bochornoso es esa chorrada de la ministra de que “tenemos la base para construir una zona de prosperidad compartida” que se traduce en que Levy y los suyos se harán cada vez más ricos mientras sus empleados españoles reciben las migajas. Hay que reconocer que Gran Bretaña sí sabe defender sus intereses y no ha dejado abandonados a los gibraltareños. A estas alturas ya podemos abandonar cualquier idea de revertir la injusticia de Utrecht o la expansión territorial que los británicos han ido haciendo vulnerando el derecho internacional y abusando de la buena fe española. Entiendo que esos miles de trabajadores estén contentos, porque mantendrán sus sueldos, pero será a costa de asumir esta nueva humillación que fortalece la arrogancia de Gibraltar.