Un gobierno escondido

La actividad de Iglesias y los suyos ha sido impresionante, hasta el punto de eclipsar a los servicios públicos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (c), acompañado por los vicepresidentes Carmen Carvo y Pablo Iglesias durante el primer Consejo de Ministros del año 2021, en el que se han analizado las consecuencias de "Filomena".
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (c), acompañado por los vicepresidentes Carmen Carvo y Pablo Iglesias durante el primer Consejo de Ministros del año 2021, en el que se han analizado las consecuencias de "Filomena".Fernando.CalvoEFE

Los miembros de la coalición socialista-comunista ven las cosas diferentes ahora que gozan del privilegio de ocupar las poltronas del consejo de ministros. No hay más que recordar lo que decían con motivo de la Nevada de 2018 y el alarde de conocimientos que demostraron sobre meteorología y otras materias para atacar al PP. Sánchez decía que «no solo es un gobierno agotado, sino que es un gobierno escondido».

Muy ingenioso. Por supuesto, empatizaba con los ciudadanos: «habéis sufrido el temporal de nieve y el ministro del Interior y el ministro de Fomento todavía no han comparecido en el Congreso para rendir cuentas, sobre su pésima gestión al frente de ambos departamentos, por el temporal de nieve que sufrieron miles y miles de ciudadanos y ciudadanas atascados, también, por la inoperancia del gobierno del Partido Popular». Ahora solo cabe esperar que los miembros de su gabinete pidan comparecer e informen de su brillante gestión que es la envidia, como sucede con la pandemia, del mundo entero. Otra crítica fue que «el gobierno se limitó a predecir el temporal, pero no a poner los recursos necesarios para evitar sus consecuencias». A estas alturas, las similitudes parecen bastante evidentes.

Mi frase favorita, muestra de una encomiable exquisitez oratoria, fue la de «qué coño tiene que pasar para que Rajoy salga de la Moncloa y pise el barro». Hemos podido ver a los ministros socialistas y comunistas, encabezados por el propio presidente, con palas por las calles de Madrid o de sus circunscripciones ayudando a los equipos de protección civil, bomberos, la UME y tantos otros. Por supuesto, los heroicos luchadores de Podemos nos deleitaron con su demagogia y la actual ministra Irene Montero definió la gestión gubernamental de «deficiente» y «negligente».

La actividad de Iglesias y los suyos ha sido impresionante, hasta el punto de eclipsar a los servicios públicos. La realidad es que las críticas ligeras e inconsistentes que se hicieron en 2008 se pueden aplicar a hora, siguiendo la misma frívola lógica que usaron socialistas y comunistas. El «gobierno escondido» tendrá ahora la oportunidad de comparecer en el Congreso y explicar a los sufridos ciudadanos cuándo dieron las alertas, activaron a la UME, ordenaron la limitación de la circulación de las carreteras de titularidad estatal o dieron instrucciones a la Policía y la Guardia Civil.

No basta con los partes meteorológicos o las ruedas de prensa, sino que se tendría que haber establecido un operativo, así como coordinarse con las autonomías y ayuntamientos desde que se tuvo noticia de lo que se nos venía encima.