«¿Cómo puedo ayudarte?»

A diferencia de Miami, los madrileños tendrán que seguir luchando con un gobierno central que los detesta. Eso mismo, sin embargo, ha acabado proporcionando a Madrid una identidad renovada

CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICHEFE

Francis Xavier Suarez, alcalde de Miami, luce unos calcetines estampados con un lema: «¿Cómo puedo ayudarte?» («How Can I Help You?»). Nació como respuesta al tweet de un joven emprendedor californiano que empezaba a estar harto de la perpetua disfuncionalidad de su Estado y le proponía a sus colegas mudarse a Florida. Fue entonces cuando Suarez le respondió con su pregunta. Desde entonces se ha convertido en una campaña gracias a la cual la ciudad de Miami ha pasado a ser una alternativa a la decrepitud y las obsesiones ideológicas norteamericanas. El cóctel no puede ser mejor: buen tiempo, calidad de vida –a ritmo hispano, que es lo importante–, impuestos bajos, mezcla racial y cultural, apertura, buenas conexiones, limpieza, seguridad. Así es como Suarez, el primer alcalde de Miami nacido allí, de familia cubana, ha convertido su ciudad en un imán para el talento joven y con iniciativa. Su objetivo: llegar a competir con Singapur y Tel Aviv ofreciendo lo que San Francisco, Nueva York y Los Ángeles se han dejado en el camino. Por el momento, entre febrero de 2020 y febrero del 2021 la venta de pisos ha aumentado en un 130 por ciento.

Ingrediente insospechado del éxito es la posibilidad de huir de lo que ya se empieza a llamar el infierno woke: la neurosis de lo políticamente correcto, los dilemas identitarios de pureza de sangre y de cultura, la politización de las costumbres… esa inquisición perpetua a la que se han dejado someter muchos norteamericanos, sobre todo en los Estados demócratas que giran cada vez más a un socialismo chavista y universitario, tan grosero como el de nuestros social-podemitas. Y tan proclive como este a atraer la desigualdad, la delincuencia, la inseguridad física y jurídica.

Madrid hace tiempo que inventó una combinación parecida. La puede perfeccionar, en cualquier caso, y esta campaña electoral es un paso más para conseguirlo. A partir del 4 de mayo, y si los resultados confirman las encuestas, la capital de España tendrá una oportunidad de oro para convertirse en la alternativa definitiva a los infiernos woke y socialistas que abundan en Europa. Empezando por las ciudades encerradas en fortines identitarios e izquierdistas –cada vez más cochambrosos–, hasta las grandes capitales asfixiadas por la burocracia, las regulaciones, los impuestos y la ineficiencia de los servicios públicos.

A diferencia de Miami, los madrileños tendrán que seguir luchando con un gobierno central que los detesta. Eso mismo, sin embargo, ha acabado proporcionando a Madrid una identidad renovada. En respuesta a Sánchez y su corte de monstruos izquierdistas, es posible que el antisocialismo, y todo lo que eso quiere decir en términos de libertad, apertura y tolerancia, se haya convertido en una de las nuevas claves de la ciudad y la región.

Habrá que ir más allá y conseguir que la llamada a la resistencia se convierta, como en Miami, en una invitación a quienes tienen ganas de vivir su vida, prosperar e inventar, como es su derecho, su mundo propio: en lugar del sueño americano, el sueño español y madrileño.