Independentismo

Separatismo y desgaste de materiales

Mucho tiene que ver el momento de mayor división interna en el independentismo desde que Puigdemont saliera por ruedas en el maletero de un vehículo

El separatismo comienza a «pinchar» en la calle y esto, además de muy buena notica ofrece otra nada desdeñable lectura tanto para el Estado como para el mundo soberanista. Aquellos «cachorros» a los que el ex president inhabilitado Quim Torra llamaba a la movilización con su arenga «seguid empujando» parecen estar afortunadamente a otras actividades como tomar el sol en la playa o preparar la recuperación de exámenes tras el «cateo» en el instituto o la universidad. También el covid puede haber echado indirectamente una mano amenazando con dolor y ruina a quienes se saltasen en la calle las más mínimas normas de distancia social o transitasen en horas vetadas por el estado de alarma, pero lo cierto es que el secesionismo más violento y visible en el espacio urbano, ese que tocaba arrebato con las cornetas de la CUP y los CDR lleva ya bastante tiempo cosechando sonoros fracasos a la hora de plasmar en la calle unas imágenes que tanto gustan de dar la vuelta al mundo a la grupa de la prensa internacional. Las visitas a Barcelona tanto del Rey Felipe VI para participar hace días en las jornadas del Cercle d´Economia, como la de Pedro Sánchez arrancando la semana en un acto del Liceo que daba el pistoletazo de salida a la nueva etapa que pretende iniciarse con los indultos como primera referencia, han mostrado el claro y notorio desgaste de materiales en la feligresía más tramontana y vociferante del independentismo. Esas mismas organizaciones Omnium y ANC que en otras ocasiones, tanto en los aledaños del «1-O» como tras conocerse la sentencia del «procés» lanzaba a la calle a cientos de miles de manifestantes más o menos controlados, ahora ven como les acaban sobrando tres ceros a la hora de contar efectivos. Poco más de cien personas quemando fotos del Rey en la visita del monarca la pasada semana y no más de cuatrocientas en las inmediaciones del Liceo para protestar contra Sánchez. El dato es tan real, como que un Gobierno inteligente deberá de estar tomando buena nota, sobre todo porque el separatismo –ahora más ladrador que mordedor– ya ha demostrado sobradamente su inquebrantable capacidad para retroceder únicamente a la hora de tomar carrerilla. Mucho tiene que ver el momento de mayor división interna en el independentismo desde que Puigdemont saliera por ruedas en el maletero de un vehículo cuyos retrovisores divisaban las puertas de Estremera. Crucemos dedos.