Un curso para ser neohombre
«Señalar al hombre como tóxico sería incitación al odio al coger la parte por el todo»
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Estamos tardando en apuntarnos. Debe haber lista de espera. Ada Colau anuncia para octubre un curso sobre nuevas masculinidades con la gloriosa idea de enseñarnos a erradicar la toxicidad que arrastramos al nacer varones. En esta nueva religión, el mal bíblico asociado a la serpiente que envenena a Eva está dentro del hombre por el hecho de serlo. Vamos, que Adán se fracturó la costilla. Somos, en su manera esotérica de entender el cosmos, impuros y malvados y han de reeducarnos porque cargamos con toda la vileza que el mundo es capaz de escupir. No podría llamar feministas a esta secta pseudocientífica y negacionista de la bondad de la persona siempre que contenga el cromosoma «Y» sin ningún rigor siquiera estadístico sino miembros de una especie evolutiva que quiere cambiar nuestras vidas a la manera totalitaria de la revolución del Gran Timonel. Colau no especifica de momento si son más tóxicos los españoles o los independentistas catalanes, o los de derechas más que los de izquierdas pero para eso ya ha emprendido su batalla la ministra de Igualdad Irene Montero, que a falta de soluciones efectivas inventa un punto violeta, una más de sus medidas que ningunea un problema serio y grave como el de la violencia machista. No son los hombres, pues, los que estamos perdidos entre unos veloces cambios de roles que la sociedad acepta en su mayor parte sino esta porción exaltada que ha encontrado en las víctimas un asidero para sus conquistas ideológicas. Este señalamiento del hombre vendría a condensar, llegado el caso, un delito de odio al coger la parte por el todo. Si se llama racistas a los que creen que cualquier color de piel diferente al suyo es inferior, si se considera homófobos a los que acorralan a los homosexuales, a todos, no a uno en particular, cómo habría que llamar a los que al ver a un hombre (no sé si solo los heterosexuales o todos en general) en el Metro piensan en un presunto verdugo. Colau, que viene a ser tóxica públicamente desde que hizo pis de pie en la calle, nos deja con la intriga. Cuando mira a Puigdemont, ¿qué ve? ¿Un punto o una coma?