Opinión

Sánchez, líder NATO

Mucho trabajo y poca diversión hacían de Pedro un tipo aburrido, pero la cumbre le confiere un aura de salvador del mundo.

Notas del 27 de junio, Madrid es una ciudad sitiada. Le están pidiendo la documentación a los gorriones de las aceras y a los ‘perrhijos’ del pipicán del parque. Javier va por ahí señalando helicópteros: “¡Avión, avión!”, grita, y cada aparato parece el primero que ha visto. Hay agentes en moto, en coche, en furgoneta, por el subsuelo y la caballería; la rotonda ya parece el flanco sur de Loca Academia de Policía.

Allá por entre las copas de las acacias, que son árboles siempre jóvenes, emerge la figura gigantesca de Sánchez en forma de estadista, guapo de escalerillas del avión, casi de ‘Top Gun’ y de Sánchez Force One, piloto de la España Atlántico Norte. Sánchez es un líder NATO.

Tanto poder presidencial… Tengo los pelos como alcayatas. Al codearse con los líderes mundiales, Sánchez habría de parecer uno de ellos y esto suscita en el ciudadano un sortilegio que lo protege. Si parece presidente, habrá de seguir siendo presidente, se dice el español. La gente habría de preguntarse: ¿A quién votamos para presidente? Y responderse ¡Al presidente! Las cosas no funcionan realmente así, pero se dice que la cumbre de la OTAN va a salvar va a salvar de la inflación y de las encuestas y de lo de las pensiones, Argelia y el BCE. Cada uno busca la esperanza donde puede.

Mucho trabajo y poca diversión hacían de Pedro un tipo aburrido, pero la cumbre le confiere un aura de salvador del mundo. Como no hay Supermán sin su malvado, antes Sánchez luchaba contra la ultraderecha y ahora ha cambiado de enemigo y dice que están contra él los poderes económicos y sus terminales mediáticas. Esto de los poderes económicos contra la voluntad democrática del país me quiere sonar de algo como de 2010. La cosa es luchar. Temblad, villanos, Sánchez os va a pegar en todo el argumentario con el CIS de José Felix Tezanos.