La basurilla partidista sobre Brasil

«Los pijoprogres españoles habían lanzado las campanas al vuelo y esperaban que Lula saliera en la primera vuelta»

FOTO: Silvia Izquierdo AP

El sistema presidencialista tiene aspectos positivos, pero conlleva el riesgo de polarización. Es el modelo que abrazó Iberoamérica siguiendo a Estados Unidos, pero condicionado por los problemas estructurales de sus sociedades. A esto se unió en el siglo XIX la tendencia al caudillismo transformado ahora en el populismo imperante. Es cierto que el sesgo ideológico hace que se vea en España con más simpatía a los radicales de izquierdas mientras sus rivales son la ultraderecha. Es algo que encontramos, también, en los análisis o comentarios de algunos periodistas que no forman parte de la poderosa y omnipresente izquierda mediática. Estos días hemos escuchado en los medios públicos referirse a Lula como un político de izquierdas y progresista que busca la justicia social. En cambio, Bolsonaro es un ultraderechista, que apela a Dios y la patria a la vez que defiende que los brasileños puedan llevar armas. Cada vez hay más armas por su culpa. Esto conduce a pensar que estamos ante un hombre violento e iracundo en contraste con el salvador de los pobres. Es la caricatura habitual. No se puede negar que hay un incuestionable sesgo ideológico que condiciona la información y la opinión.

Desconozco quién ganará en Brasil. La realidad es que Bolsonaro ha salido reforzado tras el fracaso de las encuestas. Los pijoprogres españoles habían lanzado las campanas al vuelo y esperaban que Lula saliera en la primera vuelta. No ha sido así. Ahora están estupefactos por el apoyo obtenido por el presidente brasileño. Es cierto que nuestros politólogos y periodistas son más listos que ese 44% de brasileños que votan a la ultraderecha. Esos energúmenos, dicho irónicamente, son los que quieren que Brasil sea la versión moderna del Salvaje Oeste y que la deforestación acabe con el Amazonas. El «ultraderechista» es un personaje peligroso que muestran siempre con cara de enfado y le acusan de traer pobreza. En cambio, el «izquierdista» es un hombre de bien que se preocupa por el pueblo frente al defensor de los ricos. Me imagino que les sonará este discurso, porque también se repite en nuestro país. Esta caricatura no tiene nada que ver con la realidad. La victoria de los candidatos de Bolsonaro, además de su resultado electoral en la primera vuelta, muestra que la propaganda progre es basurilla partidista.

Francisco Marhuenda es catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).