Política

Pornosocial

Hay tal escasez de misterio que florecen las teorías de la conspiración, que se han convertido en los nuevos arcanos de la contemporaneidad

Esta época no deja mucho espacio a la imaginación. Eso, teniendo en cuenta que la imaginación es «un proceso creativo», que requiere de la combinación de elementos muy dispares, pero complementarios (información, experiencias sensoriales e intelectuales, memoria, lógica y razón, pero también intuición, extravagancia y desorden lúdicos…). Todos ellos se coordinan entre sí dando resultados inéditos, que pueden conquistar grandes logros, desde evocar nuevos mundos a aportar soluciones a los problemas de éste. Mi impresión es que nuestra época es pornográfica, no solo en el sentido literal que hace relación al sexo (que también), sino porque lo impúdico semeja ser el primer mandamiento filosófico de una sociedad que lo muestra todo de manera grosera, sin dejar ningún espacio al enigma. Hay tal escasez de misterio que florecen las teorías de la conspiración, que se han convertido en los nuevos arcanos de la contemporaneidad. También se percibe el deseo de cierta reserva y secreto, de ensueños y de épica, en el gusto por la fantasía que se puede apreciar en las corrientes narrativas de éxito (cine, televisión, literatura de género…). Si bien, la pornosociedad es incompatible con la imaginación, porque lógicamente ambos conceptos son opuestos, como feroces contrincantes. O prevalece lo pornosocial o vence la imaginación. Así que no resulta fácil construir contextos imaginativos, ni siquiera elaborar pensamientos ingeniosos, en esta época. Y la política tampoco se salva del signo de los tiempos. La sexualidad, en las sociedades primitivas, alcanzó un carácter mágico y sagrado, sobre todo porque aún estaba envuelta en el misterio de lo que no se comprendía biológicamente y, por tanto, se ensalzaba como prodigioso y divino, religioso en suma. En etapas recientes, esencialmente desde mayo de 1968, la sexualidad ha logrado invadirlo todo (incluidos, de manera preocupante, los afanes del poder legislativo). Pero si tenemos en cuenta que la palabra «pornografía» proviene del griego y significa literalmente «lo escrito o ilustrado sobre las prostitutas y la prostitución», estamos en condiciones de entender mejor, no solo los tiempos que nos han tocado, sino también muchas leyes que sufrimos. Tan aguerridamente.