Insensateces

Badajoz

Feijóo no es más que el reflejo cansino de todos nosotros, de estos seres humanos que vivimos en unos de los mejores países del mundo, empeñados en hacernos de menos

Badajoz no es Andalucía. Esto hay que llevarlo un poquito preparado, la verdad. Yo comprendo que, llega un momento, en el que uno no sabe si sube o si baja pero no está bonito no saber distinguir entre lindes. Las lindes en España son tan importantes que no admiten bromas, sólo admiten juzgado y mal rollo. Se fue el otro día el Presidente del PP a Badajoz y dijo que percibía ilusión cada vez que va a Andalucía. Luego trató de salir airoso e hizo un chistecito que aplaudieron sus fieles, pero que, calculo, no sirvió para calmar a los extremeños, gente extraordinariamente olvidada por las administraciones centrales. No hay más que tratar de llegar a cualquiera de las dos provincias en tren: se accede antes en diligencia. El caso es que, visita Feijóo la zona para inaugurar la campaña electoral, y perpetra una cagada monumental, a consecuencia de lo cual, le caen dobladas. Dobladísimas y con toda la razón. Yo comprendo que no se pueda estar al tanto de la geografía de Letonia pero, oiga, que en Badajoz también se cuentan los votos para lo suyo, que es lo mínimamente exigible que se conozca Vd el territorio. Todos nos equivocamos, todos metemos la pata, pero no todos presentamos nuestra candidatura para presidir un país. Sin embargo, esa falla no es exclusiva, no se la ha comprado para él sólo Alberto Núñez Feijóo. Hay españoles que no conocen su tierra. No conocen su provincia ni su región. Es más, presumen de no saber dónde está Murcia. Han ido a Ámsterdam, sí, y a Londres, pero les resulta imposible la distancia entre Tarragona y Ciudad Real. No saben distinguir entre Fuerteventura y Formentera, ni entre Palma y Las Palmas. No se han preocupado por localizar las provincias canarias, ni qué islas incluye cada una, ni cuál es la capital. No saben lo bonita que es Jaén, Palencia, Zamora. No se han acercado jamás a Teruel. Así que, Feijóo, no es más que el reflejo cansino de todos nosotros, de estos seres humanos que vivimos en unos de los mejores países del mundo, empeñados en hacernos de menos, empeñados en despreciar esa maravillosa diferencia continua. Así que, oigan, Badajoz, en el fondo, somos un poco todos.