El buen salvaje

La canción del verano de Óscar Puente

He sufrido que los trenes vivan el mejor momento de su historia, según dejó dicho el ministro con toda la jeta, y me he acordado de él, santo varón, varado en la vía, pensando en que eso sucedía por lo bueno que era el sistema

No sabemos, o al menos no sé, dónde estaba ayer Óscar Puente cuando se incendió un tren en Ciudad Real y fueron evacuados 210 pasajeros. Puente, el hombre que señala a los gobernantes que se van de vacaciones y ocurre un siniestro en su tierra, menos a él mismo, y a su propio jefe, parada y fonda en Andorra. Puede que jugara al golf o hiciera experimentos en twitter. La canción del verano promete prolongarse en un mix de la canción del otoño y de la eterna canción en que se está convirtiendo la política. Habría que abolir los incidentes en los trenes y los incendios, que es la mejor manera de que no se produzcan, pero más allá, en el deseo de la nueva temporada que comienza, estaría bien abolir este ir y venir del carajo de los ministros faltones que no arreglan nada de lo que tienen asignado.

Óscar Puente es un clásico, por eso lo propongo como el Georgie Dann del verano de 2025, ahora que dicen que no ha habido un ganador unánime en el pódium de la melodía machacona de esta temporada de chiringuito. Tanto cantarle «La barbacoa» a los presidentes autonómicos del PP que se encuentra con el retrato de un tren en llamas y un discurso que es papel quemado. He sufrido que los trenes vivan el mejor momento de su historia, según dejó dicho el ministro con toda la jeta, y me he acordado de él, santo varón, varado en la vía, pensando en que eso sucedía por lo bueno que era el sistema.

Los 210 afectados de ayer tenían cada uno su propia historia. De vuelta de vacaciones, una cita furtiva, la última oportunidad para ver a una madre viva. Para el socialismo somos números decimales. Menos que cero. Merecen mejor trato las vacas que ya no pastan o los burros que se extinguen. A la vista de las mentiras que nos cuentan somos insectos kafkianos que asumen la propia desgracia, absortos en la luz que irradia el Gobierno, como polillas aquejadas de fototaxia.

Agosto ha sido otro mes de discursos vacuos con los que echarle redaños porque o se pone valor o no hay nada. Tenemos un Gobierno valiente que sabe mentir mirándote a los ojos y que alista para la causa a personajes fatuos trufados de improbables analistas políticos, más mamporreros de pesos pesados como Mike Tyson que divinos bailarines a lo Muhammad Alí porque lo que importa no es convencer con fuerza y elegancia sino tirar a la lona al adversario a toda costa. Al ministro solo le valdría el tren para intercambiar «asesinatos», como Agatha Christie o Alfred Hitchcock.