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Juana y el juez

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Tiempo de lectura 2 min.

29 de julio de 2018. 19:53h

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Paloma Pedrero 29/7/2018

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O Juana Rivas está rematadamente desequilibrada, cosa improbable, o la sentencia contra ella es rematadamente desequilibrada. ¿Cómo es posible privar a la madre de la patria potestad de sus hijos durante seis años? Una mujer que los ha parido, que los quiere, que tiene un buen vínculo afectivo con ellos, que ha luchado por protegerles de un padre con una condena por maltrato machista; un padre que declaraba en prensa el año pasado que la hundiría porque él tenía dinero y buenos abogados. Las leyes, como sabemos, van siempre por detrás de la realidad. Las leyes, como sabemos no son siempre justas, pero si, además, ha de interpretarlas un humano, pueden ser hasta indignas. Este humano, el juez Piñar, juzga en su sentencia cuestiones personales de la imputada. La acusa, por ejemplo de explotar el argumento del maltrato, de utilizar los medios de comunicación, e incluso se permite valorar el "equivocado" asesoramiento legal recibido. Señor juez, si usted piensa que a Juana Rivas no la han asesorado bien sus abogados, ahí está usted para corregirlo, nunca para castigar a la victima por ello. Hay una frase de la sentencia que me llama especialmente la atención: "Seguramente había momentos de tensión, desacuerdos, disputa o discusión, pero de ahí al maltrato hay una diferencia". ¿Es ecuánime esta creencia suya? ¿Piensa que una mujer huye y se esconde de su marido, aun a riesgo de lo que se le viene encima, porque en su casa haya momentos de tensión o disputas? Es absurdo. Y la condena es desproporcionada. Esos niños necesitan a su madre, y cada día que pasen sin ella será una muesca más de pena en sus corazones. Una injusticia trágica.

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