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Una decisión política y precipitada

Tiempo de lectura 4 min.

14 de mayo de 2019. 22:26h

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14/5/2019

La ministra de Defensa en funciones, Margarita Robles, no sólo se empeñó ayer en mantener una versión absurda sobre los motivos de la retirada de la fragata «Méndez Núñez» del grupo de combate aeronaval norteamericano del que formaba parte, sino que entró en franca contradicción con las explicaciones que, a su vez, proporcionaron a la opinión pública la ministra Portavoz en funciones, Isabel Celaá, y el ministro de Asuntos Exteriores, igualmente en funciones, Josep Borrell. Así, donde Robles habla de decisión por «razones técnicas», sus colegas en el Gabinete se refieren, mucho más cerca de la realidad, a la probabilidad de que el buque de guerra español acabara involucrado en una operación contra Irán, que, al parecer, estaría entre los planes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Estamos, pues, ante una decisión eminentemente política, con varias derivadas que, a medio plazo, pueden causar graves perjuicios a los intereses nacionales, tanto estratégicos como industriales, y que, a priori, hubieran sido merecedores de una detenida reflexión. En primer lugar, porque se ha incumplido un convenio de cooperación firmado con Washington hace dos años que contemplaba paladinamente que la «Méndez Núñez» navegara formando parte de una potente flota de la US Navy que, en su singladura alrededor del mundo, iba a surcar aguas del Sudeste asiático y del mar de China, en una clara demostración de fuerza frente a las pretensiones expansionistas de Pekín, país con el que España mantiene buenas relaciones diplomáticas y comerciales. Si la participación de la Armada española en esa misión no causaba, por lo visto, inquietud alguna al Gobierno ante la probable reacción china, no se entiende la repentina orden de retirada, sin esperar a la evolución de los acontecimientos en el Golfo Pérsico y, sobre todo, sin proporcionar a la flota aliada el tiempo razonable para adoptar las medidas operativas que considerara necesarias. Porque la ausencia de un buque de escolta, de amplias capacidades antiaéreas y antisubmarinas, como es la fragata en cuestión, no es inocua para el mando de la flota. La «Méndez Núñez» cumplía su parte en el grupo de combate en el que estaba integrado, puesto que así se estableció en el convenio, y no navegaba en conserva como simple figurante. Por supuesto, no se trata de defender en modo alguno la participación española en una hipotética crisis bélica con Irán, pero sí insistir en que el Ejecutivo en funciones no se hallaba en una situación de hechos consumados y podía haber resuelto el problema en buenos términos con Washington, cuya diplomacia, frente a los tópicos, es de las más profesionales del mundo. Una vez más, como con la pifia saudí, la precipitación de la ministra Robles deja a España como país escasamente fiable. Con un problema añadido y no, precisamente, menor. La fragata «Méndez Núñez» no sólo aprovechaba la extraordinaria oportunidad de operar en condiciones reales con la Armada más potente y moderna del mundo, con los beneficios de adiestramiento que es fácil suponer, sino que era el escaparate perfecto de la empresa española «Navantia», que es una de las firmas internacionales que compiten por el contrato de construcción de 20 fragatas para la US Navy, dentro del programa «FFG(X)», que está en fase de resolución. En efecto, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos está evaluando el diseño de la clase F-100 española, a la que pertenece la «Méndez Núñez», como posible base para sus futuros buques de defensa de litoral. La retirada de la misma no favorecerá, seguramente, la disposición de Washington hacia la oferta española. En definitiva, estamos ante una decisión precipitada, mal ejecutada en tiempo y forma, y que no deja en buen lugar a España.

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