Parresía

Francisca

Los políticos que pueden hacer que las cosas cambien no están allí. Están negociando con los independentistas catalanes amnistía e indultos para quienes se queden fuera de la ley, al gusto de Puigdemont

Si te paras a pensarlo, tenemos un puñado de problemas en común. Las guerras crónicas en Oriente Próximo y Ucrania han generado un nubarrón de incertidumbre global con consecuencias directas aquí, en Europa. Somos bastante más débiles que antes, en lo político y en lo económico.

A los españoles nos han confirmado oficialmente que los precios de los alimentos siguen subiendo, aunque no haya más que darse una vuelta por el supermercado, para sufrirlo. Tampoco nos ayuda esta sequía desconocida, que tanto atemoriza a nuestro motor turístico y a esos miles de trabajadores del campo, guerreros por sus derechos.

Al sur del sur, en Canarias, están completamente desbordados de cayucos rebosantes de menores, que no todas las Comunidades están dispuestas a acoger. Y en el Campo de Gibraltar, ha tenido que producirse otra tragedia para que seamos conscientes de que Policía, Guardia Civil y demás efectivos que combaten el narcotráfico se sienten como David contra Goliat. Y encima, menospreciados por un Gobierno cuya cúpula no ha tenido siquiera el detalle de personarse en los funerales de los dos últimos agentes asesinados por los narcos. Indignados, al saber que el PSOE ha negado en Bruselas su condición de grupo de riesgo.

Una semana después de lo de Barbate, no me quito de la cabeza a mi paisana Francisca. La mirada y la voz entrecortada de esa madre en shock y, sin embargo, locuaz por necesidad, dándole voz a ese hijo que ya no tiene. Explicando el desafío diario de Miguel Ángel y sus escasos compañeros sobre el terreno, jugándose la vida en el mar con unos medios ridículos, con una flota averiada.

Los políticos que pueden hacer que las cosas cambien no están allí. Están negociando con los independentistas catalanes amnistía e indultos para quienes se queden fuera de la ley, al gusto de Puigdemont. Están en Galicia, apurando las horas para captar votos. No falta nadie en campaña, amigos. Líderes nacionales y estrellas regionales se despliegan sobre el terreno, luchando cada uno por lo suyo.

Alfonso Rueda no contempla otro escenario que la mayoría absoluta, por lo que se juegan él y Núñez Feijóo. Veremos qué pasa con el voto joven y su hipotético apoyo a la nacionalista del BNG Ana Pontón, porque los demás candidatos, sencillamente, se han difuminado, especialmente el socialista Gómez Besteiro, que más parece ahora el segundo de Pontón, con tal de que el PP no revalide allí su mayoría absoluta.

Demasiados desafíos y problemas tenemos entre manos los españoles. Necesitamos una clase política a la altura, que lidie con el desencanto comprensible de un país que tiene clarísimo que sus representantes tienden a mirar por sí mismos antes que por el bien común.