Las correcciones
Lágrimas por Keir Starmer
El pesimismo se apodera del laborismo ante la pérdida de credibilidad de su líder en el primer año en el poder
El primer ministro británico, Keir Starmer, celebra hoy, 4 de julio, el primer aniversario de su arrolladora victoria en las urnas, y, aunque quedan cuatro años por delante, el ambiente entre las filas laboristas es de luto. El editor de política de la BBC, Chris Mason, contaba esta semana que no es tanto lo que dicen los cuadros del partido sino cómo lo dicen. El pesimismo es generalizado y afecta tanto a los miembros del Parlamento como a los del Gobierno. Todos apuntan a una falta creciente de liderazgo que está dilapidando la credibilidad del primer ministro laborista. Las lágrimas de su ministra de Finanzas, Rachel Reeves, durante la sesión de control del miércoles se han convertido en una metáfora de este abatimiento. Una imagen vale más que mil palabras.
Reeves se descompuso en público cuando el primer ministro británico evitó asegurar su futuro en el cargo. La líder de los «tories», Kemi Badenoch, calificó a Reeves de «escudo humano» ante la «incompetencia» del primer ministro británico. Los rumores sobre una salida anticipada de la ministra de Finanzas provocaron el desplome de la libra. Tuvo que intervenir un portavoz del Número 10 para asegurar que Rachel Reeves seguía contando con el «pleno apoyo» del «premier».
El episodio en Los Comunes confirmó lo que los analistas de la City barruntan desde hace días: la agenda económica del Gobierno se desmorona. Todos recuerdan a Liz Truss y Kwasi Kwarteng. La escena de Los Comunes se produjo un día después de que Starmer se viera obligado a claudicar ante el ala rebelde de su partido para evitar una vergonzosa derrota. Para «The Times» la rendición del primer ministro fue de por sí una «humillación» para el primer ministro que sufre un golpe difícil de reparar. El primer ministro británico renunció a su propuesta estrella para endurecer los criterios del acceso a la incapacidad laboral y reducir, de este modo, el coste de las prestaciones sociales dirigidas a la población en edad de trabajar. Las concesiones diluyen la ambiciosa reforma del Estado del bienestar y dejan en el aire el ajuste de 5.000 millones de libras necesario para equilibrar las cuentas públicas. Rachel Reeves se convirtió en una víctima colateral, pero aunque fue ella la única que lloró en público, el primer ministro ha quedado igualmente debilitado. El giro de 180 grados de última hora en la reforma de las prestaciones sociales ha tenido un coste político enorme para los laboristas. No en vano, es el tercer cambio de postura del primer ministro británico en un mes. En unas semanas ha tenido que dar marcha atrás a la supresión de la ayuda universal para la calefacción de los jubilados y en la apertura de una comisión de investigación nacional sobre una red de bandas de pederastas.
Starmer no ganó las elecciones, fueron los «tories» las que las perdieron estrepitosamente después de 14 años en el Gobierno y del desfile de cinco primeros ministros. Los líderes se forjan en el ejercicio del poder y el ex Fiscal General podría haber demostrado a los británicos que era «el hombre tranquilo» que el país necesitaba tras los años peligrosos del Brexit, pero cada vez parece más claro que Keir Starmer es una oportunidad perdida.