Sin Perdón

Pelea de ministras

«Es pintoresco que la titular de Igualdad acuse a Llop de querer “volver a preguntar a las mujeres si han cerrado bien las piernas”»

La ministra de Justicia, Pilar Llop (i) junto a la portavoz del Gobierno y ministra de Política Territorial, Isabel Rodríguez (c) y la ministra de Igualdad, Irene Montero (d)
La ministra de Justicia, Pilar Llop (i) junto a la portavoz del Gobierno y ministra de Política Territorial, Isabel Rodríguez (c) y la ministra de Igualdad, Irene Montero (d)JUAN CARLOS HIDALGOAgencia EFE

Pilar Llop es, sobre todo, una magistrada que cuenta con una excelente formación jurídica y siempre muestra un trato amable y educado. Por supuesto, otra cosa son los debates parlamentarios o los mítines. Es, además, la ministra de Justicia, algo temporal en su carrera profesional, aunque reconozco que me gusta mucho su condición de Notaria Mayor del Reino. Este tipo de oficios medievales son parte de nuestra brillante historia. Es una lástima que otras denominaciones, para cargos que actualmente existen, no se hayan mantenido hasta nuestros días. No sucede lo mismo en el Reino Unido, donde se produce esa continuidad. En otros aspectos, como nuestra Monarquía, les superamos. Es fácil llegar a la conclusión, tras leer las lamentables memorias del príncipe Enrique, que su Familia Real, empezando por el rey, está formada por memos, fatuos, incompetentes, acomplejados y pijos pretenciosos. No hay duda de que Henry/Harold es una máquina de hacer republicanos. ¿Qué se puede esperar de su padre, Carlos III, que sigue apegado al osito de peluche de su niñez? Volviendo a Llop, supongo que le debe resultar muy dura esa pelea de ministras. Le será cansino discutir sobre Derecho y Justicia con Montero, que es solo una activista política que actúa de forma estrafalaria como si estuviera en una asamblea de la facultad.

En esta pelea de ministras que se ha desatado con la chapucera ley del «solo sí es sí», es pintoresco que la titular de Igualdad acuse a Llop de querer «volver a preguntar a las mujeres si han cerrado bien las piernas». No hay duda de que su nivel es lamentable y sus argumentos no pueden ser más zafios. Montero sigue con su pretensión de erigirse en la única defensora de los derechos de las mujeres mostrando el fanatismo característico de los comunistas. El integrismo y el populismo no son males propios de los tiempos actuales, sino que son algo habitual, desgraciadamente, desde hace siglos. Montero, al igual que Iglesias o Belarra, son, sobre todo, integristas ideológicos y políticos populistas. Es una posición muy cómoda para esconder su ignorancia en temas jurídicos y en otros muchos, así como crear confusión con mentiras sobre el consentimiento. Llop ha sido, es y será siempre una jurista comprometida en la defensa de las mujeres. Desde luego, nadie le puede dar lecciones.

Francisco Marhuenda es catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)