Tribuna

A propósito de hoy. Benedicto XVI y España

El Papa Benedicto valoraba grandemente como pocos a España, que, según él mismo, contribuyó de manera decisiva a la construcción de Europa

A propósito de hoy. Benedicto XVI y España
El Papa Benedicto XVI recibido por el entonces príncipe Felipe y Doña Letizia, en su visita a Santiago.30/12/2022Raúl

En estos momentos que estamos viviendo en España, sería seguramente bueno y saludable pararnos un poco para reflexionar sobre algunos temas básicos como democracia, bien común, persona, verdad, libertad, memoria… Es posible que ofrezca mi reflexión, en una publicación futura, sosegada y amplia sobre estos temas. Pero sí, lo que voy a hacer ahora es recodar algunas de las cosas que nos dijo Benedicto XVI a España que también nos puede venir muy bien en estos momentos.

Estuvo varias veces en España. Él valoraba grandemente como pocos a España, que, según él mismo, contribuyó de manera decisiva a la construcción de Europa, desde y por el Tercer Concilio de Toledo, y de las peregrinaciones medievales a Santiago de Compostela.

Ya Papa, ante el Embajador en la Santa Sede, mostró su aprecio por este querido país, dejando, en sus palabras, una de las más bellas y ajustadas semblanzas que se ha hecho de España: «He tenido ocasión de visitar varias veces su país, del cual guardo un recuerdo muy grato, tanto por la amabilidad de las personas con quienes me he encontrado, como por la abundancia y alto valor de las numerosas obras de arte y expresiones culturales diseminadas por su geografía. Es un patrimonio envidiable, que denota una brillante historia, imbuida profundamente de valores cristianos, y enriquecida por la vida de eximios testigos del Evangelio, dentro y fuera de sus fronteras. Este patrimonio comprende obras en las que sus creadores han plasmado sus ideales de fe. Si esto se ignorara o acallara, perdería buena parte de su atractivo y significado, pero seguirían siendo, por decirlo así, “piedras que hablan”».

Y añadía: «las multiseculares relaciones diplomáticas entre España y la Santa Sede, como Vuestra Excelencia ha indicado, reflejan el vínculo constante del pueblo español con la fe católica. La gran vitalidad que la Iglesia ha tenido y tiene en su país es como una invitación especial a reforzar dichas relaciones y fomentar la colaboración estrecha entre ella y las instituciones públicas, de manera respetuosa y leal, desde las respectivas competencias y autonomías, con el fin de lograr el bien integral de las personas que, siendo ciudadanos de su patria, son también en gran medida hijos muy queridos de la Iglesia».

Esa era y fue la postura del Papa con España, con la Iglesia en España, a la que dirigiéndose a los Obispos en Valencia ante el Santo Cáliz de la Cena, dejó como la ruta que habíamos de seguir, en la que ya nos encontramos, con estas palabras tan emblemáticas: «Sabéis que sigo de cerca y con mucho interés los acontecimientos de la Iglesia en vuestro país, de profunda raigambre cristiana y que tanto ha aportado y está llamada a aportar al testimonio de la fe y a su difusión en otras muchas parte del mundo. Mantened vivo y vigoroso este espíritu, que ha acompañado la vida de los españoles en su historia, para que siga nutriendo y dando vitalidad al alma de vuestro pueblo. Conozco y aliento el impulso que estáis dando a la acción pastoral en un tiempo de rápida secularización, que a veces afecta incluso a la vida interna de las comunidades cristianas. Seguid, pues, proclamando sin desánimo que prescindir de Dios, actuar como si no existiera o relegar la fe al ámbito de lo privado, socava la verdad del hombre e hipoteca el futuro de la cultura y de la sociedad. Por el contrario, dirigir la mirada al Dios vivo, garante de nuestra libertad y de la verdad, es una premisa para llegar a una humanidad nueva. El mundo necesita hoy de modo particular que se anuncie y dé testimonio de Dios que es amor y, por tanto, la única luz que, en el fondo, ilumina la oscuridad del mundo y nos da la fuerza para vivir y actuar... Proclamad que Jesús es “el Cristo, el Hijo de Dios vivo”, “el que tiene palabras de vida eterna”, y no os canséis de dar razón de vuestra esperanza».

Una constante de su magisterio universal, no sólo para España, afirmó una y otra vez que lo que está en juego en la situación que vivimos es el hombre, la verdad del hombre, su dignidad inviolable y su valor por el hecho de ser hombre, criatura de Dios. Una sociedad en convivencia y vertebrada, con futuro, y esperanzada, necesita asentarse y fundarse en la verdad, en unos valores fundamentales e insoslayables sin los que se la pondría en serio peligro y sin capacidad de progreso. La sociedad necesita de una base antropológica adecuada y verdadera. La sociedad es posible en un Estado de derecho. Más aún, sobre la base de una recta concepción de la persona humana. La persona humana, su dignidad, el hombre, el ser humano, es el fin inmediato de todo sistema social y político, especialmente del sistema democrático que afirma basarse en sus derechos y en el bien común que siempre debe apoyarse en el bien de la persona y en sus derechos fundamentales e inalienables. Es principio básico en una sociedad en convivencia, democrática, en concordia y vertebrada, con futuro y esperanza, el «todo hombre es un hombre». Nos ayudaría en esto las enseñanzas del gran Papa, Benedicto XVI, releerlas hoy y aplicarlas.

Antonio Cañizares Lloveraes cardenal y arzobispo emérito de Valencia.