Operación limpieza del Papa Francisco

En pleno escándalo por los desfalcos, el Vaticano se somete a una auditoría

Una comitiva de hombres de negro recorre desde hoy los despachos vaticanos. Son los enviados de Moneyval, el comité europeo encargado de vigilar el lavado de dinero y la financiación del terrorismo. La última auditoría se produjo en el año 2017, cuando los expertos apreciaron los avances del Vaticano en la lucha contra la corrupción, aunque reclamaron «más esfuerzos para activar procedimientos judiciales». Es justo lo que se propone en estos momentos el Papa Francisco, quien inició el pontificado con la misión de limpiar las cuentas de la institución y ahora pretende dar un segundo impulso.

Muestra de ello es que el «caso Becciu» se encamina a un juicio por malversación de fondos, según anticiparon ayer varios medios italianos, en el que estaría imputado su principal protagonista. Hasta ahora estaban siendo investigadas y se había detenido a seis personas, pero no al ex número tres del Vaticano, Angelo Becciu, al que el Papa le obligó a renunciar la semana pasada y le desposeyó de los derechos cardenalicios.

Becciu se sentará en el banquillo próximamente, según estas informaciones, acusado de provocar un agujero en las cuentas de la Santa Sede mediante inversiones inmobiliarias ruinosas en Londres -con la colaboración de un empresario angoleño- y de haber favorecido a sus hermanos desviando donaciones a las cooperativas de estos.

Como sustituto de la Secretaría de Estado, Becciu tenía el control de unos 700 millones de euros, entre los que se incluyen los fondos del Óbolo de San Pedro, el órgano vaticano dedicado a las obras de caridad.

Ayer, el «Financial Times» añadió que se están investigando más operaciones autorizadas por el religioso, por valor de más de 100 millones de euros, destinadas a reformar apartamentos de lujo en la capital británica. El implicado no sólo ha reiterado su inocencia, sino que su familia ha presentado una denuncia por difamación y calumnias.

«Batalla» en dos frentes

El Vaticano deberá prepararse en dos frentes. En el ámbito judicial, acaba de nombrar nuevo fiscal al abogado italiano Gianluca Perone, experto en derecho empresarial, bancario y societario. Perone se une a Carmelo Bargagallo, un juez italiano especializado en asuntos de corrupción, que ya fue incorporado hace un año.

Mientras, en el aspecto organizativo, Francisco le ha confiado la limpieza de las cuentas al español Juan Antonio Guerrero, jefe de la Secretaría de Economía, que asume el control de todos los organismos financieros vaticanos. En los últimos años la Secretaría de Economía y la Secretaría de Estado –a la que pertenecía Becciu– han mostrado sus discrepancias.

Por su arte, el cardenal hondureño Óscar Rodríguez Maradiaga, muy cercano a Francisco, manifestó ayer en el diario «La Repubblica» que el Papa está «dispuesto a acabar con los tesoros ocultos en los distintos entes vaticanos».