¿De qué lado estamos?

Textos de oración ofrecidos por el sacerdote – vicario parroquial de la parroquia de La Asunción de Torrelodones, Madrid

¿De qué lado estamos?José Javier Míguez Rego.José Javier Míguez Rego.

Lectio Divina del evangelio de este domingo de Cristo Rey

¿De qué lado estamos? Es la pregunta que será respondida cuando nuestra vida se someta al examen definitivo. La medida que se usará para evaluarnos ya nos ha sido revelada por Cristo: la caridad. En el amor practicado hacia cada hermano se encuentra nuestro camino para encontrar a Dios y entrar a su reino.

«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”. Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”. Y el rey les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”. Entonces también estos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”. Él les replicará: “En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”. Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna» (Mateo 25, 31-46).

Con estas palabras leídas en esta Fiesta de Cristo Rey concluye el Año Litúrgico que hemos celebrado. Ellas nos hablan de un cierre, y de recoger el saldo de lo que se ha sembrado. Así nos tocará asumirlo en nuestro momento final, cuando tengamos que rendir cuentas de nuestra propia vida ante Aquel que nos la dio para que la ofreciéramos con generosidad. ¿De qué lado quedaremos en ese momento? ¿Mereceremos la alabanza o el reproche, el premio o el castigo? Ante el Señor no hay medias tintas: “El que no está conmigo está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”, sentencia en otro pasaje (Mateo 12, 30). Cristo asume como hecha o dejada de hacer a sí mismo cada acción realizada u omitida hacia otra persona. Por tanto, en el prójimo encontramos a Dios; el hermano es nuestra vía para alcanzarlo. Él está en el hambriento de alimento y también de atención, en el sediento físico y en el que padece una sed espiritual, en el carente de ropas y en el que ve violentada su dignidad, en los presos de sí mismos y en los cautivos de la injusticia. No podemos permanecer indiferentes ante estas realidades.

Este evangelio está dirigido por parte de Jesús específicamente a “los suyos”. A diferencia de otros pasajes, en los cuales él interpela a los judíos o se acerca a los paganos, el texto de hoy es para los que ya formamos parte de su comunidad, y que quizá hemos relajado la radicalidad de nuestra fe. De hecho, en la comunidad original de Mateo sucedía que muchos iban perdiendo el empuje inicial viendo que la segunda venida de Cristo se retrasaba. Se corría entonces el riesgo de dejarse llevar sin más por lo inmediato de este mundo, procurando una vida acomodada y olvidando las necesidades de los demás. Es la tentación de “mundanizarse”, ante la que Cristo exige la radicalidad del amor, que es lo distintivo de su reinado. Él se hace esperar, pero llegará, y lo hará precisamente “como ladrón e la noche”, cuando no se le esté esperando. La caridad, entonces, abre nuestros ojos para no perderlo de vista. En el amor vivido al hermano mantenemos esa vigilancia que nos hará estar preparados para el examen definitivo.

Dios nos da hoy la oportunidad de ponernos a tono con respecto a las preguntas últimas desde las que nos examinará. No dejemos de corregir lo que sea necesario. Por eso, tomemos ahora el texto del evangelio y examinemos nuestra vida desde esas interrogantes decisivas que el Rey del universo nos dirigirá. ¿Quiénes son los hambrientos en que he de alimentarlo hoy a él, los desposeídos por asistir, los enfermos y cautivos por visitar? ¿Cuáles son las obras concretas de amor que no puedo dejar de practicar en mi momento presente?