Tumores cerebrales: los avances quirúrgicos suplen el vacío farmacológico

Las novedades en el quirófano junto a las técnicas de imagen sirven para paliar los fracasos en la consolidación de nuevas moléculas

«Llevamos años sin novedades, con fracasos terapéuticos a pesar de los esfuerzos tan grandes que se han hecho en el campo de la investigación», explican desde SEOM. SHUTTERSTOCK

Supone uno de los desafíos de la Medicina del siglo XXI: conocer la biología del cerebro, saber cómo funciona, qué mecanismos se desencadenan según qué procesos... Porque como ha afirmado en más de una ocasión el Premio Nobel, Eric Kandel: «Sólo conocemos el 15% de este órgano y antes de buscar qué falla debemos comprender cómo funciona para detectar sus errores». Y así es, uno de los retos de la Oncología se centra en poder saber cómo los tumores se apoderan del cerebro, de qué manera se expande y cuáles son las mejores vías para hacer llegar los fármacos a sus rincones.

Juan Manuel Sepúlveda, portavoz de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y presidente del Grupo Español de Investigación en Neurooncología (Geino), lamenta que «llevamos años sin novedades, con fracasos terapéuticos a pesar de los esfuerzos tan grandes que se han hecho en el campo de la investigación». Este experto, que además es neurólogo y oncólogo médico del Servicio de Oncología Médica del Hospital 12 de Octubre de Madrid, explica que «manejamos los glioblastomas con una quimioterapia concurrente que data de 2005. Y lo hacemos bien, porque hemos aprendido a usar de la mejor forma posible las opciones existentes. Y por eso, obtenemos tasas de respuesta positivas en muchos campos».

tumores cerebralesJosé Maluenda

Porque los médicos, que hoy forman equipos multidisciplinares a modo de «ejércitos» que combinan todas las especialidades posibles (oncólogos, neurólogos, patólogos, radiólogos, enfermeras...) se enfrentan a un órgano en el que el cáncer no se localiza en un sitio concreto, sino que «se expande. Son difusos e infiltrantes. Hay más de 150 tipos, aunque los más comunes son los glioblastomas», explica Sepúlveda. Estos representan entre un 15-17% de todos los tumores cerebrales primarios y es el más frecuente (50–75%) de los gliomas (que afecta a las células glía que están por toda la cavidad cerebral).

Frente a este desierto farmacológico que dibuja el presidente de Geino, se encuentra la explosión de novedades que el especialista en Neurocirugía de la Clínica Universidad de Navarra, Bartolomé Bejarano Herruzo, destaca: «En los últimos diez años se han dado una serie de avances tecnológicos que nos han permitido acceder a zonas del cerebro antes imposibles y resecar –extraer– neoplasias sin dañar los tejidos sanos». Este paso ha supuesto una importante revolución y ha servido para que la combinación de todas las posibilidades terapéuticas eleve la supervivencia de los pacientes. «Porque cada milímetro conservado del cerebro es vida», subraya el doctor Bejarano.

Cáncer en el cerebro: menos impacto

Los tumores cerebrales forman parte de los menos «famosos» por su frecuencia: los tumores primarios del sistema nervioso central (SNC) representan un 2% del total del cáncer en el adulto y hasta casi un 15% en los niños menores de 15 años, según datos de la SEOM. A esto habría que sumar, los denominados secundario, aquellos que proceden de la expansión de los cánceres de otros órganos en forma de metástasis, «como son los de pulmón y mama, aunque muchos otros pueden también hacerlo. El tratamiento de estos tumores metastásicos en el cerebro es, en general, el de la enfermedad que lo origina y la radioterapia cerebral», explica Jaime Gállego Pérez de Larraya, especialista en Neurología de la Clínica Universidad de Navarra.

En niños, este tipo de cánceres requieren de un abordaje más específico, como explica Álvaro Lassaletta, coordinador de la Unidad de tumores cerebrales del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid, «porque debemos tratar este grupo de neoplasias que son las más frecuentes en la población pediátrica, tras las leucemias, a sabiendas que hay que tener en cuenta que estamos ante un órgano inmaduro, que no debemos matar células sanas, para evitar daños a largo plazo». La minimización de daños es el leitmotiv de la terapia pediátrica, como insiste Lassaletta, porque «si se curan podrán tener una vida independiente, no necesitarán ayudas. El tratamiento no se acaba tras la última dosis de quimioterapia o sesión de radioterapia, sino que continúa durante mucho tiempo para comprobar, no sólo que no haya recaídas, sino daños irreversibles a largo plazo».

Los cambios iniciados por la activación neuronal son más complejos y actúan a más niveles de lo que se pensaba hasta ahora.
¿Cómo se relaciona el alzhéimer y el cáncer cerebral?
Recientemente, un grupo de científicos españoles ha desvelado que una proteína asociada a patologías degenerativas está presente en los gliomas. Ésta en cuestión es la denominada TAU, que bloquea la capacidad de las células del glioma para formar nuevos vasos sanguíneos tumorales y dificulta la progresión del tumor. Los resultados podrían ayudar en el diseño de terapias más eficaces y seguras contra esta patología, que se muestra en muchos casos resistente al abordaje con quimioterapia y radioterapia. «Tenemos que empezar a trabajar con los neurólogos para poder conocer cómo los procesos inflamatorios y degenerativos tienen relación o no con el desarrollo de enfermedades tumorales en el cerebro. Porque tras la observación de que si hay neurodegeneración no hay cáncer, debemos estudiar cómo y por qué pasa esto», explica Sepúlveda, que confía que esta nueva línea de investigación abra una puerta importante al conocimiento de las bases moleculares de los procesos de este órgano tan complejo.

Por eso, tanto en niños como en mayores, el objetivo de los neurooncólogos es poner sobre la mesa las necesidades de este tipo de tumores. «Los progresos que nos han permitido las nuevas técnicas de cirugía mínimamente invasiva, con herramientas como los microscopios potentes o las neuroendoscopias, permiten el acceso y retirada sólo de la zona afectada. La resonancia intraoperatoria –que pocos centros españoles tienen– permite la revisión de los resultados de la intervención y corregirla en caso necesario», detalla Bejarano.

¿Por qué no funciona la inmunterapia en el cáncer cerebral?

Aquí la inmunoterapia aún busca su sitio. Mientras en otros tumores, como en pulmón o melanoma, ha supuesto un auténtico cambio en el pronóstico de la enfermedad, «en el cerebro aún precisa de más estudios y ensayos. Trabajamos con vacunas a base de células dentríticas extraídas del propio paciente para estimular su sistema inmune, pero vamos poco a poco», explica Gállego. Por su parte, Sepúlveda confía en que «las nuevas generaciones de fármacos de inmunoterapia traspasen la barrera hematoencefálica –que es un sistema de protección contra la entrada de sustancias extrañas– y lleguen a las células y tejidos tumorales».

El cerebro es un órgano muy especial, «nunca vamos a poder hacer un trasplante del mismo, porque contiene la esencia del ser humano. Pero tenemos que conocerlo más a fondo, porque no hay ganglios centinelas cerca para poder tratarlo, cuesta mucho que los fármacos lleguen. No se pueden realizar determinadas acciones sin comprometer la vida del paciente. La cirugías han de ser precisas y las radiaciones seguras y efectivas. No hay margen de error, porque las secuelas son irreversibles», como manifiesta el presidente de Geino.

Marta Alonso Roldán, investigadora del Área de Tumores cerebrales de la Clínica Universidad de Navarra, es la responsable en España de uno de los proyectos en donde la comunidad científica ha puesto parte de las esperanzas: ayudarse de virus para combatir las células cancerígenas. «Sería como ‘‘domesticar’’ al microorganismo y decirle qué tiene que hacer y cómo. Se trata de emplearlos de forma atenuada y, aunque estamos en plena fase de investigación y queda mucho trabajo por delante, podemos observar ya comportamientos y resultados prometedores en algunos casos observados a largo plazo», explica Alonso Roldán.

Navarra es, junto con el centro MD Anderson de Houston de Estados Unidos, quienes están apostando por el abordaje con virus para el contra el cáncer cerebral más letal: el glioblastoma. Los neurólogos españoles Juan Fueyo y Candelaria Gómez han desarrollado esta herramienta, denominada adenovirus Delta-24. Por otro lado, desde el madrileño hospital pediátrico, Lassaletta confirma que «a finales de año estaremos iniciando un ensayo clínico con virus oncolíticos para poder abordar el meduloblastoma resistente y el tumor difuso del tronco cerebral (letal en el 100% de los casos)».