Los fármacos que aprueban frente al virus

Remdesivir o tocilizumab han demostrado eficacia

Un profesional farmacéutico de Madrid muestra unas cajas de  Fortecortin, un medicamento que contiene  dexametasona, desaconsejado para pacientes leves y, desde luego, para personas sanas
Un profesional farmacéutico de Madrid muestra unas cajas de Fortecortin, un medicamento que contiene dexametasona, desaconsejado para pacientes leves y, desde luego, para personas sanasCristina BejaranoLa Razón

Se define como «medicina basada en la evidencia» el proceso cuyo objetivo es la selección de los mejores argumentos científicos para la resolución de los problemas que la práctica médica, y es el paradigma en el que se apoyan la mayoría de ensayos e intervenciones sanitarias. El problema llega cuando no hay tiempo para conseguir esa evidencia porque una pandemia causada por un virus desconocido afecta el planeta y a los cientos de miles de afectados hay que tratarles con «algo».

Eso es, grosso modo, lo que ha pasado los últimos meses con el Covid-19 y, cinco meses después de su irrupción en nuestras vidas, los ensayos iniciados entonces empiezan a aportar algo de luz sobre cómo abordarlo. Es lo que ha pasado con la dexametasona (los corticoides se han usado prácticamente desde el principio de la crisis si bien es ahora cuando se empiezan a conocer los resultados de dicha intervención) y con otros medicamentos empleados frente al SARS-CoV-2.

El tiempo y la evidencia también han ido confirmando, poco a poco, a remdesivir, un antiviral que, a diferencia de la mayoría de fármacos usados, solo se había probado experimentalmente contra el ébola. Tampoco exento de polémica en un principio sobre su efectividad, los ensayos que se han ido publicando en revistas como «New England Journal of Medicine», le habrían dado el espaldarazo definitivo al demostrarse que su uso reduciría el tiempo de recuperación y que los pacientes que lo reciben logran el alta más rápido que los que no. Otra cosa que la experiencia ha demostrado es que, aplicado de forma precoz ofrece también mejores resultados.

Otra estrategia que se ha mostrado eficaz ha sido la de tratar de frenar la inflamación causada por el coronavirus y la ya famosa «tormenta de citoquinas». En esta línea estaría tocilizumab, un fármaco empleado para la artritis reumatoide que inhibe la interleuquina IL6, y otros con mecanismos de acción similar, como sarilumab, anakinra o ruxolitinib.

También aprueban los fármacos que combaten otro efecto derivado de la acción del coronavirus y la inflamación, esto es, la coagulación y la formación de trombos. Para paliarlo se ha visto que los anticogulantes están siendo una buena opción, sobre todo la heparina.

El caso de la hidroxicloroquina, ha sido, probablemente el más dramático pues ha protagonizado lo que se podría tildar de «culebrón», pasando de ser la gran esperanza contra el virus (para hacernos una idea del volumen de su uso el 86% de los pacientes ingresados en España lo recibieron, según el registro clínico realizado por la Sociedad Española de Medicina Interna) a todo lo contrario. Y si hace unas semanas la mismísima OMS anunciaba que detenía todos los ensayos clínicos en marcha con el fármaco por «elevar la mortalidad» en base a los resultados de un informe publicado por la revista «The Lancet», apenas unos días después, tres de los firmantes se retractaban sobre los resultados del mismo. Lo que está claro es que ya no es el «mirlo blanco» que se esperaba contra la enfermedad.