Depresión, la secuela invisible de la Covid-19

Investigan si el coronavirus penetra en el sistema nervioso central provocando la aparición de sintomatología ansiosa o depresiva

Los expertos aconsejan que los pacientes y sus familiares reciban apoyo psicológico
Los expertos aconsejan que los pacientes y sus familiares reciban apoyo psicológico FOTO: CIPRI PASTRANO DELGADO La Razón

Después de un año conviviendo con el SARS-CoV-2 ya sabemos que los efectos del virus en el organismo van mucho más allá de la afectación pulmonar. Aunque se trata de un patógeno respiratorio, hace mella en todo el cuerpo, provocando consecuencias que resultan invisibles, pero muy incapacitantes: estrés postraumático, depresión, ansiedad, pérdidas de memoria, dificultad en el lenguaje...

Son las otras heridas de los pacientes Covid-19. «Además de las secuelas fisiológicas se observan otras psicológicas como ansiedad o depresión en personas que han pasado la enfermedad. La vulnerabilidad percibida y la gravedad de los síntomas que provoca este coronavirus desencadenan estrés, miedo y falta de control ante lo desconocido, es entonces cuando aparece la ansiedad. Posteriormente suelen darse signos de apatía, desmotivación o desesperanza, todos ellos relacionados con la depresión», asegura Francisco Lara, jefe de servicio de Psicología Clínica del Hospital Quirónsalud Córdoba, centro que ha puesto en marcha una consulta del servicio de Psicología Clínica destinada a pacientes afectados por la Covid-19.

Esta consulta aborda problemas recurrentes en quienes pasan la enfermedad, como pérdidas de memoria, de atención, de las funciones cognitivas (capacidad de planificación, autocontrol conductual, flexibilidad mental), déficit de lenguaje, dificultades de comunicación, pérdida de habilidades visoespaciales, confusión y cambios de comportamiento, ataxia y afectación del estado de ánimo, entre otras. «Para solventarlos se emplea la rehabilitación neuropsicológica, para lo que se realiza una evaluación neuropsicológica completa, se identifican las funciones cognitivas afectadas y preservadas y se lleva a cabo una atención personalizada basada en las necesidades encontradas. De esta manera, se trabaja para mejorar la funcionalidad de las capacidades cognitivas deficitarias, mantener la ejecución y participación de las actividades de la vida diaria, preservar la calidad de vida del paciente, informarle de la etiología, manifestaciones y posibles repercusiones del daño cerebral y promover un rol activo tanto del paciente como de sus familiares en las sesiones de trabajo», detalla Lara, quien recuerda que «en el caso de pacientes ingresados por Covid-19 se puede detectar la necesidad de apoyo emocional debido a una intensa angustia y ánimo deprimido, trastornos del sueño, aislamiento, factores externos estresantes u otras circunstancias que agraven el proceso clínico y la recuperación, y estigmatización de las personas afectadas».

¿Cómo detectarla a tiempo?

La atención psicológica a personas afectadas por esta enfermedad debe tener como finalidad realizar una escucha activa, exploración y seguimiento del estado emocional del paciente y de posibles síntomas de ansiedad y estrés, asegurar la adherencia al tratamiento y realizar ejercicios de relajación y técnicas de distracción, entre otras herramientas terapéuticas. Y es que la pandemia ha provocado un cambio muy brusco en nuestro estilo de vida, aderezado por el miedo y la incertidumbre económica, un cóctel peligroso para aquellas personas con riesgo de problemas psicológicos. «En estos momentos se hace necesaria una adecuada adaptación a esta nueva situación, por eso es importante detectar a tiempo las señales de alarma que indicarían la posible aparición de un proceso depresivo. Hay que estar pendientes de síntomas como pensamientos negativos, de culpa, pesimismo, sensación de cansancio o pérdida de interés por cosas que antes eran gratificantes. Irritabilidad, dificultad para conciliar el sueño o, por el contrario, necesidad de dormir demasiado pueden estar también relacionados con un proceso depresivo», advierte Lara.

Todo ello puede pasar con mayor facilidad tras haberse contagiado por el SARS-CoV-2, ya que, «se están realizando trabajos de investigación para determinar si la Covid-19 pudiera penetrar en el sistema nervioso central provocando así la aparición de sintomatología ansiosa o depresiva», adelanta Lara. Pero no sólo los afectados están en la diana de la depresión, sino también sus familiares, de ahí que en estas consultas se preste especial atención también a los cuidadores, que pueden padecer un impacto emocional derivado del miedo y acrecentado por la cuarentena.

Una patología en aumento

La depresión es un trastorno mental muy frecuente y el número de personas que la sufren a lo largo de su vida se sitúa entre el 8% y el 15%. España es el cuarto país de Europa con más casos de esta patología, llegando a afectar a más de dos millones de personas. Y la pandemia no ayuda, ya que, «la depresión, en la población general, se ha incrementado notablemente, en proporciones de un 40%. El elevado grado de incertidumbre afecta muy especialmente a las personas depresivas, sobre todo a medida que permanece la situación de contagio y confinamiento», asegura Gracia Lasheras, jefa del Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Universitari Dexeus, quien recuerda que «la ansiedad, la hipocondría y los síntomas de estrés postraumático han aumentado, así como el consumo de tóxicos entre un 30 y un 50%». Y para prevenir que el estrés degenere en depresión, la especialista aconseja «mantener los vínculos afectivos, compartir las emociones y utilizar estrategias para regularlas, sabiendo que la ansiedad, el miedo o la soledad son respuestas normales. Y en caso de no controlar la situación, ponerse en manos de los profesionales».