Por una estrategia-plan de reconstrucción psicológica

Han aumentado en un 25% las consultas de psicólogos y psiquiatras por ansiedad, estrés postraumático y depresión

Tristeza postpandemia
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Es evidente que la situación que nos ha tocado vivir a todos por la pandemia –y cuando digo a todos son todos los países, todas las clases sociales, las razas y religiones– es lo mas serio que le ha ocurrido a la Humanidad y por lo tanto a nuestro país en los últimos 100 años. Partimos de una realidad frágil como es el caso del cuerpo humano que se ha puesto en evidencia en esta crisis global, social y sanitaria.

La concurrencia de la globalidad de una crisis económica, social y sanitaria y a todos a la vez (unos más que otros) no tiene parangón en la historia reciente y todo por una ola invisible y silenciosa (pandemia vírica).

Se ha alterado drásticamente la vida diaria individual y colectiva, lo que de forma trágica, sin lugar a dudas, ha producido y producirá una afectación psicológica severa de gran envergadura que hay que diagnosticar bien y poner remedio a corto, medio y largo plazo.

El confinamiento, el aislamiento y el estado de alerta permanente crea un ambiente psicológico especial (el cortisol es un inmunosupresor) creando una inseguridad y duda de futuro que está afectando a toda la sociedad y con más peso, si cabe, en ciudadanos de edad avanzada (más mujeres que hombres), jóvenes y niños.

Existe una globalización de la enfermedad que nunca ha ocurrido y que además sigue sucediendo que es a priori muy difícil de soportar y paliar sin que tenga consecuencias médicas y psicológicas. Han aumentado en un 25% las consultas de psicólogos y psiquiatras por ansiedad, estrés postraumático, depresión, etc. que, sin duda, están dejando una huella evidente en la sociedad. La polimedicación, la automedicación y la falta de adherencia al tratamiento han empeorado el problema.

La huella psicológica que marca principalmente a los trabajadores en primera línea –sanitarios, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y profesionales de la comunicación– está produciendo una situación especial de desajuste colectivo e individual.

La fatiga pandémica generalizada por la Covid-19 con un sinfín de cuadros psicológicos es más que evidente. Todo esto se da dentro de un país con más de tres millones de personas con una enfermedad psiquiátrica, con más de 4.000 suicidios al año (la causa de muerte traumática más importante) y con 3,5 millones de compatriotas que se encuentran en una soledad involuntaria, lo que acrecienta el problema.

Por otro lado, más de 100.000 fallecidos en la pandemia, más de 120.000 sanitarios contagiados y más de 200 sanitarios fallecidos hacen que sea una tormenta perfecta para tomarse muy en serio la necesidad de un Plan Nacional de Reconstrucción Psicológica, como nosotros proponemos.

Este plan debe estar realizado por el Gobierno central, las comunidades autónomas y, sobre todo, por profesionales y asociaciones científicas que, usando sólo la evidencia científica, digan lo que hay que hacer.

Desarrollar un Plan Nacional de Prevención del Suicidio, en donde el teléfono de ayuda al mismo (911 385 385 de la Organización Barandilla) juega un papel importante para la detección precoz frente a los signos de alarma de la autólisis.

Tenemos que realizar un esfuerzo para la aplicación de los objetivos establecidos en la Acción Integral sobre la Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud (OMS), tal y como fue aprobado en la Cámara Alta por unanimidad en sendas mociones nuestras sobre el suicidio, presentadas en 2013 y 2017. Asimismo, se necesita la creación de nuevas especialidades como psiquiatría juvenil-infantil o la de urgencias, y sin duda el aumento de psicólogos en el Servicio Nacional de Salud para equipararnos a las ratios europeas.

También urge la reconstrucción del Servicio Nacional de Salud devastado por la pandemia cambiando el paradigma «prevención más que tratamiento».

La visualización correcta y profesional de estos problemas sociales obliga a impulsar campañas de concienciación y divulgación contando con las comunidades autónomas (Consejo Interterritorial del Servicio Nacional de Salud) con proyectos profesionales sobre la prevención de problemas de salud mental en centros educativos, sanitarios, sociosanitarios y en la sociedad en general. No como propaganda, sino como necesidad objetiva del sistema de dar a conocer dicha problemática de forma correcta.