Y al tercer día, los curas se hicieron «youtubers»

Nunca se habían puesto delante de una cámara, pero la cuarentena les ha llevado a emitir misa y otras actividades religiosas en la red. “Es muy emocionante”, confiesan

Pedro Pablo celebró la misa colectiva por última vez hace más de una semana, «fue el sábado por la mañana», recuerda. Pero la orden de suprimir el culto le hizo replantearse el modo de dirigirse a sus fieles. «Fue un desconcierto total, así que un compañero que es más joven, yo tengo 59 años y él 31, me sugirió la idea de abrir un canal de Youtube. Para mí era un mundo totalmente desconocido, pero si era la única forma de mantener el culto, no había otra que intentarlo», explica este cura al frente de la Iglesia La Asunción de Nuestra Señora, en Madrid. Estuvo investigando el mejor modo de hacerlo y analizando las necesidades materiales. «Es todo muy rudimentario, comenzamos a emitir el martes y el primer problema con el que nos encontramos fue que no llegaba la wifi a la zona del altar, así que tuvimos que hacerlo desde otra pequeña capilla donde sí llegaba bien la señal», dice. Colocaron el portátil encima de una silla y esta sobre una mesa para conseguir un buen encuadre.

«El primer día estaba un poco bloqueado antes de comenzar, nunca había hecho eso. Me decían que estaba demasiado rígido, que no miraba la cámara y que hablaba muy bajito. He ido aprendido de los consejos y, oye, ahora me veo más suelto, eso no quiere decir que me vaya ahora a convertir en una estrella de la televisión», comenta entre risas. La misa, así como los otros vídeos que va subiendo poco a poco a su canal (Parroquia Asunción) los elaboran dos de los cuatro curas que conviven la casa parroquial, y los otros dos son los que retransmiten la misa.

«Lo que nos ha enseñado esta situación de confinamiento es que tenemos que estar siempre con una cámara a mano para poder retransmitir en cualquier momento», asegura Pedro Pablo. Aunque ha habido dos días que el directo online no les funcionó, afirma que lo grabaron y que más tarde lo subieron a la red. «Y también hemos comprado por Amazon un cable para la conexión que al parecer es mejor, me estoy haciendo todo un experto en la materia», bromea.

Cada día, su canal suma más adeptos, sobre todo con el «bocaoreja», y ya prepara nuevos capítulos que acompañen a las emisiones de la misa. Aunque como dice él, «con que me viera una persona ya sería de utilidad todo esto que hacemos». De la misma opinión es Pablo de Haro, párroco de Nuestra Señora de la Asunción de Móstoles, que también está haciendo sus primeros pinitos como «youtuber», obligado por las circunstancias. «Esto es una ocasión preciosa que se nos presenta para vivir la comunión con los miembros de la parroquia. Yo comencé a emitir el día 16 y les envié un mensaje a la parroquia para decirles que se podían conectar. En cierto modo es una manera de redescubrir la eucaristía», dice este cura de 57 años que se emociona mientras relata su experiencia.

Pedidos «exprés»

Dice no estar pendiente de los «followers», porque para la audiencia no tiene importancia: «Con que haya uno, me conformo. Para mí, es un sacrificio tener que ponerme delante de una cámara, pero hasta mi imagen le doy al señor». Los cinco minutos previos a entrar en directo en casa de sus fieles reconoce que son angustiosos, «pero luego todo pasa y no me siento solo, extraño sí, pero nunca solo». Lo que más le motiva son los mensajes que recibe de personas hospitalizadas y enfermas que le piden que rece por ellos. Incluso de familiares de fallecidos.

Esos mensajes son también los que han impulsado a Francisco del Pozo, párroco de la madrileña Nuestra Señora de la Paz, a adentrarse en el mundo virtual. «Cuando recibo un mensaje de alguna de las personas que siempre viene a misa y me dice todo lo que les ayuda nuestra emisión, es una emoción enorme», confiesa. De hecho, él también ha decidido sacar las imágenes de culto del templo a la calle durante el día para que aquellos que vayan a la farmacia o al supermercado puedan hacer una parada, si quieren en la puerta de la iglesia para rezar. «Quién me iba a decir que me iba a convertir yo en ‘‘youtuber’’, nunca he sido muy amigo de las redes sociales y esas cosas, pero si la gente se siente acompañada, no dudaré en seguir haciéndolo», apunta.

También ha desarrollado en la misma plataforma un apartado de cocina y así, tanto él como los otros tres sacerdotes con los que vive, elaboran recetas y consejos culinarios. «Es todo muy rudimentario, lo grabamos con la cámara del portátil y hemos pedido un micrófono a Amazon para que el sonido fuera mejor. Nos llegó el otro día y la verdad que se nota la diferencia», dice. A su canal se conectan para escuchar misa unas 250 personas, pero luego lo ven «muchos otros en diferido». «No hacemos algo de gran calidad, no es HD, pero lo importante es conectarnos con quienes lo necesitan», sentencia.