¿Soportaríamos un segundo confinamiento?

El regreso a un nuevo encierro generaría miedo, inseguridad, desesperanza e incluso cuadros patológicos de ansiedad, adicciones y depresión, según los psicólogos y sociólogos consultados por LA RAZÓN

Una persona se asoma a su ventana durante el primer día laborable de la segunda semana desde que se decretó el estado de alarma en el país a consecuencia del coronavirus, en Barcelona/Catalunya (España) a 23 de marzo de 2020.
23 MARZO 2020 COVID-19;PANDEMIA;ENFERMEDAD
David Zorrakino / Europa Press
23/03/2020
Una persona se asoma a su ventana durante el primer día laborable de la segunda semana desde que se decretó el estado de alarma en el país a consecuencia del coronavirus, en Barcelona/Catalunya (España) a 23 de marzo de 2020. 23 MARZO 2020 COVID-19;PANDEMIA;ENFERMEDAD David Zorrakino / Europa Press 23/03/2020David ZorrakinoEuropa Press

«Si nos vuelven a confinar me tiro por la ventana, no lo soportaría», dice con preocupación Letycia, a quien se le ponen los pelos de punta solo de pensarlo. Los rebrotes de coronavirus en diferentes puntos de España han desatado las alarmas y han puesto sobre la mesa la posibilidad de una nueva oleada de contagios que podrían llevar a una cuarentena generalizada.

Pese a las dudas que plantean los juristas en relación al amparo legal de esta medida que sería tomada sin decretar un nuevo estado de alarma, la población ya asume que tarde o temprano deberán de encerrarse de nuevo ante la evidencia de un nuevo brote de Covid-19. «Aunque para mí sería horroroso, no descarto que ocurra. Es cierto que ya sabemos a lo que nos atenemos y hemos aprendido a vivir enclaustrados en casa, pero creo que debemos pensar en positivo y pensar que no ocurriría porque si no es una angustia. Ya no es solo a nivel personal y lo agobiante de no poder salir de casa, sino que de nuevo los negocios se verían resentidos también», añade esta joven treintañera que regenta una peluquería en Madrid.

Las secuelas psicológicas que podría tener un segundo confinamiento en la población serían notorias, y así lo subrayan los expertos consultados por LA RAZÓN. «En caso de haber un segundo confinamiento, una de las variables que va a influir significativamente será cómo ha pasado cada persona el primero. Las que lo hayan podido gestionar de manera más o menos adaptativa es posible que tengan suficientes estrategias de afrontamiento para sobrellevar el segundo algo mejor. En casos donde, por ejemplo, había patologías previas, el aislamiento ha podido agravarlas y sin la ayuda adecuada es posible que empeoren más adelante. Un segundo confinamiento también puede generar más miedo, inseguridad y desesperanza, pudiendo desencadenar o aumentar cuadros de ansiedad, depresión y/o adicciones entre otros», explica la psicóloga Esmeralda Salinas.

Para ella, las personas que hayan estado expuestas a la enfermedad o a la muerte más de cerca, es posible que puedan desarrollar «un cuadro de estrés postraumático asociado» que se traducirían, según Salinas, en «pesadillas frecuentes asociadas al suceso, sentir un estado de hipervigilancia y alerta continuado o experimentar imágenes intrusivas o flashbacks». Jesús Matos, psicólogo de En equilibrio Mental, comparte la opinión de que aquellos que han experimentado una cuarentena traumática sería la población más vulnerable en un segundo confinamiento. «En primer lugar los que han sufrido pérdidas de seres queridos, también las personas de riesgo y luego aquellos que viven sobreinformados, porque desarrollan mucha ansiedad».

Sin embargo, subraya que el ser humano es adaptativo y «aunque inicialmente haya una sensación de vuelta atrás, acabaría acostumbrándose. Es muy humano anticiparse a consecuencias catastróficas, pensar que esto no va a acabar nunca. Lo que sí es probable es que esta situación deje en el recuerdo una huella». En la esfera sociológica, el impacto del primer confinamiento ya marcó pautas en una sociedad que perdió su libertad y ahora, ante un posible segundo encierro, se experimentaría una reafirmación de dicha transformación. Magdalena Díaz, socióloga de la Universidad Carlos III, apunta a un impacto «mayor en todos los niveles».

«De resistencia emocional, de equilibrio psíquico, de capacidad de comprensión (para algunas edades, como los más pequeños), de cumplimiento de la regulación. Creo que las campañas de concienciación tendrían que ser muy sólidas. Es importante insistir continuamente en que un confinamiento es una posibilidad y que no se debe bajar la guardia ya que no se puede garantizar una nueva pandemia», analiza.

Afecto sin presencialidad

Por otra parte, según Díaz, la gente ha empezado a adquirir hábitos de relaciones virtuales «y creo que en ese sentido se podrían retomar con mayor facilidad. El aprendizaje de demostrar afecto sin presencialidad ya es un proceso comenzado así que habría que retomarlo y profundizar en él», añade.

Para esta experta, una de las consecuencias del fenómeno del confinamiento es el recrudecimiento de «ciertas realidades que ya existían, pero que se presentaban con menor intensidad o que, por las exigencias sociales, se habían conseguido invisibilizar». «Las enfermedades psicológicas o mentales son una realidad presente en nuestras sociedades (que en muchos casos surgen como respuesta a las dinámicas sociales establecidas que no permiten espacios normalizados de desarrollo de la vulnerabilidad), que logran mantenerse al margen durante los tiempos de normalidad, pero que se visibilizan en las épocas de crisis. Una de las cuestiones a afrontar en los siguientes meses será, precisamente, el desarrollo de todas estas cuestiones y el impacto real de las mismas. En este sentido se debe tener en cuenta la diferente incidencia según distintas variables sociológicas ya que, en términos generales, influye de distintas maneras según la edad, el tipo de vivienda, la situación laboral…», reflexiona.

Si durante los tres meses de confinamiento se dispararon las consultas de psicólogos online, la tendencia iría en aumento en caso de repetirse la situación. «Habido un repunte de cuadros de ansiedad o depresión, también en este tiempo ha habido más problemas de tipo familiar o de pareja por el aumento de tiempo de convivencia y esto se ha visto reflejado en consulta. Las consecuencias del periodo de aislamiento han sido muy variadas. También hay que tener en cuenta que los seres humanos somos seres sociales y dejar de tener una rutina y contacto físico con otras personas deja secuelas», cuenta Esmeralda Salinas.

Pero no todo es negativo, y también ha habido datos positivos en esta coyuntura, como, por ejemplo, según dice esta psicóloga, personas que experimentaban un fuerte estrés por un ritmo de vida demasiado ajetreado, han notado mejorías, ya que han podido tener la posibilidad de parar un poco y retomar el contacto consigo mismas y con sus familias. «Volver a un confinamiento, para mí, sería mucho más difícil. Entiendo que en ocasiones se deba sacrificar la vida personal por el bien común, pero creo que en este caso habría que hacer un balance estricto sobre la salud y la perdida de libertades. Sin dura sería un duro golpe psicológico y más aún pensar que cada dos por tres vuelve a ocurrir, que esto no tiene fin», reconoce José Antonio Bustamante, de 34 años.

Mas optimista es Miguel Gómez, andaluz de 18, que cada día ve más cerca la nueva cuarentena: «A mí no me importaría, para nada. El primer confinamiento lo he llevado bien. Yo estudio y aunque he tenido algunas complicaciones a la hora de organizarme, no me han resultado un problema. En mi casa ha seguido llegando dinero y se han tenido los recursos necesarios. Sé que soy un privilegiado por ello, por eso no me importaría tener que volver al confinamiento. Para mí no resultaría un problema, ahora en verano, sin obligaciones, tengo muchas cosas para entretenerme».

La creación de nuevos hábitos y rutinas, sin duda, ha introducido en la sociedad variables que aún está por ver si serán de larga o corta duración, las cuales, en caso de una vuelta a la reclusión, podrían consolidarse. «Creo que se ha perdido cierto ‘‘sentido común'' compartido, es decir que las reacciones sociales en este momento son enormemente variadas: algunas personas prefieren mantener las distancias de manera estricta, otras más flexible, hay quienes hacen poco caso a estas recomendaciones… es decir que hay una enorme posibilidad de construcción de las relaciones sociales. Se han modificado ciertos patrones de conducta, principalmente en relación a las cuestiones corporales, y se han desarrollado las relaciones virtuales, pero ambas cuestiones se deben ajustar», explica la socióloga, para ella tanto el afecto físico como la dependencia de las tecnologías y la consecuente dificultad de establecer tiempos compartimentados son cuestiones que pueden tener un peso psicológico y emocional», concluye Díaz.