¿Soportarías otro confinamiento?

Los ciudadanos sienten pánico ante el regreso a la situación que se vivió en primavera. Muchos experimentan estrés, angustia y vislumbran un futuro negro. Uno de cada tres ya presenta ansiedad

Imagínense regresar a las franjas horarias para poder caminar o hacer deporte. Retroceder a mayo, cuando después de dos meses de encierro por fin pudimos salir a la calle, aunque con muchas restricciones. Entonces, aquello se vio como una conquista, el principio del fin de una lucha contrarreloj para aplacar el coronavirus. Pero ahora, el posible retroceso en la Comunidad de Madrid, donde los datos de contagios son alarmantes, supone un mazazo para todos los ciudadanos. Nadie quiere oír hablar de recular a la maldita fase 1 y, aunque algunas restricciones ya se han impuesto en más de cuarenta áreas sanitarias de la Comunidad, los expertos buscan el modo para evitar desandar lo ya caminado.

¿Estamos preparados psicológicamente para un nuevo (y potencial) encierro? «Solo de pensarlo me da ansiedad, todo el mundo está hablando de ello y aunque todavía no hemos llegado a ese punto, yo ya estoy de los nervios, sería horrible», reconoce Poliana Souza, de 36 años, que nos recibe en su estudio de estilismo en San Sebastián de los Reyes. «Psicológicamente no sé si sería tan fuerte como lo fui hace meses, creo que acabaría en un manicomio. Tendría que volver a replantearme todo, a reorganizarme», añade.

Ella ha abierto un estudio de estilismo recientemente y funciona como un tiro. Su clientela se desplaza desde diferentes puntos de Madrid para cambiar su «look» y, claro, «si nos reducen la movilidad, la mayoría no podría venir hasta aquí. Yo no puedo teletrabajar, sería la ruina laboral y anímica», recalca. Poliana también hace autocrítica y reconoce que durante el verano «a todos se nos ha ido un poco de las manos, no solo a los más jóvenes. Ante la ausencia de restricciones severas, la gente ha pensado que el virus ya estaba superado y ahora estamos pagando las consecuencias de nuestros actos. Los españoles somos muy vividores y nos han dejado la cuerda demasiado suelta», analiza.

También disgustado, aunque menos abrumado, está Santiago Gómez, de 70 años. Él está jubilado después de toda una vida dedicado al mundo de la construcción y desde que comenzó la pandemia ha perdido a varias personas queridas. Lamenta que «cuando una conducta no alcanza los fines propuestos, el resultado es la insatisfacción». Confiesa sentirse frustrado, porque «ya habíamos olvidado los peores momentos de la pandemia» y hace hincapié en los más mayores, siempre en el centro de la diana de la Covid. «Los jóvenes creo que están menos expuestos emocionalmente, los mayores encontramos mucha desazón. El que los abuelos no puedan estar en contacto con sus nietos es una frustración terrible, los más mayores quieren aprovechar la vida que les queda», apunta.

Él sabe que, aunque se volvieran a cerrar los parques, «siempre me queda El Pardo para salir a caminar»; pero aun así «la libertad consiste en que cada uno elija sus fines, no los obstáculos, y cuando estos llegan, lo único que puedo hacer es intentar sublimar, ver otras posibilidades». Sagrario, su esposa y mejor compañera de fatigas, le sigue el ritmo, y eso es un gran alivio, el tenerla siempre cerca. En quien no confía es en las autoridades, «que deberían tomar medidas ejemplares y ejemplarizantes, y eso no lo ha hecho ninguno de ellos. Nuestra sociedad parece la de Pancho Villa».

Juanjo Fernández subraya el desaliento de Santiago. Él trabaja en el sector del espectáculo, que lleva parado desde febrero. Para él, retroceder a la fase 1 sería catastrófico. «Algo se ha hecho mal, no puede ser que sigamos cogiendo el transporte público y esté lleno. Ahora dicen que es donde más se establecen los contagios, ¡cómo no!», critica. Él salió a la calle hace un par de semanas para exigir medidas de amparo a los trabajadores del mundo del espectáculo a quienes pocos parecen escuchar; «seguimos sin avances y ahora esperamos ya el próximo verano y rezamos para que no vuelva a pasar lo mismo». Tampoco ve factible que Madrid se cierre a cal y canto: «¿Cómo vamos a meternos todos en casa y paralizar el país? Volver a la fase 1 sería confirmar que todo lo hecho hasta ahora ha sido nefasto, un paso radical y desolador a nivel emocional. Por una parte, sabes a lo que te expones porque ya lo has vivido, pero por eso mismo lo temes quizá con mayor fuerza», reconoce este madrileño de 32 años.

La psicóloga Aldona Ziaja confirma que «sería un golpe muy duro y traumático. La sociedad está muy cansada de la situación sanitaria que vivimos. Además, los problemas laborales, aislamiento social, sensación de abandono, incertidumbre del futuro, hace que nos sentimos cada vez más frustrados». Según esta experta, se ha observado que desde marzo de 2020 los problemas y trastornos psíquicos han aumentado un 60%, incluida la población infanto-juvenil. Por eso, insiste en que ahora «hay más tristeza, ansiedad y estrés». Los datos son abrumadores: 1 de cada 3 personas presenta la ansiedad a una amenaza futura que podría ser la vuelta a la fase 1. «Eso provocaría un deterioro significativo del funcionamiento psicosocial y una disminución importante de la calidad de vida, independientemente del sexo y la edad. Además, hemos ido observando una especie de fobia específica ante la Covid y un tipo fobia social ante las interacciones sociales presentes, y agorafobia. Han ido aumentando los trastornos depresivos, bipolares y obsesivos. La Covid ya por sí se ha convertido en un estímulo fóbico», concluye esta experta.

Una catástrofe que también aventura Alba Cucharero, de 54, empresaria en el sector de la ofimática, que hasta ahora facturaba dos millones de euros al año y que la pandemia ha reducido en un 80%. Alba desaprueba la gestión política de la pandemia, «la cual nos ha llevado al punto en el que ahora nos encontramos», porque no ha habido profesionalidad: «Si yo monto una capea consulto a los expertos del mundo del toro, pues si hay una crisis sanitaria, a quien hay que hacerle caso es a los expertos correspondientes y no se ha hecho». Según esta empresaria, el incremento de contagios se sabía que iba a ocurrir, «pero lo que ahora interesa es echar la culpa a los jóvenes, pero no es de ellos, sino de los irresponsables que han mostrado una absoluta falta de previsión y ahora echan balones fuera. Nuestros políticos no han servido al pueblo».

Por su parte, el médico Antonio Aguirre, que afirma que «ahora estamos mucho mejor preparados psicológicamente que en primavera para regresar a un nuevo confinamiento porque el Gobierno nos ha ido adiestrando a lo largo de todos estos meses a obedecer sin rechistar. El mejor ejemplo de eso es la obligación de llevar la mascarilla en todo momento fuera de casa, tanto si estás cerca de otras personas como si no porque el gobierno nos ha ido adiestrando a lo largo de todos estos meses a obedecer sin rechistar. A una persona que vaya caminando por el Parque del Retiro a primera hora de la mañana, sin nadie cerca en cientos de metros a la redonda, ¿para qué se le obliga a llevar la mascarilla? No encuentro ninguna explicación médica. Veo el uso continuo de la mascarilla simplemente como un signo de sumisión. Me da la sensación de que estamos llevando un bozal y ejercitándonos en obedecer y callar».

Para este sanitario de 69 años, a nivel personal «tendría las consecuencias de que me daría más oportunidades de dedicarme al estudio, a la atención a los míos y a mis aficiones caseras. No supondría un nuevo trauma ni un nuevo parón en mi vida; estoy acostumbrado a este nuevo modo de vivir». Eso sí, él llama a una rebelión contra los políticos: «Hay que echar a la calle a boinazos al gobierno y poner fin a toda esta locura», sentencia. ¿Su propuesta? "Yo creo que los políticos nobles o patriotas pueden dejar de apoyar al gobierno. Los ciudadanos podemos: comenzar a formar grupitos de protesta, por ejemplo en la puerta del ayuntamiento de cada municipio en España todos los días de 20:30 a 21:00 horas y buscar información en fuentes alternativas.