Coronavirus: la primera profesora con asma que obliga a Educación a eximirla de ir a clase

Otros docentes con enfermedades de riesgo se plantean presentar la primera demanda colectiva

Maribel C. P. es profesora en un instituto de Tarragona y tiene miedo a ir a clase. De hecho, este año todavía no ha pisado un aula ni visto a sus alumnos porque no se ha incorporado a la actividad académica desde que comenzó el curso. Sólo pensarlo le provoca angustia y ansiedad. Padece hipertensión y una enfermedad pulmonar crónica por la que tiene que medicarse con corticoides y un tipo de asma por el que inevitablemente todos los años acaba haciendo tres visitas a Urgencias, por lo menos.

Ya pasó por esto mismo en junio pasado, cuando se reanudaron las clases después del estado de alarma y la Generalitat subcontrató a mutuas privadas para que evaluaran la situación de los profesores considerados de riesgo por posibles patologías crónicas. «Envié un informe médico detallado con todo lo que me pasa y me contestaron que era apta para dar clases, que no me consideraban personal de riesgo y que no valoraban que tuviera especial sensibilidad frente a la Covid-19», cuenta indignada a LA RAZÓN. ¿Cuál fue la recomendación que le dieron? «Que mantuviera la distancia de seguridad de 1,5 metros, cosa que es imposible en mi centro, que acudiera siempre a clase con una mascarilla FFP2, que me lavara las manos y que cuando estornudara me tapara con el interior del codo», cuenta aún con perplejidad.

«He pasado un verano angustioso sólo pensando en la idea de tener que volver a clase. ¿Y si me juego el puesto de trabajo? ¿Y si toman represalias contra mí? ¿Y si me contagio y tengo secuelas graves y no puedo volver a dar clases en mi vida porque soy profesora interina», dice. Estos argumentos fueron precisamente los que la impulsaron a acudir a la Justicia para protegerse frente al virus. Y lo dice con pesar porque «dar clase es mi pasión, pero me han obligado a tomar esta decisión porque nadie vela por mí, ni nadie me garantiza mi integridad física en una clase de 25 alumnos en 30 metros cuadrados donde no hay ventilación». Pidió que le adaptaran el puesto de trabajo para poder impartir materias a distancia, pero asegura que el director del instituto le contestó: «Aquí no se teletrabaja».

No oculta que sintió vértigo al dar el paso porque ningún docente en España había tomado la iniciativa de estas características y «tampoco me he sentido apoyada por los sindicatos. Me indigna la manera frívola en la que se está abordando la situación de los profesores vulnerables».

Maribel es la primera profesora en España en acudir a los tribunales y a la que la Justicia ha dado la razón al considerar el asma bronquial como factor de riesgo para impartir clase, aunque el centro no la consideraba como persona vulnerable ante la covid. De hecho, la magistrada del juzgado número dos de Tarragona dictaba el pasado 7 de septiembre que se aplicaran medidas cautelares para que la incorporación de Maribel quedara en suspenso. La medida se fundamentaba en el hecho de que la asistencia de Maribel a su centro para desarrollar su trabajo «comportaría la imposible ejecución completa de una posterior sentencia que pudiera dictarse haciendo asumir a las personas sometidas a su cumplimiento perjuicios de imposible reparación (...) Se podrían dar situaciones irreparables en el cumplimiento, más cuando entra en juego la integridad física o el bienestar físico o psíquico».

Así, la jueza consideraba que se trataba de una persona vulnerable, lo que los médicos de Atención Primaria no, que, en la mayoría de los casos, no están concediendo bajas médicas a profesores en estas circunstancias. Y no solo eso, reparaba en que «es público y notoria la existencia de cuadros positivos asintomáticos, lo que hace complicada la detección de casos positivos y la toma de medidas para evitar el contagio en una fase inicial de incubación de la enfermedad». También valoraba la situación epidemiológica en Cataluña en ese momento, donde las cifras de contagios estaban disparadas dando por hecho que «el riesgo de contagio existe en las actividades en espacios cerrados y, especialmente, en los centros públicos de enseñanza».

“Es cruel obligarlos a ir a clase”

Ahora que ha abierto el camino de la vía judicial, Maribel no para de recibir consultas de otros colegas que le comentaban su dramas y le piden consejo.

Algunos ya han decidido seguir sus pasos y se plantean presentar una demanda colectiva. De hecho, el abogado de Maribel, Carles Alonso, asegura que ya son varios los profesores que han decidido acudir a él. Las demandas interpuestas por la vía contencioso-administrativa alegan «vulneración de los derechos fundamentales, como es el derecho a la vida y a la integridad física, además del incumplimiento de la ley de riesgos laborales".

En el caso de Maribel, la jueza de Tarragona ha dictado medidas cautelares, pero otros jueces las han rechazado y «se han tenido que acoger a la huelga indefinida. Es hilarante que la situación les obligue a desnaturalizar el derecho a la huelga para proteger su salud. Es cruel y temerario obligarles a ir a clase», dice el abogado. Mientras, José Luis Carretero, portavoz del colectivo de profesores vulnerables, lamenta que «hayamos empezado el curso realizando las mismas actividades presenciales que cualquier profesor sin que se haya regulado ninguna medida específica para protegernos. Tenemos los mismos horarios y medidas de seguridad que el resto».

«Hay padres irresponsables que nos traen a sus hijos al colegio con fiebre»

Patricia es profesora de alumnos de 5º y 6º de Primaria en un colegio de Madrid. Hace diez años que padece problemas de hipertensión, así que se incorporó a las clases con miedo. «No me he quitado la mascarilla en ningún momento, he utilizado mucho el gel hidroalcohólico, he limpiado el ratón del ordenador cuando lo he usado, he hecho todo lo que se supone que es correcto para evitar contagiarme... Pero no sabes en qué momento puedes coger el virus». Y es precisamente lo que le ha ocurrido solo pocos días después de incorporarse al colegio. Ahora guarda cuarentena en su casa aún dando gracias de que la febrícula que sufre por las tardes, los dolores musculares y los problemas digestivos sean, por ahora, los únicos síntomas, después de que otra de sus compañeras lo esté pasando peor en el hospital. Cuando estaba de baja se enteró de que una de las aulas a las que acudía a dar clase de inglés había sido confinada. Porque «lo de los grupos burbuja es muy relativo. Otros profesores hemos estado apoyando a los tutores de esos grupos con sustituciones...».
Uno de los momentos más conflictivos en el centro de Patricia se produce cuando un alumno dice que quiere ir al cuarto de baño. «En mi centro, donde se escolariza a 600 alumnos, sólo hay cuatro: dos por planta. Así que cuando un estudiante levanta la mano solicitando ir al baño, es necesario parar la clase y estar pendiente de organizar el “tráfico” de entrada y salida para evitar que se produzcan grandes aglomeraciones», explica. La sensación de Patricia es que el comienzo de curso ha sido una improvisación constante. «Fuimos los profesores los que nos dedicamos a organizar las mesas de alumnos, las distancias, nos tuvimos que comprar batas...». A esta circunstancia hay que sumar los casos de contagio que se están produciendo y las continuas consultas de los coordinadores Covid que están desbordando a Salud Laboral. «La falta de respuesta está provocando que muchos directores estén tomando por su cuenta decisiones de confinamiento», cuenta.
Mientras, asegura que tienen que soportar la «actitud irresponsable de algunos padres que siguen llevando a sus hijos a clase con fiebre. El ministro de Sanidad, Salvador Illa, decía que no se lo podía imaginar, pero está ocurriendo».