El nuncio defiende a los obispos de la ministra Belarra: “Nadie puede poner en duda la credibilidad de la Iglesia”

El diplomático vaticano saca la cara por el Episcopado español tras el ataque de la titular de Derechos Sociales que tachó a los eclesiásticos de encubrir la pederastia “demasiadas veces”

La ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra
La ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione BelarraEUROPA PRESS/E. Parra. POOL Europa Press

Las intervenciones de los nuncios a micrófono abierto en las reuniones semestrales de los obispos suelen ser tan institucionales como genéricas. Hasta hoy. El diplomático vaticano Bernardito Auza sacó la cara por los obispos españoles en relación al que considera “trabajo bien realizado” frente a la lacra del pederastia eclesial.

El embajador de la Santa Sede entraba de esta manera de forma directa en la crisis abierta el pasado jueves por la ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, que aprovechó la aprobación de la ley de protección de infancia para tachar a la Iglesia de ser “cómplice demasiadas veces” de la violencia sexual contra los menores.

“Nadie puede poner en duda la credibilidad de la Iglesia en sus declaraciones y actividades”, sentenció el nuncio esta mañana ante la Asamblea Plenaria de primavera que reúne durante toda esta semana a los pastores de nuestro país para analizar las principales cuestiones de la actualidad, con la crisis del coronavirus en primer plano, y marcar la principales líneas de acción pastoral para los próximo cinco años.

En este marco, Auza llegó a subrayar que “nadie puede interpretar falta de transparencia negativa a secundar lo que el Papa pide al respecto”. Es más, no dudó en respaldar el comunicado que lanzó el pasado viernes el secretario general de los obispos, Luis Argüello acusó las palabras de la ministra Belarra como “gravemente injustas” propias de un “rancio anticlericalismo”.

A partir de esta defensa cerrada del Episcopado español, el embajador vaticano instó a los prelados a continuar trabajando para “afrontar juntos” el que calificó como “doloroso tema”. Desde ahí, les llamó a trabajar mano a mano con las congregaciones religiosas y les animó a poner en marcha el ya anunciado servicio conjunto de coordinación de las oficinas de atención a víctimas creadas en 2020.

Ya en su discurso, el presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Juan José Omella, había incluido, una referencia a la cuestión de los abusos, que no llegó a leer debido a la extensión de su primera alocución en la Plenaria. En el texto, el también arzobispo de Barcelona escribió que “el compromiso de la Iglesia en este punto es incuestionable con las nuevas normas de imputabilidad”. En esta misma línea, también recogía la necesidad de formar a los futuros sacerdotes buscando prevenir “todo tipo de clericalismo y de futuros abusos ya sean sexuales, de conciencia o de poder”.

De viva voz, Omella sí condenó la nueva ley de eutanasia a la vez que reivindicó la necesidad de dotar de recursos necesarios para promover “unos cuidados paliativos dignos”, así como una mayor financiación para todas las personas dependientes. El cardenal señaló a renglón seguido: “No dejaremos nunca de repetir que no hay enfermos ‘incuidables’ aunque sean incurables”.

Con la mirada puesta en la clase política, el presidente de los obispos reclamó “reformas estructurales que superen el vaivén de intereses electorales cortoplacistas”. En esta línea, no

dudó en alertar del peligro de caer “intereses partidistas o su imposición ideológica aprovechando la crisis humanitaria y social que padecemos”.