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“No se sabe lo que va a durar, pueden ser semanas, o meses”

José Mangas, catedrático de Geología de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) advierte sobre que estamos “solo en la primera fase” de un proceso largo, que acarreará un coste importante para la población de la isla.

José Mangas, catedrático de Geología de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
José Mangas, catedrático de Geología de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria FOTO: cedida

El teléfono de este catedrático en Geología de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria está que “echa humo”, como el volcán. Colegas de profesión que le llaman para comentar el curso que están teniéndolos acontecimientos en La Palma, familiares y amigos que quieren compartir impresiones y distintos medios de comunicación que le buscan como uno de los mayores expertos en volcanes de España. Sus alumnos le han pedido que cambie la materia que tenía que dar en clase estos días por un “monográfico” sobre la erupción de la Cumbre Vieja, que es actualidad e Historia a la vez. “Estaban deseosos de saber y hacer preguntas; para un geólogo o futuro geólogo, esto es un sueño. Pero, ojo, para verlo por la tele, que a ningún descerebrado se le ocurra acercarse para hacerse un selfie”, aclara. No quiere que sus palabras se interpreten mal. “Este es mi sentir como científico, pero como canario siento una profunda tristeza por las personas que lo han perdido todo”, matiza.

–¿Qué debemos esperar que suceda en los próximos días?

–No se puede descartar que se produzcan nuevas fisuras en la Cumbre Vieja. Todo dependerá de la presión de gases que tiene la cámara magmática del volcán, que está entre 5 y 15 kilómetros de profundidad. Está formada por la roca correspondiente al edificio de La Palma –se llama así a lo que ocuparía la isla si imaginamos una pirámide–, que tiene 6,5 kilómetros de altura (2,5 km por encima del nivel del mar y 4 km por debajo) y se aposenta sobre la corteza oceánica (2,5 km), donde está el magma estancado y que sube a la superficie por la presión de los gases. Esto son miles y miles de litros cúbicos de líquido magmático a 1.300 grados, osea, un «monstruo».

–¿En qué fase nos encontramos ahora?

–En la primera. Estamos en el segundo/tercer día de erupción volcánica. Lo que está saliendo es el primer flujo lávico. Cuántas fases vayamos a tener dependerá de qué material de la colada volcánica se va evacuando por las fisuras. En menos de 48 horas ya se han abierto dos fisuras: la primera, fruto del terremoto de 4,2 en la escala Richter que provocó la erupción el pasado domingo a las 15:30 horas y, la segunda, el lunes a las 20 horas. Esto es lo normal en erupciones estrombolianas, y esta es de manual. No sabemos cuánto va a durar, pero las últimas en la zona nos indican que la situación puede alargarse de uno a tres meses.

–¿Va a afectar a más zonas de la isla?

–Es completamente previsible, sí. La primera lava que sale lo hace desde el centro volcánico y es la que está más caliente –entre 1.200-1.300 grados–. Por ello, la colada volcánica se ha desplazado muy rápidamente en las primeras 24 horas. También va aprovechando la bajante de barrancos y barranquillos, y eso hace que aumente su velocidad. Sin embargo, a medida que se aleja del volcán, la lava se va enfriando hasta 1.000 o 1.100 grados, por lo que aumenta su viscosidad y va más despacio, pudiendo ser que incluso se paralice en algún momento en aquellas áreas sin pendiente. Igualmente, y por desgracia, si va a alcanzar más zonas y seguirá destruyendo todo a su paso. La previsión que ha hecho el Cabildo es del doble o el triple de las casas que ya ha destrozado, además de casi 300 infraestructuras.

– ¿Cuando llegue al mar, se notarán los efectos en otros lugares de España?

– Seguramente. El agua salada tiene, por cada litro, 35 gramos de sales: cloruro, sodio, azufre, bromo, flúor... Cuando la lava toca el mar, se evapora el agua y se forman grandes columnas de humo ricas en clorhídrico y fluorhídrico, que son corrosivas para las personas. Las erupciones en Hawái, por ejemplo, provocan corrosiones en los pulmones de la gente. Esos gases, si se disuelven en agua, pueden contribuir a que el agua se vuelva más ácida. Pero la magnitud de la reacción química en el mar dependerá de las características propias del magma que ha expulsado el volcán, de la cantidad que llegue al océano y del tiempo que tarde la colada magmática en llegar al mar. Según las previsiones, parece que esa gran nube tóxica podría llegar a la penísula entre hoy y el viernes.

¿Se ha reaccionado a tiempo?

–El Plan de Emergencias de Canarias ha funcionado muy bien, evacuando a las más de 6.000 personas cuyas vidas podían correr peligro. Pero a esta gente no basta con salvarles la vida, sino que hay que devolverles lo que la naturaleza les ha arrancado. Si hemos sido capaces de acoger a inmigrantes en hoteles de 3 estrellas –tantos que ahora ya no hay hueco para más– también tenemos que serlo de dar un cobijo digno a estas personas. Y, después, luchar porque se les indemnice con suficiente dinero o medios como para que puedan tener una calidad de vida como la que tenían. Esto es lo más urgente.