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Adolescentes que dijeron «sí a la vida»

Siendo unas niñas apostaron por la maternidad. «Fue terriblemente duro», pero ahora tienen otra visión: «Somos capaces de todo».

  • Gracia Aguilar, 24 años e Ylenia Breijo, 17 años
    Gracia Aguilar, 24 años e Ylenia Breijo, 17 años

Tiempo de lectura 4 min.

16 de abril de 2018. 00:13h

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Elena Genillo.  15/4/2018

«Siendo sólo una niña traje al mundo a otra. Ahora, y después de un largo y difícil camino, quiero compartir contigo que con fuerza, perseverancia y fe podemos lograr grandes cosas». Gracia Aguilar ha creado una página en Facebook para compartir su experiencia con otras adolescentes que estén pasando por la misma situación, para animarles «a tomar la decisión adecuada»: «¿Realmente vas a perderte la experiencia más maravillosa por la que puede pasar una mujer?».

Gracia se quedó embarazada hace diez años, cuando tenía tan sólo 14. «Estaba en el instituto, llevaba seis meses con mi pareja, no utilizamos anticonceptivos y pasó». Y para más inri, su situación familiar era complicada: «Rompí la relación con mi madre y me fui a vivir con mi padre, al que casi no conocía».

Cuando se enteró de su embarazo, decidió mantenerlo en secreto «porque tenía miedo, había escuchado historias de otras chicas del barrio que se lo contaron a sus padres y les obligaron a abortar». Así que intentó seguir con sus rutinas. «En el instituto llevaba ropa ancha para que no se me notara la barriga» y en casa «sólo decía que estaba cansada». A los dos meses y medio, los padres de su pareja le dieron un ultimátum. Era hora de desvelar el secreto. «A mis padres se lo dije llorando, fue durísimo». Pero el trago más amargo, dice, fue ir al instituto con una barriga incipiente y «los cuchicheos, los dedos acusadores».

A final de curso nació Dayara. La maternidad se abría camino en un mar de dudas, miedo y soledad. «Nunca me planteé abortar, cada uno tiene que responsabilizarse de sus actos, con una vida no puedes lavarte las manos», comenta. Y eso que el suyo no fue un camino fácil. «No entraba en mis planes volver a clase, pero una profesora me dijo que no lo dejara, que yo era buena estudiante». Así que con la ayuda que daba la Administración por hijo nacido, pudo pagar la guardería del bebé y empezar el curso. Y atender las necesidades de su hija gracias a que retomó la relación con su madre. «Ella me traía a la niña al instituto para que pudiera darle el pecho», asegura.

Cuando terminó la ESO, su deseo era seguir estudiando. «Estuve dos años de ama de casa y con trabajos precarios». Cuando Dayara entró en el cole, aprovechó para empezar un grado medio de Administración. «Después hice el superior a distancia y me salió trabajo», comenta orgullosa. Cuando su hija cumplió cinco años rompió la relación con su padre. «Era tóxica». Pese a ello, a las dificultades económicas y familiares, pese a su corta edad, pese a los miedos, Gracia tiene claro que la maternidad «es lo mejor que me ha pasado en la vida». «No voy a mentir, fue terriblemente duro. Pero no desistí, me bastó coger a mi hija en brazos para saber que todas las dificultades que se presentaran en mi camino no serían nada en comparación con la felicidad que ella aporta a mi vida».

En una situación parecida se encuentra ahora Ylenia. Con 17 años y una niña de cinco meses, dice que la maternidad le ha dado fuerzas, «ahora me siento capaz de todo». Es cierto que «he renunciado a muchas cosas, he dejado de lado mi adolescencia, mi vida social», pero «si tuviera que poner lo en una balanza, mi hija ganaría por goleada».

Ylenia tenía 16 años cuando se quedó embarazada de su novio. Admite que «fue muy duro, nunca pensé que me podía pasar a mí». Por suerte, «conté con el apoyo de mis padres, pero mucha gente se te echa encima, no te dicen directamente que abortes pero te intentan convencer de que llevarlo a término no es la mejor decisión». Acabó la ESO estando embarazada y ahora vive con su hija y su pareja en casa de sus padres. Él trabaja por las noches y ella espera a que la niña sea un poco mayor para retomar los estudios, «a distancia». Y reitera que «nunca me he arrepentido, pienso en qué hubiera pasado de haber elegido el camino fácil y me duele». «De lo que te arrepientes siempre –prosigue– es de no tener al bebé».

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