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El «copycat», la temida reacción al criminal famoso

La Policía prefiere evitar que una investigación se convierta en mediática porque, aunque el caso se resuelva, pueden surgir peligrosos imitadores

Tiempo de lectura 4 min.

01 de julio de 2018. 01:08h

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Laura L. Álvarez 1/7/2018

Cuando alguien se hace famoso, aunque sea por el motivo más deleznable, suelen surgir en ciertos sectores de la sociedad dos tipos de reacciones: la del «fan» que quiere imitar la triste hazaña de alguien, e incluso los que sienten admiración o enamoramiento por un delincuente, como si de una estrella del cine se tratara. Este último extremo ocurrió, por ejemplo, con el caso del asesino de Marta del Castillo. Hubo varias chicas, en su mayor parte adolescentes, que enviaban al autor material, Miguel Carcaño, cartas de amor mientras éste estaba en prisión sin otro ánimo que el de manifestarles su pasión, de apoyarle y de proponer una cita cuando éste saliera de la cárcel. Si bien puede llamar la atención este tipo de comportamientos entre jovencitas (que bien podrían sentir más empatía por edad o estilo de vida con la víctima), lo que más preocupa a la Policía de este tipo de respuestas ciudadanas es que, tras un crimen o una cadena de ellos (alguien que actúe en serie) surjan imitadores.

Es lo que se conoce en el argot policial como efecto «copycat» y es la razón por la que los investigadores son partidarios de que este tipo de informaciones aparezcan lo menos posible en los medios, ya que la «publicidad» puede generar un efecto llamada. De ahí que la mayor parte de los suicidios de ciudadanos anónimos no suelan aparecer en los medios si no se han producido en lugares públicos (en ocasiones hay que interrumpir el servicio de Metro) o no sea algo muy destacado entre un colectivo (últimamente han aumentado en las Fuerzas de Seguridad, especialmente guardias civiles). Pero sí es más habitual de lo que pensamos que imiten el modus operandi del criminal «de moda», las herramientas que utilizan para ello o se aprovechan para corregir «errores» que llevaron a su «ídolo» a ser detenido por la Policía. Varios de estos fenómenos se dieron con el caso Antonio Ortiz, conocido como el «pederasta de Ciudad Lineal», que cumple condena desde el año pasado en la prisión de Herrera de la Mancha. En su caso fue él mismo quien «refinó» su propia técnica. Si cuando agredió a las primeras niñas se pudo saber el área de actuación por la posición de su móvil y concretar lugar y franja horaria donde las raptaba, donde las agredía y donde las soltaba porque le daban cobertura determinadas antenas repetidoras, en la tercera y cuarta víctima, conocedor de que tenía a toda la Policía detrás, se ocupó de apagar su teléfono, aunque tampoco le sirvió para evitar que los investigadores pudieran demostrar su autoría.

En el marco de esta «operación Candy», que sacó a cientos de agentes a la calle en la primavera y verano de 2014 para dar con este depredador sexual, se pudo detener a posibles imitadores en fase inicial. Y es que los parques de Madrid se llenaron de vigilancia discreta y en uno de ellos, el parque del Oeste, se detuvo, por ejemplo, a un exhibicionista. Otro preocupante fenómeno que surgió en la sociedad madrileña cuando el pederasta aún no estaba localizado fue la «psicosis colectiva». Es comprensible que las madres de niñas pequeñas de los distritos de Hortaleza, Ciudad Lineal y San Blas estuvieran muy preocupadas pero la Policía recibió cientos de miles de llamadas advirtiendo de que el criminal más buscado se encontraba «sin ningún género de duda» en tal o cual zona, llamadas alertando de que en tal dirección alguien había metido a unos niños en un maletero o de que un desconocido se había acercado a una niña por diferentes motivos. Pero lo más peligroso fue cuando se difundieron pro grupos de WhatsApp y redes sociales la foto de distintos individuos asegurando que era el pederasta o coches con matrícula incluida, afirmando que era el vehículo empleado. Incluso los agentes actuaron contra el linchamiento de un ciudadano en Vicálvaro porque se corrió la voz de que era el pederasta.

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