El «BBCexit»: los nuevos planes de Boris Johnson

Tras el recién celebrado Brexit, el Gobierno británico lanzará una consulta la próxima semana que podría producir una pérdida de 200 millones de euros para la BBC

Pedestrians walk past a BBC logo at Broadcasting House, as the corporation announced it will cut around 450 jobs from its news division, in London
La BBC tiene su sede en la Broadcasting House, ubicada en Londres, donde se realizó la primera emisió nde radio, en 1932HENRY NICHOLLSReuters

Los británicos siempre se han mostrado orgullosos de lo suyo. De su cine, de su pintura, de su té de la tarde, de sus cabinas telefónicas, de su Buckingham Palace y sus medios informativos. Por su parte, la BBC siempre ha querido responder a cualquier necesidad informativa mostrándose como una cadena pública de radio y televisión con la neutralidad por bandera y la independencia política como fuerte y mayor diferenciador. Sin embargo, en los últimos años, la BBC viene sufriendo una serie de ataques que podrían limitar sus cimientos como principal medio informativo de Gran Bretaña. Y, en esta crisis que parece ir en aumento, destaca la situación de su modelo de financiación, fijado anualmente por el Gobierno británico y acordado en el Parlamento. Todo aquel ciudadano que cuente con un receptor de televisión o radio para consumir la BBC, debe pagar poco más de 180 euros anuales. Por el contrario, y según la cuantía de la deuda, la penalización a una persona que no pague dicha tarifa podría llegar a sentenciarse con la cárcel.

Estos ingresos por derechos de licencia, a ojos de Boris Johnson, no tienen ni pies ni cabeza. Durante su campaña, el Primer Ministro británico sugirió en varias ocasiones despenalizar a aquellas personas que no paguen el impuesto. Y esto no se ha quedado solo en una mera indirecta pues, tal y como ha publicado el «Financial Times», está entre los primeros pasos de Johnson tras el recién celebrado Brexit. Dicha publicación asegura que la próxima semana el Gobierno lanzará una consulta con el objetivo de despenalizar la evasión de la tarifa de licencia. Y esto no puede significar otra cosa que una inminente crisis para la BBC.

En respuesta a dicha consulta, la BBC explicó que «por supuesto responderemos a la consulta cada vez que se publique, pero el Gobierno ya ha encargado un control de calidad para analizar en profundidad este asunto, la despenalización también podría significar que la BBC tiene cientos de millones de libras menos para gastar en programas y servicios para el público». Y es que, si esto se llevara a cabo, significaría que la cadena pública contaría con unos 200 millones de euros menos para gastar en contenido, situación nada favorecedora en una realidad en la que Netflix y Amazon Prime Video, entre otros, estrenan contenidos casi a diario. Además, esta disminución económica para invertir en creaciones podría afectar también a dos series que actualmente se están emitiendo: «Drácula», ficción que se lanzó en BBC One y Netflix, y «His dark materials», producida para BBC One y HBO.

Un Gobierno descontento

Por su parte, la cadena británica se podría ver perjudicada no solo por el gigante del «streaming», sino también por las redes sociales. Cada vez son más las personas que, en un mundo acelerado como el actual, se informan a través de Twitter, principalmente. Los diferentes medios de comunicación sacan de manera continua noticias con el objetivo de mantener a la población informada de manera inmediata. En esto, de hecho, la BBC es experta, de tal manera que sus propios seguidores en redes sociales podrían decantarse por seguir la actualidad en Twitter y, por ejemplo, ver «Drácula» en Netflix.

Por tanto, la BBC se está metiendo en un terreno peligroso dinamitado por una crisis existencial. Todo ello, derivado por un Gobierno escéptico sobre su modelo de financiación y que no duda en tomar decisiones que le puedan perjudicar, así como un Boris Johnson también descontento con la cobertura que la BBC ha hecho sobre el Brexit. Según su Gobierno, la BBC es «anti-tory», adjetivo que define la postura de Johnson ante la cadena y que cobró aún más sentido cuando se negó a ser entrevistado por Andrew Neil, periodista de la BBC que ya había tenido encuentros con otros candidatos. Este rechazo político, sumado a las consecuencias de la posible consulta aprobada y a la cada vez menor confianza en las informaciones difundidas por la cadena, pueden avocar a un futuro de riesgo para la BBC, una especie de «BBCexit» que ya comenzó a sufrir las consecuencias con la dimisión de su director general, Tony Hall.