Opinión

Sánchez, el rey del gasto público

El Gobierno presume de que el déficit de 2022 ha sido menor del previsto, aunque obvia que las Administraciones Públicas gastaron la friolera de ¡634.297! millones de euros, récord histórico

Pedro Sánchez
Pedro Sánchez, presidente del GobiernoNicolas MaeterlinckDPA vía Europa Press

Enrique Fuentes Quintana (1924-2007), el padre de los mitificados Pactos de la Moncloa cuando era vicepresidente del Gobierno de Adolfo Suárez (1932-2014), explicaba con frecuencia –y con un tono crítico– que «gobernar es gastar», no sin recomendar que hubiera equilibrio entre los ingresos y los gastos. Ahí está la famosa sentencia de Charles Dickens (1812-1870): «Ingreso anual veinte libras, gasto anual diecinueve seis, resultado felicidad. Ingreso anual veinte libras, gasto anual veinte libras y seis, resultado miseria». Carmen Calvo, exministra de Zapatero y exvicepresidenta de Pedro Sánchez, sin duda no recordaba al novelista británico cuando pronunció su famoso y ya histórico: «El dinero público no es de nadie», algo que decía para justificar su utilización con alegría. Algún día, más tarde que nunca, se estudiará y se pondrá como ejemplo en las facultades de Economía y en las escuelas de Negocios.

María Jesús Montero, ministra volcánica de Hacienda, celebró hace unos días, casi por bulerías, que el déficit consolidado de las Administraciones Públicas bajó, en 2022, hasta el 4,8% del PIB, más incluso de lo previsto inicialmente, gracias a que también el erario público recaudó más de lo que pensaba, en este caso porque la inflación jugó a su favor, para confirmar que es el impuesto de los pobres, el inadvertido o «el más inmoral», como explicaba Rafael Termes (1918-2005), presidente de la patronal bancaria en los años 80 del siglo pasado. La ministra estaba feliz de que el agujero de las cuentas públicas españolas «solo» fuera de 63.776 millones, según los primeros datos provisionales, después de los 82.946 millones de 2021 y los 123.072 de 2020. Es decir, en tres años el sector público español –estatal, autonómico, local y de la seguridad social– ha gastado la friolera de 270.000 millones más de lo que ha ingresado.

La ministra, como es su obligación, hizo públicos en la página web del Ministerio y en las notas informativas, la mayoría de los datos de cierre del año 2022 de las Administraciones Públicas. El Gobierno, y es legítimo, estaba interesado en celebrar que el déficit había «mejorado» –si 63.776 millones de números rojos se puede celebrar– y sin duda por eso obvió otros datos significativos. Nadie, ni tampoco la vicepresidenta Nadia Calviño, en teoría –solo en teoría– más partidaria de un cierto equilibrio de cuentas, ha dicho nada. Sin embargo, ahí está el dato, espectacular o escalofriante, o ambas cosas a la vez. En 2022, el conjunto de las Administraciones Públicas gastaron un total de ¡634.297! millones de euros, según las cifras del propio Ministerio de Hacienda. Al mismo tiempo, el erario público consiguió una recaudación récord de ¡570.521! millones de euros. Son cantidades mareantes, de difícil imaginación, por supuesto nunca alcanzadas. Solo en 2022, los ingresos públicos aumentaron en 43.000 millones y a pesar de eso el déficit fue de 63.776 millones.

Pedro Sánchez es ya, sin discusión, el gran rey del gasto público. Ninguno de sus predecesores gastó tanto ni aumentó los dispendios en la misma medida. Desde que el inquilino de la Moncloa preside el Gobierno, el gasto público consolidado ha crecido en 134.000 millones y los ingresos en 90.000, aunque esta última cantidad es dudoso que se mantenga. En total, desde 2018, el gasto acumulado suma 2,85 billones, con «B» mayúscula de barbaridad. Los ingresos públicos, en el mismo periodo, fueron de 2,51 billones de euros, lo que arroja –sin necesidad de recurrir a ningún Premio Nobel– 340.000 millones de déficit en el periodo Sánchez, lo que ha conducido también a una deuda pública de 1,5 billones de euros, aunque el Gobierno también está muy contento con esto porque ha pasado del 118,4 al 113,5% del PIB. Estas cifras incluyen CC AA y otras administraciones, pero al final todo sale del mismo sitio.

El que no se consuela es porque no quiere. Ningún gobernante moderno español dispuso de los recursos que ha tenido al alcance el inquilino de la Moncloa y los que todavía tendrá, gracias a los fondos europeos Next Generation que la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, quiere que se gasten como máxima defensora del programa de ayudas. El Gobierno, además, está decidido a gastar incluso más. La propia María Jesús Montero ya apuntó que la reducción del déficit por encima de lo previsto dejaba margen para aprobar más ayudas este año, es decir, para incrementar el gasto, justo –pero debe ser una coincidencia– en un año electoral, en lugar de ajustar los números para reducir más los números rojos y no engordar todavía más la deuda. Sánchez, y presumirá orgulloso, es ya el gran rey del gasto público, porque «gobernar es gastar», ya lo decía Fuentes Quintana.

La inflación del «ojo por ojo» puede empobrecer a todos

Óscar Arce, director de Economía del Banco Central Europeo (BCE), afirma en un blog –escrito en colaboración con Elke Hahn y Gerrit Koester– que la dinámica «ojo por ojo» de la inflación como la describió Christine Lagarde, presidenta del BCE, debe evitarse porque al final puede significar el empobrecimiento de todos». La dinámica del «ojo por ojo» consiste en la retroalimentación de márgenes de beneficio más altos, salarios más elevados y precios más altos.

Reducción de la producción y aumento de precio, quizá hasta final de año

Arabia Saudí y algunos países de la OPEP han decidido reducir la producción de petróleo en más de un millón de barriles al día, algo que se ha traducido inmediatamente en un incremento del precio. Los saudíes quieren tener un precio estable de unos 100 dólares por barril –ya supera los 80–, aunque por ahora no lo han conseguido. Los expertos, en cualquier caso, ven el precio entre 75 y 95 dólares barril hasta final de año, lo que tendrá, claro, impacto en la inflación y en el precio del dinero.