La búsqueda del Santo Grial, cuando el mito y la realidad confluyen en un viaje

Desde hace milenios, nobles caballeros e intelectuales de todo el mundo han buscado hasta la locura el cáliz que dicen contiene la sangre de Cristo. ¿Es mito o realidad? ¿Es mera simbología? Nadie ha encontrado una respuesta definitiva y la búsqueda parece no tener fin.

Última cena
Última cena

Ya no son tan habituales los viajes en busca de leyendas. Ha quedado lejos la época en la que reyes subvencionaban costosas expediciones basándose únicamente en mitos, historias del mundo antiguo. En busca de ciudades perdidas como fueron Atlantis y El Dorado, reliquias y meros rumores. Se nombraba a los caballeros más valerosos posibles y bajo su mando se colocaban verdaderos ejércitos de trúhanes y buscavidas de todas las clases, porque era habitual propiciar ese equilibrio entre nobleza y astucia que solo los más valerosos y sufridos poseían. Una de las búsquedas que más quebraderos de cabeza trajo al mundo durante la Edad Media, motivo de largas expediciones y discusiones entre reyes e iglesias es el histórico Santo Grial.

El origen de la leyenda

Cuenta la historia que Jesucristo utilizó un pequeño cáliz para escenificar la primera eucaristía, tomando pan y vino para transformarlos en su cuerpo y su sangre. Y en el momento de su crucifixión, un acaudalado judío llamado José de Arimatea tomó el mismo cáliz y lo llenó con la sangre que manaba de las heridas de Jesús. Tras la resurrección de Cristo, José llevó el cáliz a Britania y estableció aquí una dinastía de guardianes para que lo protegieran de las codicias de los hombres.

Sir Gallahad en busca del Santo Grial, cuadro de Arthur Huges.

Basándose en esta historia, se ambientaron numerosas leyendas relacionadas con el Rey Arturo y sus caballeros de la Mesa Redonda. Escritos de Chrétien de Troyes, Robert de Boron y Wolfram von Eschenbach narran diferentes hazañas de los caballeros, cabalgando el largo y ancho de Britania en busca de la copa que pensaban les daría la inmortalidad y una fuerza inusitada a la hora de combatir a sus enemigos – algo así como la poción mágica de Panoramix -. Dedicaron prácticamente su vidas enteras a la búsqueda del Grial, hasta convertirse en la máxima obsesión del Rey Arturo.

La búsqueda del Grial en la Edad Media

Las leyendas del Rey Arturo encuentran trazas de la realidad con un líder bretón a finales del siglo IV. La Historia de estos años es una oscura y plagada de incógnitas, producto de la caída del Imperio Romano y las peleas internas entre los pueblos godos y visigodos. Así, su historia es hoy en día fragmentos de realidad entremezclados con el mito. Pero la Edad Media fue una época caracterizada por el fanatismo religioso, el fervor por las leyendas antiguas, y caballeros de toda Europa quisieron creer estas hazañas de los caballeros de Camelot, quisieron ser los caballeros de Camelot, que representaban el coraje y la cortesía requeridos en el hombre perfecto, y esto llevó a que el mito del Santo Grial fuera considerado tan cierto como que el sol se muestra de día y la luna durante la noche.

No quisieron dudar y ellos también se lanzaron en su búsqueda. En Britania, en Tierra Santa, incluso en España. Hubo fuentes que afirmaron que el Santo Grial estaba aquí, concretamente en el Castillo de Montalbán (Toledo), junto con la Mesa de Salomón, de la cual se dice que viene inscrito el nombre verdadero de Dios y que quien lea en voz alta las letras, alcanzará el conocimiento sobre todas las cosas. Los cruzados buscaron el Grial, con los templarios a la cabeza. Hidalgos sin tierra, caballeros sin cuna, todos se lanzaron en su frenética búsqueda. Pero en aquella época no existía la prueba del carbono y no era tan sencillo demostrar y, por tanto, refutar, que esta o aquella vasija eran realmente el Santo Grial que tantos años se llevaba buscando.

Vista del grial que es venerado como el Santo Cáliz de la última cena de Jesús albergado en la Catedral valenciana.

Es por eso que ahora hay más Griales expuestos en iglesias por todo el mundo que piedras tiene la Muralla China. El más conocido es el Santo Cáliz de la Catedral de Valencia, traído de Roma por mediación de San Lorenzo en el siglo III, y este es el más reconocido por el Vaticano. Pero también existen el Cáliz de Doña Urraca, el Sacro Catino de Génova, el Santo Grial de O´Cebreiro en Lugo, el Cáliz de Antioquía, el Vaso de Nanteos en Gales, el Cáliz de Ardagh en Irlanda, la Copa de Hawkstone Park, el Cuenco de Ágata, la Copa de Santa Isabel de Hungría… Muchos de ellos han sido rápidamente desmentidos por las pruebas de antigüedad pero todavía quedan quienes afirman su veracidad.

Concepto actual del Santo Grial

La búsqueda sigue incluso en la actualidad. Pero ya no es una búsqueda física, esto es, atravesando páramos y bosques y cordilleras y lagos y tierras lejanas. En comunión con la época que nos ha tocado vivir, la búsqueda ha abandonado los terrenos de la magia para ceñirse estrictamente al elemento racional del Santo Grial. O todo lo racional que puede ser un artefacto que por propia definición significa pura magia. Los exploradores navegan ahora las palabras impresas en viejos libros, buscando una respuesta.

En lo que respecta a la leyenda del Rey Arturo, se ha dicho que estaba basada en una historia más antigua, la del Caldero de Gundestrup. Según esta, el dios celta Dagda, sumergía en el caldero a los guerreros muertos para devolverlos a la vida. Un símil evidente con el Santo Grial que pudo servir como fuente de inspiración para los cuentistas y poetas que más tarde recrearon las aventuras de los Caballeros de la Mesa Redonda. Según esta teoría, el mito del Grial y Camelot, basado en el mito de José de Arimatea, y que ha traído de cabeza a generaciones de caballeros, no es más que una copia de un tercer mito. Es el mito del mito, basado en un mito. Y por tanto, falso hasta la médula.

El Caldero de Gundestrup. FOTO: Art of the Celts, Historic Museum of Bern (nombre del dueño)

Otra explicación, promovida por el filósofo francés René Guénnon, indica que el Santo Grial se traduce en el Sagrado Corazón de Jesús, y que su pérdida a ojos de los hombres es símbolo de nuestra mortalidad. Encerrados en un cuerpo mortal e incapaces de aceptarlo plenamente, los hombres buscan el Grial para paliar su sentimiento de culpa a manos del pecado.

Pero la versión más popular en la actualidad se debe a la novela de Dan Brown que más tarde sería retratada por Tom Hanks, en la película de El Código Da Vinci. Esta teoría afirma que el Grial no es otra cosa que la simbología para explicar la descendencia de Jesús. Negada por la Iglesia en incontables ocasiones, apoya sus argumentos en que la sangre que contiene no es otra que la sangre de Jesús en cuerpo de sus descendientes, y que la copa simboliza la feminidad de María Magdalena. Continúa su idea argumentando que José de Arimatea no llevó a Britania un cáliz, sino a una persona.

¿Alguno tiene razón? ¿Existe un Grial escondido con propiedades mágicas? ¿O es simple simbología, tratando de explicar misterios que los hombres no comprenderían a partir de conceptos abstractos? Nadie lo sabe. En todas las historias se posicionan bandos de crédulos e incrédulos, pero sin pruebas concluyentes, es imposible determinar quién lleva la razón. Solo podemos buscar esas pruebas, viajar hasta encontrarlas. De momento apenas tenemos la seguridad de que el Santo Grial, aunque basado en un elemento real como es la Última Cena y crucifixión de Jesús – ambos hechos ocurrieron históricamente, independientemente de creencias religiosas -, se ha mitificado hasta el extremo. Parece ser un mito. Un mito dentro de otro mito, dentro de un tercer mito. Pero sigue siendo una excusa excelente para lanzarse a la aventura.