Violencia entre hermanos, hijos asesinados: la cara B de las iglesias prerrománicas en Asturias

En la parquedad de sus muros, alejados de la ostentosidad de los estilos posteriores, encontramos las iglesias asturianas como hermosos ejemplos de una época violenta y frágil

Santa Cristina de Lena.
Santa Cristina de Lena.Jjfarqdreamstime

Entre los años que sucedieron desde la caída del Imperio romano hasta la construcción de las primeras catedrales góticas en Francia, la estética europea dio un brusco giro. Ya no fue posible construir, durante este tiempo, los edificios suntuosos que encontrábamos durante el poderío de Roma, entonces hizo falta recurrir a un tipo de edificaciones más compactas, resistentes a los guantazos de las guerras casi incesantes de la época. Parece evidente que no resultaba práctico utilizar el mármol blanco para construir iglesias que debían aguantar, por ejemplo, largas primaveras de aceifas musulmanas en los territorios cristianos. Las estatuas sagradas ya no se exponían al pie de las aceras para que el público las tocara y se embelesara con ellas; se escondieron en estos pequeños edificios, se encerraron las estatuas.

Solidez, resistencia, austeridad, desconfianza. Este tipo de atributos se buscaron a la hora de levantar las ermitas e iglesias prerrománicas de Asturias. Una clase de cualidades que en Roma pudieron sonar anticuadas pero que ahora, mientras la fragilidad política de la Alta Edad Media tanteaba la tierra, resultaban indispensables para no derrumbarse. Si las iglesias que moteaban los bosques asturianos durante el siglo IX hubieran mostrado una apariencia parecida a la de la Catedral de Nuestra Señora de Chartres, lo más probable es que ya no quedaría ninguna en pie, entonces ninguna de estas cinco iglesias habrían sido reconocidas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Santa María del Naranco

Iglesia de Santa María del Naranco
Iglesia de Santa María del Naranco

Se funde los días de calima con el cielo empolvado, desde hace 1.200 años a los pies del monte Naranco, como si buscase esta confusión entre su piedra y las nubes. El mismo edificio que sirvió como aula regia para Ramiro I, al estilo de un palacio dedicado a su reposo en las afueras de la capital, fue también el mismo edificio donde falleció este rey inquebrantable (Ramiro era de esos reyes que parecen de película, con barba y todo, del tipo que mandaban ejecutar a los hijos varones de los traidores, ordenaban cegar a sus enemigos y guerrearon durante décadas contra los vikingos), y no sería hasta el siglo XII cuando se convirtió en templo. Su altura máxima no pasa de los 9 metros y podría considerarse un edificio pequeño para un rey, con una planta de nada más que 120 m2, pequeño, rectangular, asfixiado por los laterales y de una belleza formidable.

En este caso el arte ramirense alcanza su culmen, al conseguir alejarse de las formas visigóticas para establecer las bases de un nuevo estilo, más consistente y caracterizado principalmente por la “petrificación del edificio”. Sin embargo no podemos evitar apreciar la influencia visigoda en pequeñas esquirlas de la iglesia, como pueden ser retazos de su decoración escultórica interior. Formas circulares y enhebradas con estilos nórdicos nos ofrecen una visión de la frontera que debieron cruzar los reyes asturianos, al abandonar la influencia de sus antepasados para conformar una nueva visión del mundo.

San Miguel de Lillo

San Miguel de Lillo.
San Miguel de Lillo.Jose Luis Cernadas Iglesiaspxhere

A un tiro de piedra de Santa María del Naranco, tan próximos que casi podríamos decir que ambos necesitan abrazarse, San Miguel de Lillo (dedicado al arcángel San Miguel) resulta en otra de las construcciones ideadas por Ramiro I. Se supone que la iglesia hacía de lugar de oración durante las visitas del monarca a su palacio de campo, se supone que antes era incluso tres veces más grande y se supone que Ramiro tendría que haber previsto los derrumbes que desplomaron las naves durante los siglos siguientes. Es porque Ramiro quiso olvidar el peligro de su época y jugar a los monumentos elaborados, como hacían los romanos, entonces consiguió lo imposible en lo que respecta a los diez metros de altura del edificio, un logro para la época.

Ya dijimos que era un tiempo dominado por todo aquello que fuera resistente y suspicaz. Pero este templo se abría con demasiada gracia al mundo, demasiado alto, demasiado bello y confiado, y ocurrieron los derrumbamientos, no aguantó los guantazos del tiempo, y el ábside que hoy podemos observar pertenece al periodo románico como consecuencia de las restauraciones que ha sufrido. Ahora que es más chiquita de lo que fue en un principio, la iglesia de San Miguel de Lillo sí presenta un aspecto más reservado. Ideal para encogerse los hombros de piedra contra los árboles que la rodean.

San Julián de los Prados

San Julián de los Prados
San Julián de los PradosJoaquin Ossorio Castillodreamstime

El problema con la clase de edificios que perduran durante periodos de tiempo tan largos lo encontramos en ocasiones en el paisaje que los rodea. Por ejemplo si visitásemos hoy las Pirámides de Guiza nos sorprendería comprobar cómo la ciudad del Cairo se ha construido a su alrededor, de manera que ya no podemos deleitarnos con su visión apoteósica en contraste con el desierto, sino que tendríamos que hacer esfuerzos para vislumbrar las pirámides entre la polución y los bocinazos de los vehículos. Algo parecido ocurre con San Julián de los Prados. El mundo moderno ha devorado el entorno que antes fue pura paz, y aquí una carretera rugiendo a su lado, acullá un Burger King con el letrero iluminando los alrededores, han desnudado una importante porción de belleza de la iglesia. Este tipo de edificios precisan de un entorno concreto, natural y silencioso, para exprimir al máximo su estética. Cuando se lo quitaron quedó un edificio de piedra que no encaja del todo con el lugar.

San Julián de los Prados fue construida a principios del siglo IX por orden de Alfonso II (este era el tipo de rey que trasladó la capital asturiana a Oviedo, mantuvo una estrecha relación con Carlomagno, derrotó un puñado de veces a los musulmanes y dicen que fue el primer peregrino a la tumba de Santiago) y todavía mantiene atrancado en sus esquinas un penetrante olor a humedad. La llaman la joya del arte prerrománico asturiano por ser la iglesia más antigua y de mayor tamaño de su especie, y parecería que la pintura ocre de las paredes se fundió hace siglos con la cal. Es hermosa por dentro y bellísima, los tejados escalonados por fuera. Solo es una pena que sus alrededores se hayan afeado.

San Salvador de Valdediós

San Salvador de Valdediós.
San Salvador de Valdediós.Stockphotodreamstime

Al verla de lejos, al comienzo del caminito que lleva hasta su entrada, casi pensaríamos que se trata de una pequeña maqueta, y que si estirásemos la mano podríamos agarrarla y guardárnosla en el bolsillo. Escamas de piedra ralladas por las nubes sujetan la estructura compacta del Conventín (llamado así por el monasterio circense de Santa María que se construyó a su lado) en el concejo de Villaviciosa. Esta es la capilla que utilizó Alfonso III para orar durante sus últimos años alejado de la corte (el tipo de rey que dedicó su reinado a aplacar revueltas internas, ordenó cegar a tres de sus hermanos, pactó con los musulmanes de Mérida y terminó siendo derrocado por sus hijos), y se dice que fue consagrada en el año 893 por siete obispos, ni más ni menos. Casi parece un milagro que los siete tuvieran espacio en su pequeño altar.

Una característica interesante de esta iglesia sería la influencia árabe en sus formas, como pueden ser sus almenas escalonadas que ya encontramos en la mezquita de Córdoba, o las celosías de la bóveda decorada con arabescos. Y resulta imprescindible apreciar este detalle, después de haber visitado un puñado de templos de su especie, para comprender los pellizcos de cambio que se dieron en la arquitectura prerrománica asturiana, a la par que ocurrían cambios en el campo político. Porque tiene sentido que la capilla de un rey cristiano que pactó con los musulmanes tuviera influencia musulmana, ¿o no?

Santa Cristina de Lena

Imagen de Santa Cristina de Lena.
Imagen de Santa Cristina de Lena.

La piedra parece tan desgastada que bastaría un soplido para derrumbarla por completo. En la resistencia de sus muros encontramos un espejismo de fragilidad. Será porque esta iglesia, aunque fue construida con la intención de soportar los guantazos y que en la práctica resulta inamovible, parece embadurnada con una delicadeza sutil y coloreada, por su emplazamiento idílico en comunión con la imagen que nos ofrece su piedra. La construcción levantada durante el mandato de Ramiro I o su hijo Ordoño I (este saqueó Zaragoza, fraguó importantes alianzas con los pamploneses y fue estrepitosamente derrotado en las batallas de Guadalacete y Morcuera) pudo utilizar como cimientos la fundación de San Pedro y San Pablo de Felgueras del siglo VII.

Podría ser que a belleza de Santa Cristina de Lena es la más desconfiada, la más sólida, resistente y austera de las muestras de arte prerrománico en Asturias, y todo ello sin dejar de lado las florituras que dibuja la luz en su nave cuando logra atravesar sus minúsculas ventanas. Que son pequeñas muestras de ostentosidad, travesuras que se hicieron en una época donde la oscuridad transmitía seguridad mientras la luz nos empujaba hacia el peligro.