Los dioses de la lujuria en las diferentes religiones del mundo

La importancia de la sexualidad en la naturaleza humana, al igual que las diferentes percepciones que se tienen de la misma, son necesarias para comprender las culturas que conocemos en nuestros viajes

La Bacanal de los Andrios, por Tiziano.
La Bacanal de los Andrios, por Tiziano. FOTO: Tiziano

El asunto del amor es endiabladamente complicado. El veneno de las flechas de Cupido caduca tras unos pocos meses fuera de su funda, los olores que nos embriagan al cruzarnos con esa persona rápidamente se ven sepultados por olores nuevos y más intensos. Los dioses del amor son demasiado complejos, demasiado caprichosos, demasiado dependientes de los vaivenes de los sueños. En cambio, los dioses del sexo y la lujuria. Esos nunca fallan. La lujuria (que, por cierto, procede del vocablo romano que se utilizaba para calificar los excesos de cualquier índole, sexual o no) mantiene una constante de sudor y jadeos prácticamente inamovible. No importa que tengas catorce años y andes experimentando con los primeros tanteos del deseo, treinta, cincuenta, ochenta años mientras sorbes el vermú en la terraza con los ojillos acezantes y puestos en las chavalas que transitan, no importa que seas hombre o mujer, alto o bajo, rico o pobre, loco o cuerdo. Los dioses de la lujuria nos acompañan con una fidelidad casi enternecedora.

La historia está allí para enseñárnoslo. Y, quizá, después de haber repasado algunos de los representantes más importantes de la lujuria, aprendamos a conocernos un poquito mejor a nosotros mismos y a los impulsos que nos empujan fuera de la cama todas las mañanas.

Eros

Eros y Psique.
Eros y Psique. FOTO: Louis Jean François Lagrénée

Si hablamos de los dioses de la lujuria y del sexo, en Europa podemos considerar a Eros como el más importante de todos ellos, y nosotros hemos estirado su nombre hasta otorgarle muchísimas variantes: de él nacen el erotismo, lo erótico, la erotomanía, el erotómano... Pero la historieta que rodea a este dios griego es en extremo compleja e interesante para los estudiantes de psicología. Resulta que, como todo dios de la lujuria que se precie, Eros nació de la relación adúltera entre Afrodita (diosa de la belleza) y Ares (dios de la guerra), conformando así su genética una especie de lascivia rabiosa acompañada por la enternecedora atracción hacia la hermosura. Pero atención ahora: cuando Afrodita encargó a un Eros ya adulto que fastidiara a una tal Psique porque era muy guapa y Afrodita la envidiaba, el dios del amor y del sexo se enamoró de esta humana y se la llevó a escondidas a su palacio. Por miedo a que Afrodita descubriera su secreto, solo acudía a visitar a su amada durante la noche, a escondidas, con sigilo, y así copulaban diariamente Pisque y Eros al abrigo de la oscuridad. No fue hasta mucho después que ocurrieron mil tragedias griegas más y Eros suplicó a Zeus que convirtiese a Psique en una diosa, para disfrutar plenamente (y con la luz encendida) el uno del otro.

Pan

Pan y Siringa. El dios Pan la encontró un día cuando bajaba del monte Liceo, se enamoró de ella y empezó a perseguirla hasta que la ninfa se lanzó al río Ladón.
Pan y Siringa. El dios Pan la encontró un día cuando bajaba del monte Liceo, se enamoró de ella y empezó a perseguirla hasta que la ninfa se lanzó al río Ladón. FOTO: Pedro Pablo Rubens

En la complejidad de la cultura griega no podemos señalar a un único dios como artífice de la lujuria de los hombres. Es probable que, si la asignatura de la lujuria dependiese de un único dios, faltarían horas del día y años de inmortalidad para que la deidad pudiera hacerse cargo de todos estos asuntos. Así encontramos en la asignatura de la lujuria, junto con Eros (y Afrodita, Príapo, Eos, Potos, etc.) al dios de los pastores Pan. Habitualmente representado bajo la forma de un fauno con el pene erecto, también se considera la deidad que representa todo lo salvaje, la falta de control de los impulsos, la masturbación y la lujuria, hasta el punto de que Diógenes contaba, medio en broma medio en serio, que Pan aprendió el arte de la masturbación de su propio padre para luego enseñárselo a todos los pastores. Algo completamente natural cuando conocemos que existen cerca de diez versiones sobre quienes eran sus padres, que es el dios más bastardo del panteón griego y que su nombre significa, literalmente, “hijo de todos”. Telita. Telita porque la palabra pánico procede de este dios, al que también se le atribuía el poder de provocar la locura en los seres humanos.

Rati

La diosa Rati subida en su extraño corcel.
La diosa Rati subida en su extraño corcel. FOTO: Desconocido

Es de sobra conocido el libro Kama Sutra entre los amantes de lo erótico. A quién conozca sus tejemanejes y los haya disfrutado sin sufrir una luxación muscular, le digo que gran parte del mérito en la autoría del libro se la lleva la diosa hindú Rati. Que es la esposa, fíjate que casualidad tan estremecedora, es la esposa del dios Kama, el dios del amor hinduista que, al igual que Cupido, también tiene un arco para lanzar flechas con que enamorar a los más despistados. En las representaciones de Rati solemos encontrarnos con la diosa subida a un curiosísimo caballo creado a partir de cuerpos femeninos (ver foto para comprender lo inexplicable) o completamente desnuda y copulando con su esposo Kama mientras el dios Chhinnamasta se decapita a sí mismo y se desangra sobre ellos. Y si esto no es lujuria, que suba Asmodeo y lo vea. Aunque luego hablaremos de Asmodeo. Sin embargo, uno de los puntos a favor de Rati es su increíble belleza, capaz de aplacar al mismísimo Shiva y gracias a la cual podemos considerarla algo parecida a la niña mimada de los dioses hinduistas, que todo lo que pide lo consigue gracias a su carita angelical.

Xuan Nu

Entre las deidades chinas relacionadas con la sexualidad, quizá destaque la figura de Xuan Nu, cuyo nombre se traduce como “la dama misteriosa”. Se trata de una personalidad sumamente compleja, por lo habitual representada con la cara de una bella mujer y el cuerpo de un ave. Junto con su hermana Sunü conforma las artes taoístas del dormitorio (una especie de Kama Sutra taoísta). La figura de Xuan Nu llama la atención por los atributos que se amoldan a su faceta sexual: además de ser considerada una diosa de la guerra, gracias a la ayuda que prestó al semilegendario Emperador Amarillo durante la guerra contra uno de sus mayores rivales, también es tildada como una “maga sexual” que puede conseguir la prolongación de la vida gracias a la práctica adecuada de las artes amorosas. En Xuan Nu encontramos la guerra unida a la sexualidad, tal y como ocurrió en la historia de Eros y su padre Ares, y la sexualidad unida a la salud física, tal y como mencionan los médicos del siglo XXI. Parece esclarecedor que los chinos de la antigüedad ya comprendían la conexión entre el bienestar corporal unido a una sexualidad sana...

Freyr

Freyr y su hermana Freyja, dioses de la fertilidad, sembrando la primavera desde el cielo.
Freyr y su hermana Freyja, dioses de la fertilidad, sembrando la primavera desde el cielo. FOTO: Als

Ahora vamos a enfrentarnos a una curiosa deidad. Entendemos que, para que exista un dios de la lujuria, debe existir el concepto de lujuria como tal, y cualquier sociedad que no considere la lujuria, no podrá fabricar un dios que la represente. Este es el caso de los violentos vikingos. Debido a que su cultura estaba delimitada por una moralidad muy diferente al resto de religiones (pocas otorgan un sitio especial en el Cielo para los asesinos) y que su sociedad, aunque patriarcal, otorgaba amplios derechos y libertades a las mujeres, no existe en su ideología un dios de la lujuria propiamente dicho. Lo más próximo que encontramos es Freyr, una divinidad de la fertilidad del campo, las lluvias y el sol, la virilidad y la “fertilidad fálica” (la fertilidad masculina) así y como el sexo y el amor. Pero no encontramos en su figura connotaciones violentas como la guerra, escandalosas como la masturbación, escatológicas como las decapitaciones. Freyr se trata de una deidad relajada y prácticamente pura, casi inocente e incluso emparentada de forma tradicional con la actual monarquía sueca. En esta divinidad podemos analizar cómo la sexualidad puede ser, en algunas religiones, motivo de placer y de felicidad, de orgullo o incluso, de una forma enrevesada que solo los vikingos comprenderían con claridad, de castidad digna de un sitio en el Valhalla.

Anuket

Representación moderna de Anuket.
Representación moderna de Anuket. FOTO: Rod Wong

Nos zambullimos de lleno en las diferencias culturales. Cuando decimos que no podemos imaginar los hechos del pasado desde nuestra mentalidad, o que no podríamos comprender la mentalidad de nuestros antepasados, siempre debemos poner como ejemplo a la diosa egipcia Anuket. Era, sin duda, la diosa de la lujuria en la época de los faraones. Y sin embargo se representaba con una cabeza de gacela, grácil y delicada, incluso tierna, que son atributos prácticamente opuestos al concepto que guardamos actualmente de la lujuria. Esto se debe a que Anuket era además la diosa del Nilo y de la abundancia, la deidad a la que los egipcios rezaban para que sus cosechas fueran fértiles y que el Nilo trajese agua suficiente cada año. Para ellos, la lujuria se resumía, no solo al deseo enloquecido de los cuerpos humanos, sino también a la lujuria (mucho más poética) del Nilo inundando y penetrando los campos de cultivo. En Anuket, como en Freyr, reconocemos un nuevo concepto de lujuria mucho más refinado, casi virtuoso, menos influido por la filosofía griega y las religiones monoteístas.

Asmodeo

El arcángel Rafael enfrentándose a Asmodeo frente a Tobías y Sara.
El arcángel Rafael enfrentándose a Asmodeo frente a Tobías y Sara. FOTO: Jan Havicksz Steen

Aunque las religiones monoteístas se componen de un único dios, no podemos obviar que la función de “deidades menores” las cumplen en este caso los ángeles y los demonios, que habitualmente muestran ciertas semejanzas con los dioses de otras religiones (Lucifer con Hades, San Gabriel con Hermes...). Por tanto si buscásemos una figura en el ideario judeocristiano para señalar a la lujuria, esta sería sin duda alguna Asmodeo, uno de los siete príncipes del infierno identificados por el sacerdote jesuita Peter Binsfeld en el siglo XVI. Asmodeo hace una aparición estelar en el Libro de Tobías de la religión católica: “Sucedió aquel mismo día que Sara, hija de Ragüel, el de Ecbatana, en Media, fue injuriada por una de las criadas de su padre, 8porque había tenido siete maridos, pero el malvado demonio Asmodeo los había matado antes de consumar el matrimonio, según costumbre”. (Tb 3: 7-8). También se considera un demonio unido a la lujuria en el Talmud, donde, entre otras acciones, se le atribuye la de haber construido el templo de Salomón tras haber sido capturado por el famoso monarca hebreo. La cultura popular en el medievo también lo reconocía como el padre del mago Merlín.