Los dioses del vino según las diferentes religiones del mundo

Resulta apasionante comprobar la estrecha similitud que guardan las deidades del vino en culturas repartidas a lo largo de todo el globo

El triunfo de Baco.
El triunfo de Baco.Diego Velázquez

Cualquiera que busque conocer una cultura extraña, y quiera comprender los hilos que empujan sus mecanismos de pensamiento, deberá aprender primero la forma, el color, los gestos de las mismas manos que controlan estos hilos. Nuestra mirada sobrevuela por encima de los seres humanos, recorre con agilidad el hilo hasta posarse en estas manos superiores. Por ejemplo si quisiéramos comprender por qué la corriente cristiana del calvinismo cree en un destino prefijado por Dios, independiente a nuestros actos, haría falta sumergirse primero en los entresijos de la religión vikinga. Así aprenderíamos que las religiones protestantes toman parte de sus ideas de la fe ciega que los guerreros del norte de Europa tenían hacia el destino. Son detalles, insulsos en apariencia, que permiten al viajero comprender el innovador entorno que le rodea, apreciar más plenamente las costumbres y los tonos de voz con que se dirigen a él.

Los dioses serían, sin lugar a dudas, esa mano poderosa que maneja los hilos. Sin embargo no hace falta creer en ellos para que nos controlen, aquí radica su poder. La educación recibida en el colegio, en el hogar, las costumbres locales, todo ello se sustenta sobre un sólido sustrato de varios kilómetros de grosor, engordado a lo largo de los siglos con los sedimentos de las religiones pasadas. Y si quisiésemos comprender la perspectiva que se tiene a lo largo del mundo con respecto al alcohol y la fiesta, la fertilidad y la vida después de la muerte, solo hace falta echar un ojo a sus dioses del vino.

Dionisio

También conocido como Baco en la Roma Antigua, fue en la Grecia Clásica el dios del vino y de la fertilidad, hijo de Zeus y bisnieto por parte de madre de Afrodita, la diosa del amor. Sus poderes relacionados con la fertilidad muestran una clara proximidad entre el divertimento y el placer, el placer y la descendencia, mostrando el vino no como un líquido peligroso, sino como un componente ideal para facilitar la procreación.

Escena de la Fiesta en Honor al Dios Baco, en Baños de Valdearados
Escena de la Fiesta en Honor al Dios Baco, en Baños de Valdearados

El mito cuenta que cuando Dionisio era un recién nacido, los Titanes lo asesinaron, descuartizaron, cocieron y devoraron, dejando de él nada más que su pequeño corazón. Zeus, enfurecido por lo ocurrido, redujo a los Titanes a cenizas y, tomando el corazón intacto de su hijo difunto, consiguió resucitarlo. Continúa la leyenda afirmando que de las cenizas de los Titanes nacieron los seres humanos. El remordimiento, la culpa implícita por el asesinato de un niño, impregnó a los primeros hombres, obligándolos a reparar de alguna manera el daño que los Titanes habían provocado a Dionisio. A través de la purificación en vida, los hombres consiguen entonces liberarse tras la muerte de la jaula que es el cuerpo (nuestro componente titánico) para ser liberados como espíritus, que es nuestro componente dionisíaco. La higuera, la hiedra, el vino, el toro y la serpiente eran figuras habitualmente asociadas a Dionisio. Su festividad mayor, conocida como Leneas, consistía en una serie de suculentos banquetes públicos acompañados por comedias teatrales.

Kurent

El dios eslavo del vino muestra una serie de curiosas similitudes con las leyendas de otras religiones. Cuenta el mito que los primeros humanos de la Tierra gozaban de una vida agradable sin conocer la muerte, alimentándose del agua de siete ríos que brotaban de un huevo. Pero los humanos codiciaron más agua y rompieron el huevo para obtenerla, consiguiendo a su vez que se produjera una enorme inundación que mató a todos los seres humanos, a excepción de uno - en una clara semejanza con el Diluvio de Noé -, Kranyatz, un hombre bueno que fue rescatado por el dios del vino Kurent. Después del traumático episodio, Kurent permitió a Kranyatz gobernar la tierra, siempre y cuando cumpliera una serie de normas. Todo llegó a su triste final cuando Kranyatz se propasó y subió hasta el monte donde vivían los dioses. Allí comió y bebió del vino de Kurent hasta que los dioses le expulsaron y le arrebataron su poder.

Kurent es el segundo dios más importante de la mitología eslava y, al igual que Dionisio, está relacionado con el desenfreno y la fertilidad. Sin embargo, también se le atribuyeron poderes sobre la agricultura, procurándose un claro equilibrio entre las duras tareas del campo y la relajante época de descanso.

Osiris

El que fue uno de los dioses más importantes en Egipto explica en gran parte la creación de mitos posteriores relacionados con las divinidades del vino. De una forma parecida a Dionisio, fue asesinado por su hermano Seth y descuartizado, antes de ser devuelto a la vida por sus hermanas Isis y Neftis. Juntas recopilaron los pedazos del cuerpo de Osiris, creando así a la primera momia, y permitieron que volviera a la vida el tiempo suficiente para impregnar a Isis. Luego murió, de forma definitiva, y bajó al inframundo para ser su gobernante.

Osiris era representado con el cuerpo momificado.
Osiris era representado con el cuerpo momificado.Osiris

Osiris es el dios del inframundo, la simbología egipcia que representaba la esperanza de una vida más allá de la muerte, era el dios de la vegetación, el vino y la cerveza, la fertilidad y la agricultura, suponiendo un claro referente para la creación posterior del mito de Dionisio. Otra vez, el vino y la vida aparecen profundamente ligados entre sí. Un dato curioso es que la natividad de Osiris se celebraba el 25 de diciembre, y sus fiestas ocurrían en el periodo de tiempo que separaba el invierno (muerte) y la primavera (vida).

Shiva

La deidad hindú relacionada con el desenfreno y la muerte, está sin embargo íntimamente relacionada con la destrucción y renovación del universo, con el eterno retorno, y por supuesto también con el vino. Sorprende la inquietante semejanza que ostentan los dioses del vino, no importa cuán alejados se encontrasen sus fieles, con los conceptos de muerte y resurrección. Shiva se representa por lo general con seis, ocho, doce o veintiocho brazos, según esté bendiciendo, destruyendo, favoreciendo o esté representado de forma general.

Una curiosidad: según los textos de Plutarco, cuando Isis buscó los miembros arrancados de Osiris pudo encontrarlos todos menos uno, su pene, y no tuvo otro remedio que crearle uno nuevo utilizando su magia. Las figuras fálicas se volvieron así comunes en los ritos que adoraban al dios Egipcio del vino y de la muerte. Por otro lado, Shiva, dios del vino y de la muerte hindú, también es adorado a partir de símbolos fálicos - conocidos como linga -, que representan sus poderes sobre la regeneración y la procreación. Y su festividad se celebra entre febrero y marzo, en fechas muy parecidas a las de Osiris. Entre los símbolos que acompañan sus representaciones suele encontrarse un toro blanco que utiliza como montura, y es además conocido por su Danza de la Muerte. Según el ideario hindú, si el dios Shiva llegase a ejecutar esta danza por completo, podría poner fin a toda la creación.

Estatua de Shiva.
Estatua de Shiva.sarangibpixabay

Otras religiones

A falta de vino, bueno es sake. Al menos así deben de pensar en Japón, donde consideran a Inari como la diosa del arroz, del sake y, por supuesto, de la agricultura y la fertilidad.

Mayáhuel fue, según la mitología mexica, diosa del maguey y la embriaguez, también de la fertilidad y la vida vegetal. Al igual que ocurrió con Dionisio y Osiris, murió violentamente descuartizada, y no fue hasta después de su muerte cuando se convirtió en diosa.

Byggvir fue una deidad menor en la mitología vikinga, relacionada con la cerveza y la embriaguez. Por lo habitual era adorado junto con Freyr y Freyja, los dioses de la fertilidad.

Sucellos fue el dios celta de la agricultura, los bosques, la medicina y las bebidas alcohólicas.

Si añadimos a los dioses anteriores la simbología evidente entre Jesucristo y el vino a través de la comunión, teniendo en cuenta que según la mitología griega y romana el valioso líquido procedía de la sangre de Dionisio y Baco, nos encontramos ante un cúmulo de coincidencias relacionadas entre el vino, la vida después de la muerte, la fertilidad y la naturaleza. Comenzamos el artículo señalando que conociendo a los dioses de otras culturas podríamos conocer mejor sus costumbres extrañas. Es bonito descubrir que, en realidad, existen diferencias ínfimas entre los diferentes dioses del vino, nada más que pequeños detalles. Demostrando así que, queramos o no, sin importar cuántos kilómetros y leyendas nos separen, los hombres tenemos en común mucho más de lo que en ocasiones llegamos a pensar. Quizá por esta razón no haya mejor forma de amistarse con los extraños que sujetando una copa de vino.